03 mayo 2008

TENGO UN JERSEY AMARILLO...

Día casero, es decir, poner la lavadora, limpiar un poco la habitación, pensar qué comeremos la semana que viene, etc. Todas esas cosas que siempre hago en domingo porque no sé si tengo más tiempo o simplemente lo voy dejando pasar hasta que ya no se puede más.

En fin, que termina la lavadora y cojo la papelera para sacar la ropa y llevarla al tendedero.

Hasta ahí, todo de lo más rutinario. Un pantalón, una camiseta, otra camiseta, la parte de arriba de mi pijama amarillo, una toalla, otra camiseta, otro pantalón, la parte de arriba de mi pijama amarillo, calcetines y ya no saco más cosas porque no me caben en la papelera.

Mientras recorro los cinco metros que separan la lavadora del tendedero tengo la sensación de que algo que ha ocurrido en los últimos tres minutos está mal, pero no sé qué es. Así que sigo mi camino.

Abro el tendedero y comienzo a colgar la ropa. Camisetas en una parte, pantalones en el medio, toallas en los laterales, partes del pijama en la parte opuesta a las camisetas...

REWIND: ¿Partes del pijama? ¿Desde cuándo tengo yo dos partes de arriba del pijama amarillo?

Miro una: si, no hay duda, camiseta de manga larga amarilla con el cuello en pico. Entonces, ¿la otra cosa qué es?

Oh, oh, esto no tiene pinta de ser la parte de arriba del pijama amarillo, sino... un jersey amarillo.

¿Y qué?, se preguntarán. Pues no pasaría nada siempre y cuando YO tuviera un jersey amarillo, pero resulta que NO lo tengo. Lo único que tengo (o tenía) es un jersey BLANCO.

Saco el resto de la ropa por si lo he traspapelado o he metido algo de mi compañera de piso. Pero algo me da que ha habido un pequeño inconveniente... Y la razón me la da una bufanda naranja que saco hecha un higo.

Oh, my god! ¿En serio destiñen las bufandas? Pues eso parece, sí.

Termino de tender la ropa y, mirando melancólicamente a mi tristemente desaparecido jersey blanco me digo: Bueno, podría haber sido peor, habré perdido un jersey blanco, pero he ganado uno amarillo.

... QUE ES LO QUE SE LLEVA AHORA.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

15 abril 2008

QUÉ AMABLES

Ayer, en mi periplo para lograr hacer ciento y un recados en una sola tarde, me topé con varias personas muy amables.
En la biblioteca que no era biblioteca, en el quiosco de chucherías (sólo fui a preguntar, lo prometo, ejem), en la estación de tren, en la piscina...

Fue una tarde realmente agradable. Maravilloso encontrarse a tanta gente que te soluciona cosas con una sonrisa en la cara.
Tanta fue la energía positiva que me transmitieron que, en el último autobús que cogí ayer por la tarde (tras una hora des-esperando) se me contagió esa alegría amabilística y cedí el asiento en un par de ocasiones.
Pero la última...

Subió la señora, no había asientos libres e hicé un ademán de levantarme porque vi que estaba embarazada. Pero la volví a mirar y me entró la duda:
¿está realmente embarazada o sólo está rellenita?

Lo siento, no quise que me ocurriera lo mismo que la otra vez (véase: Por ser educado) así que bajé la mirada hasta el subsuelo y más allá (creo que vi hasta australianos) y me quedé en mi asiento...

Me sentí culpable un ratillo y cuando llegó mi parada me bajé corriendo...

Soy amable, de verdad, pero es que es tan fina la línea entre la amabilidad y la tontería...

Embarazo o sobre peso, this is the question.

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

13 abril 2008

ASIENTOS ASESINOS

Camino de clase en autobús. Podría ir andando, pero llueve y no llevo paraguas desde hace años (así me va).

Para entender esta historia hay que anotar que ese autobús tiene los asientos de plástico, como todos, dirán, pero no, algunos tiene una especie de almohadilla para el culo. Este no, en este vas directamente sentado en plástico. Y puede parecer una tontería, pero es vital que lo sepan para lo que viene a continuación.

Estoy tranquilamente leyendo un libro cuando sube una Señora no muy mayor de estatura pero sí de circunferencia. Principalmente, de cintura para abajo.
Se va a sentar en un asiento que va contrario a la marcha y que tiene enfrente otros dos asientos, ambos ocupados en esos momentos.

