23 marzo 2007

2 relatos, 10 currículums... y 1 IDIOTA (2ª Parte)

Nada, allí no estaban. Mientras los macarrones se enfriaban en el salón, mi cabeza intentaba averiguar dónde los podía haber olvidado: ¿la tienda de las fotocopias? No, recuerdo haber cerrado la mochila con ellos dentro antes de salir de la tienda. ¿La biblioteca? No recuerdo haberlos sacado de la mochila, así que lo descarto.

Y entonces caigo (que no “me caigo”, que es distinto): CORREOS!!!!

Para que nos e me arrugaran metí los currículums en el sobre donde estaba el relato que YA HE FRANQUEADO EN CORREOS. No puede ser. Pero lo es, fíjate qué fastidio.

No me lo pienso dos veces y salgo, con los macarrones diciéndome adiós desde el plato, corriendo a la calle en busca del sobre, suplicando que Correos continúe siendo la empresa que peor funciona cuando se trata de mí.

La media hora que me ha costado llegar la primera vez por la mañana se convierten en diez minutos esta segunda vez.

Con los pulmones todavía en el portal, llego a Correos y me dirijo a la misma ventanilla. No está el tipo que me ha atendido, así que le tengo que preguntar a una señora. “Oiga, arf, arf (me quito el sudor de la frente) ¿ya se han llevado las cartas, arf, arf, (más sudor) que se han entrgado hace... 1 hora?”

La mujer revisa la mesa y sentencia:

“Uy, sí, ahora mismo se los han llevado, porque llegan a las tres y media y son y treinta y cinco...”

Si fuera un personaje de Amèlie, en estos momentos me descompondría en trocitos que caerían al suelo en forma de lágrima, pero no lo soy, así que sólo sonrío como un idiota y me voy arrastrando los pies... Para una vez que funciona bien Correos y tiene que ser, ¿precisamente ahora?

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: No sé si han participado en algún concurso de relatos, pero siempre, en las bases de cualquier concurso destacan que envíes los relatos y en el mismo sobre otro más pequeño con tus datos personales. Por eso de no saber quién lo escribe hasta que se sepa el ganador. Pues bien, cuando el jurado abra mi sobre, no sólo se va a encontrar los dos relatos y el sobre más pequeño perfectamente cerrado, sino con: mis datos personales, mis datos académicos, mis datos laborales, mis datos extra escolares, mis datos de interés y una foto. Y todo eso, MULTIPLICADO POR 10!!!

2 relatos, 10 currículums... y 1 IDIOTA (1ª parte)

Me encanta tener cosas que hacer. Porque me gusta mucho apuntarlas en mi libretita mágica o en una agenda que acabo de hacerme. Me gusta tanto porque lo que realmente me encanta es tachar las cosas que ya he hecho. A veces, llámenme raro (que lo soy), soy capaz de apuntar cosas una vez realizadas sólo por el placer que me produce el tacharlas. Así que este día empezaba con muy buen pie, tenía 3 cosas que hacer en 3 sitios diferentes, y estaba encantado.

Lo primero que debía hacer era imprimir unos currículms, así que preparé el “pen drive” para que el fotocopiero no tuviera problemas en encontrarlo o se confundiera de documento. Es un poco peculiar, el fotocopiero de mi barrio, porque nunca te saluda y te habla un poco gritando, pero es barato y está debajo de mi casa, así que es perfecto. De hecho, me encanta hacer todo lo contrario que hace él, yo le hablo muy bajito y le saludo siempre, aunque no tenga nada que fotocopiar, jeje.

Así que me bajé a la tienda, le di el “pen drive” y me imprimió las hojas. Las guardé, pagué y me fui, no sin antes desearle que tuviera un día estupendo (literal, me encanta ser tan cursi con gente que no lo es).

Qué buen día hacía, yo estaba radiante, parecía que el mundo estaba sonriéndome, así que me dirigí a mi segunda estación: la biblioteca pública. No es la del barrio, por lo que me tengo que dar un paseo de una media hora para llegar, pero es más grande, tiene muchas más películas y hacía tan buen día que no me importaba el paseo.

Con mis gafas de sol y con una sonrisa radiante en la cara crucé todo mi barrio y parte del otro hasta llegar a mi destino, Biblioteca José Hierro.

Es estupenda porque tiene muchas plantas y los ascensores son de cristal, por lo que puedes ver el edificio por dentro y a las personas cada vez más pequeñas. Cero que en alguna ocasión he sentido vértigo, pero entra dentro de su encanto.

Fui directamente a la planta 6, que es donde están las películas, ya que Laura quería ver “Fraude” de Orson Welles. La cogí y como había ordenadores libres, pedí sitio para Internet. Quería ver qué tal estaban todos mis amigos y no tenía otra cosa que hacer. Bueno, sí, una más, pero tenía tiempo suficiente.

Así que me pasé una hora, que es lo que te dejan en esta biblioteca (en la del barrio sólo 45 minutos) mirando mi correo, respondiendo y enviando mensajes, actualizando el diario, mirando pisos de alquiler, mirando becas, cursos y viajes al extranjero, películas de estreno, las bases de un concurso de relatos al que quería apuntarme y un millón de cosas más. Reconozcámoslo, una vez que has mirado el correo y tres o cuatro tonterías más, el resto del tiempo lo inviertes en chuminadas. O eso o tienes un millón de amigos y TODOS te escriben diariamente. Y no es mi caso.

