El avión genial, dando la paliza a todos los que nos acompañaban. ¿Cómo se puede hablar tanto rato seguido? No lo sé, pero lo hicimos.
Y llegamos a una ciudad mágica, donde el tiempo pasa de una forma rara (o directamente no pasa) y donde nos sentimos ruines al ver que hasta los ciegos picaban el billete de metro y nosotros nos colábamos. Pero, jo, es que no tienen torniquetes, es el paraíso de los que somos como nosotros, ruines.
El diluvio universal nos hace refugiarnos en la Pensao (así, con acento portugués) ya por la tarde y tras varias pelis en versión original (cómo mola, tío) salimos de nuevo a perdernos una y mil veces y a hacer tiempo porque hemos preguntado a la recepcionista cuándo podríamos volver, nos ha dicho a eso de la una o las dos y no nos parece respetable regresar antes de las ocho. (qué tristes somos!!)
Así que, para hacer el turi un rato, nos pillamos una pizza Portuguesa en Portugal. No se puede ser más guiri, lo sabemos, pero allá que compartimos una pizza mediana (que aquí llaman "familiar", cuestión de morro publicitario) y un refresco.
Y no llegan a dar las diez de la noche y ya volvíamos. ("Estaba por aquí, pero esto no me suena, claro, como que nos la acabamos de pasar!!")
Y llega la noche. Y parece que pasa (la noche, digo), por eso nos despertamos pensando que ya serán las once de la mañana porque hemos descansado un montón y miramos el reloj para comprobar que son... las cuatro de la madrugada.
Y nos vuelve a pasar un rato después (que nos parecen días enteros), se despiertan MJ y Laura, les pregunto qué hora es, me dicen que las ocho, les digo que no puede ser, me dicen que sí, les digo que llevo en la cama siglos, ellas me dicen que ellas también y es cuando MJ se da cuenta. No son las ocho de la mañana, SON LAS SIETE porque en Portugal es una hora menos.
Y yo no puedo estar más en la cama, me entra la risa y me tengo que ir al baño.
Vuelvo, me duermo otra vez. Me despierto y ahora sí que sí que tiene que ser la una del mediodía y MJ otra vez, "No, son las ocho y cuarto". NO PUEDE SER!!!! Y decidimos venir a vivir a Oporto en época de exámenes porque está clarísimo que nos cundiría mucho más el tiempo.
Como no se puede explicar una ciudad como Oporto en un diario, sólo se puede vivir, les terminaré contando que lo mejor de la ciudad, no son las casas viejunas, ni el puente, ni que esté a un centímetro de la nada porque si te asomas un poco más de la cuenta te caes de la península Ibérica, no. Lo mejor de la ciudad son LOS CROISSANES!!!! a 30 céntimos la unidad, adivinen qué comimos, desayunamos y cenamos...
Continuará...
Nos leemos en el siguiente, Elliot.
'Yes, yes, yes, of course, of course, of course...'