La Señora, despacio para no caerse, deja una bolsa en el suelo y levanta una pierna. Coge la bolsa y levanta la otra pierna para dejar la bolsa entre ambas piernas. Y ese preciso instante en que su espléndido (y extendido) Señor Culo toca la superficie del asiento, es el que elige el autobusero para frenar.

Al ser el asiento de plástico, (clave del asunto) Culo de Señora, y detrás Señora, se resbalan hacia delante. Y como lleva la bolsa agarrada con las dos manos, no puede hacer otra cosa que dejar paso a la inercia y acabar con la bolsa, las piernas, la cara, el Señor Culo y el resto del cuerpo, empotrado contra las dos señoras que, tranquilamente, viajaban en los asientos de enfrente. Convirtiéndose las tres señoras, la bolsa y el Señor Culo en un amasijo de "Ays", "Cuidados", "Perdones" y demás carne con el que nos deleitan al resto de pasajeros que, por obvias razones volumétricas, no podemos apartar la mirada.

Y puede que me haya vuelto malo, o simplemente soy menos cínico y falso que el resto del mundo (por lo menos el que viaja en ese autobús en ese momento), pero yo no consigo reprimir una carcajada.

Las señoras implicadas en el asunto tratan de recuperar su estatus original (y su dignidad, en parte) y yo continúo riéndome. Lo siento, pero no lo puedo evitar. Hasta que sus caras me miran y se me corta la risa de raíz.

Menos mal que llega mi parada. Cuando estoy bajando las escaleras, veo cómo otros pasajeros siguen mirando a las Tres Señoras tratando por todos los medios de no soltar la gran carcajada. La sonrisilla les delata. Pero no saben lo que han perdido al no reirse a gusto en el momento.

Yo, aún tengo la carcajada en la boca cada vez que me acuerdo del cuadro.

Con huelga y todo: VIVA EL TRANSPORTE PÚBLICO!!!

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

10 abril 2008

El contenedor más lejano del mundo

Aún no nos conocemos el barrio nuevo. Y aunque empezamos a saber dónde están las tiendas y dónde los autobuses, todavía no hemos localizado ciertas cosas como, por ejemplo, los contenedores amarillos.

Así que, salgo de casa, rumbo al trabajo, con una bolsa llena de desperdicios de plásticos para reciclar.

Malo será, pienso, que de aquí al tren que tengo que coger, no me tope con ninguno, la calle es muy larga.

Diez minutos más tarde de ese pensamiento me veo sentado en el tren con una bolsa de plástico pegada a mi mano.

Bueno, malo será que donde tengo que coger el autobús no me encuentre con un contenedor amarillo...

Y aquí nos vemos de nuevo, en un asiento de autobús, con una bolsa de plástico llena de ídems, en mi mano derecha.

Estoy a escasos metros de la entrada del trabajo y pienso, no creo que dé muy buena impresión si entro a la oficina con la bolsa de plástico de plásticos en la mano. Pero, oh!, sorpresa, a un par de metros veo un contenedor de vidrio, junto a uno de papel, JUNTO A UNO DE PLÁSTICOS.
Buf, menos mal, pienso ya en mi silla del trabajo, aún volvería al punto de partida con la bolsa de plásticos en la mano...


Nos leemos en el siguiente,


Elliot.

03 abril 2008

MUDADO

Esta noche, a las once aproximadamente, Laura y yo seremos nuevos inquilinos de una casa que tiene muchas posibilidades de ser lo mejor.

Después de dos días de angustiosa decisión y cinco de penosa mudanza, por fin, cuando salga de trabajar y llegue a casa, me encontraré con mis nuevos compis, mi nuevo cuarto, mi nuevo edificio, mi nueva calle y la Laura de siempre, que no todo van a ser cambios...

Reconocemos que nos da miedo el cambio, pero estos casi dos años en el ya ex-piso nos ha servido para madurar (más o menos). Aunque haremos caso de Laura y su frase: "Todo cambio es siempre a mejor". Estoy con ella.

Gracias a todos por el apoyo, por la recomendación, por las energías y por todo el cariño que hemos recibido siempre.

Decimos adiós a una etapa y hola a una nueva que tiene muy buena pinta.




Disculpen que no haya actualizado nada desde hace semanas, pero la mudanza requiere un diario entero aparte...

Nos seguiremos leyendo, por supuesto, pero contestaré y seguiré apuntando notas en este diario, desde un sitio nuevo, mejor, más grande, más habitable, más agradable, más céntrico y con ascensor!!!!!

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.
PS: Mañana Laura se gradúa. Ella no lo quería decir, pero ahora que no me ve, jeje.

21 marzo 2008

Otra de cines... sin ver la película

Es martes, día del espectador abuelil.
Son las diez de la noche y estoy sentado en el autobús que me lleva del trabajo a casa.
En una de las paradas se suben un grupo de boy-scouts seniles que vienen del cine.
Ocupan los sitios que tengo a mi alrededor y empiezan a hablar.
No me importaría su conversación si no fuera porque comentan la película que acaban de ver. Curiosamente, es una película que tengo muchísimas ganas de ver, tantas que no sé si voy a poder esperar más.
Bien. A los abuelillos les ha encantado la película. Me parece estupendo, todavía me están generando más ganas de verla.
Pero la conversación no termina ahí. No. La charla continúa por otros detalles de la peli que NO me apetece saber porque todavía NO la he visto.
Trato de cerrar mis oídos y mi mente y abstraerme de mi alrededor, pero si ya es difícil cuando, por ejemplo, tengo que estudiar, cuando tienes a unas seis personas hablando cada cual más alto que el anterior (estamos en un sitio público en España, señores) y cada uno dando su opinión a menos de un metro de distancia de tus orejas, abstraerse es altamente complicado, por no decir imposible.

Miro hacia la calle. Buff, queda un montón todavía para mi parada.
Estoy bastante cansado, pero parece que la gente no tiene la mínima intención de callarse a pesar de mis miradas asesinas. No sé si decirles que yo todavía NO la he visto y que me gustaría verla sin saber TODOS los detalles (incluido el vestuario y el maquillaje)
Así que, a pesar de lo que me pesan las piernas, me levanto de mi asiento y me voy al fondo del bus, esperando que las chillonas voces de sonotoneros no llegue hasta allí.

Y parece que no llega, para mi descanso.

El grupo de gente en el que me infiltrado es mucho más joven, pero sigue siendo igual de ruidoso que sus congéneres mayores.
Por lo menos no hablan de películas.
Hasta el instante en que uno de los muchachos exclama: "¡Qué pasada de película! Me ha encantado." Y otro responde: "Sí, sobre todo la parte esa en la que empieza a cantar mientras le sale un chorro de sangre"

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, están hablando de la misma película que los abuelillos. Esa que parece saberse todo el mundo de memoria menos yo que todavía NO la he visto.

Menos mal que ya hemos llegado a la parada. Bajo las escaleras de un salto y corro hacia el metro.

No sé si me quedan ganas de ver la película, total, ya me sé hasta el más mínimo detalle...

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

17 marzo 2008

FIN DE SEMANA DE RELAX?

Intento que mis fines de semana sin trabajar sean relajados, tranquilos y reconstituyentes.

Y sobre todo este antes de las vacaciones porque yo no tengo vacaciones y me temo que serán cuatro días entre estresantes y desesperantes.


Y con relax empezó el sábado por la mañana, pero a las dos de la tarde, todo el remanso de paz que debería tener el fin de semana, se acabó.


Laura y yo descubrimos el tenis virtual. (y el boxeo y el béisbol y las carreras de vacas y el golf y el billar y el ping pong...)


Nosotros sí hemos descubierto un mundo nuevo y no el Colón ese que tropezó con un trozo de tierra.

A los dos minutos de empezar a jugar, ya estaba sudando, y eso que la pista de tenis era medio metro cuadrado y rodeado de la tensión de golpear a tu rival o la lámpara...
En resumen les diré que ha sido... geeeeniaaaaal (Germán).


La página de hoy no puede ser muy larga porque después de dos días llenos de risas, partidos, piques, patatas adictivas, casas de colores, fotos absurdas y mucho, mucho tenis... TENGO UNAS AGUJETAS QUE NO PUEDO NI ESCRIBIR.

Y no digamos sacarnos la camiseta, levantar la mochila o rascarnos la espalda. IMPOSIBLE.



Pero eso sí, ya decía Laura que el tenis tenía algo de adicción porque quiero repetir ya, y es que... Ángel, ESA BOLA NO HABÍA ENTRADO!!!!



Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

07 marzo 2008

¡ESCALOFRIANTE!

Me voy al cine con Laura.

Entamos a ver una de tiros, sangre, muerte y violencia para calmar un poco los ánimos de los respectivos trabajos y de los exámenes.

Comienza el show y pronto nos damos cuenta que es una película pausada (que no lenta) y con pocos diálogos (pero brillantes)
Todo parece en calma en la película cuando de repente ZAS (y no digo más)

Tampoco hay banda sonora apenas, o eso pensábamos nosotros...

A los cinco minutos de comenzar la película ya nos habían metido el miedo y la angustia en el cuerpo. Tan concentrados estábamos que tardamos un rato en escuchar la casi imperceptible, pero escalofriante banda sonora que nos envolvía: GGGGGGG

Un disparo, tres segundos de silencio y... GGGGGGG. Apenas audible si en la película había diálogos o ruidos, pero inquietante y constante en sus silencios (recalcar aquí que NO HAY MUCHOS DIÁLOGOS)

Suena un teléfono atronador en la película. Tres segundos de silencio y de nuevo... GGGGGGG.

Y si no "pasaba nada" en la película, el inquietante fondo era continuo y desesperantemente exacto: tres segundos - GGGGGGG - tres segundos - GGGGGGG - tres segundos - GGGGGGG

Vale que hayamos ido en el peor día de la semana, cuando el cine para los abuelillos vale 1 euro y vale que el cine es confortablemente cómodo para disfrutar, relajarse, descansar, se está calentito, está oscuro... Pero, señores, el resto de los mortales pagamos 5 euros (y eso con carné joven) para ver una película, para dormir nada mejor que su cama!

¿No cinema for old men?


Y a ver quién puede más...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

03 marzo 2008

INDECISIONES...

Salgo de trabajar. Viernes por la noche.

Para llegar a casa tengo dos opciones: metro o autobús.
La ventaja del metro es que pasa cada diez minutos.
La desventaja: que doy una vuelta de mil demonios para llegar a mi casa y la parada está lejos.
La ventaja del autobús es que me deja muy cerca del metro que tengo que coger para llegar a casa.
La desventaja: que pasa cada media hora!

Son las diez de la noche.
Creo que pasa un autobús en cinco minutos, así que me voy a la parada.
Hace frío y me estoy congelando un poco. Pasan cinco minutos y el autobús no viene. Pasan dos minutos más y sigue sin venir.
Me decido, me estoy congelando y seguro que tarda menos en llegar el metro.

Me dirijo a la parada del metro, a unos quinientos metros de la parada del autobús. Es decir, un trayecto bastante majete.

Cuando estoy a mitad de camino de la parada del metro, veo cómo pasa el metro que tengo que coger por delante de mis narices (si mis narices midieran 200 metros, claro).
Nooooooo, tengo que esperar entre diez y quince minutos.

Pero pienso, vale, en lo que llega el metro, vuelvo a la parada del bus que seguro llega.

No me da tiempo a girarme del todo cuando oigo que frena un coche grande. Me giro del todo y ahí está, el autobús, a doscientos metros y arrancando.

Doble NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Ya no sé qué hacer, se me ha ido el bus y el metro. Tengo que volver a esperar tanto uno como otro y lo peor... que me vuelve a saltar la duda:
¿Espero el metro o espero el autobús?

Son las diez y media. Hoy no salgo de este sitio...

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

03 febrero 2008

EXCALIBUUUUUR

Salgo de casa de los tíos de Laura que me han invitado a comer.

Llueve y por primera vez en mucho tiempo, llevo paraguas.

Llego al metro y cierro el paraguas.

Me dirijo al andén correspondiente.

Me dejo llevar por las escaleras mecánicas mientras juego a meter la punta metálica del paraguas en las rendijas de las escaleras.

Ya voy a llegar a arriba así que dejo de hacer el idiota y saco el paraguas.

Pero no puedo.

La punta del paraguas se ha encajado en una de las rendijas y no puedo sacarlo.

En serio, esto no es una broma y quedan tres escaleras para llegar.

Quedan dos y lo intento otra vez desesperadamente.

Nada.

Y queda una.

El último esfuerzo y... NADA!!

Las escaleras terminan y el paraguas sigue encajado.

Tres centímetros, dos, uno.

CRACK!

Las escaleras no se han parado, como yo pensaba que harían, sino que la punta del paraguas ha cedido ante la presión y se ha quedado la mitad en la escalera.

Llego a casa y escondo el paraguas en el paragüero.

No le digo nada a Laura, por si acaso. Igual no se da cuenta.

Menos mal que el paraguas es del casero.

Si ya sabía yo porqué nunca llevo paraguas...



Nos leemos en el siguiente,

Elliot.