Cuando quedaban tres segundos para que el ordenador se autodestruyera; es decir, para que se cerrara la sesión, me fui de la biblioteca y me dirigí a mi tercera y última etapa de la mañana: una oficina de Correos. Y como ya tengo dos controladas que no cierran al mediodía, pues todo fue sencillísimo. Entré en la oficina, cerré el sobre que contenía el relato para un concurso y lo entregué en la ventanilla. “1’92”, me dijo el señor de la ventanilla. “Vaya, pensaba que sería menos”, pensé, pero pagué el sello y me fui a casa más contento que un regaliz.

Ya era la hora de la comida cuando llegué a mi casa, así que comencé a preparar la pasta que me tocaba ese día y mientras recogí las cosas de la mochila. Por la tarde la tendría que utilizar otra vez y quería vaciarla para que no pesara mucho.

Entre unas cosas y otras, los macarrones ya estaban listos, así que puse la mesa y empecé a comer y de pronto... ¿Y los currículums?”, me pregunté.

Cuando saqué las cosas de la mochila no los vi y los necesitaba para mandar las cartas que ya tenía escritas. Me levanté del sofá y me puse a buscarlos en mi habitación.

CONTINUARÁ...

17 marzo 2007

Madre Mía (Mamma Mía spanish version)

O: ¿qué narices estoy haciendo aquí? 2ª parte...
Es jueves. Mi día comienza muy temprano y termina muy tarde y con un montón de cosas en medio...
He ido a la facultad para hablar con un profesor sobre un trabajo que tengo que hacer y que me ha invitado a un vaso de leche.
Después de la reunión (donde no se me ha caído la leche de milagro) voy camino de casa de mis ex compañeras de piso con quienes había quedado para comer (una estupenda pizza en unos espectaculares platos triangulares) , y una amiga de Barcelona me llama por teléfono. Vamos a quedar esa misma tarde porque hace un montón de tiempo que no nos vemos y ha venido a la ciudad, claro.

Tras la pizza, me voy a la biblioteca, pero enseguida me vuelve a llamar Susana (mi amiga de barcelona) para decirme que me pase por el hotel donde ella se aloja cuando quiera. (¿Quieres algo, preciosa?, jeje)


Así que allá que me voy. Pero algo extraño ocurre en el camino, porque no sé cómo ni por qué, pero poco tiempo después me veo sentado en una mesa en el hall de un hotel con una entrada para ver el espectáculo de Mamma Mía esa misma tarde.
A las ocho de la tarde mi amiga Susana me presenta a una madre y a una tía que me invitan a tomar algo en la cafetería del hotel. Sentados en esa mesa me miro en uno de los espejos que cubren las paredes y no me reconozco. Pienso por qué narices estoy allí, yo iba a charlar tranquilamente con mi amiga un rato y a irme a casa, pero no, ahí estaba yo, en un hotel, en una silla que me daba vértigo y con una entrada para Mamma Mía en las manos.

A las 20:25 nos levantamos (despaaaaacio, qué duro es ser mayor, jaja) y vamos hacia el teatro (cruzar la calle, no más).
Les resumiré el espectáculo en dos palabras: MAMMA MÍA!
Me gustó muchísimo y se lo recomiendo, de veras, aunque yo ahora no les podría acompañar y verlo de nuevo por falta de presupuesto, jeje. (Susana, te lo devolveré, lo prometo)

Y ahí parecía que se iba a terminar un día perfecto en el que no había parado ni un segundo. Pero... se trata de mí, así que, por supuesto, la historia continúa...


11 de la noche (aprox)
La madre y la tía me invitan a cenar con ellas, yo digo que no, pero como ya me había pasado antes por la tarde, cuando volví a abrir los ojos estaba sentado en una silla junto a 8 personas más, de las cuales sólo conocía bien a una y a otras dos había conocido sólo unas horas antes. El resto ni papa. Ah! bueno y un detallito, una de las personas a las que no conocía era NINA, sí, la de Operación triunfo y la coprotagonista del espectáculo. Digamos que mis pensamiento durante toda la cena fue... ¿Cómo lo hago? Creo, Elliot, que tienes un serio problema para meterte en situaciones extrañas cada vez que sales de casa...


Pero allí estaba, comiendo un pollo al limón, que no era otra cosa que un filete de pollo (sigo sin saber si al pollo lo aplastaron para sacar semejante filete o es que el pollo era talla XXL) con una rodaja de limón, con 7 desconocidos y mi salvadora, Susana, que me evitó pasar más vergüenza de la justamente necesaria.


A la una y cuarto y con eso de que el metro se cerraba, y tras un autógrafo, besos, adioses y varios "Ten cuidado, no te pares a hablar con nadie", pude escabullirme de la cena, un poco antes de la cuenta (de la cuenta de pagar, no de la cuenta que se dice en la frase "Llegamos antes de la cuenta porque los pillamos..."). Mis dudas eran evidentes, no conocía a nadie, pero supongo que en el restaurante nadie hace el primo como yo y trabaja gratis, ¿no? aunque teniendo en cuenta que llevaba tres euros y doce céntimos en el bolsillo, no creo que me hubiera llegado ni para la rodaja de limón.

Pero fue una tarde y un día entero estupendos. Me alegré un montón de ver a mis ex compis, a mi amiga y vi un espectáculo genial. Y encima me fui cenado a casa!!!!!!!!!!!

Bueno, y una foto para inmortalizar el momento, jeje.


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Pronto, muy pronto "Dos relatos, diez currículums...Un idiota."

27 febrero 2007

Dos de autobús

Esto de viajar en autobús es una mina en cuanto a anécdotas.
Aquí van las dos últimas de mi último viaje.
La realidad siempre supera la ficción.
Breves, pero sin desperdicio.

"No me chilles que no te veo"

Llego a las estación quince minutos antes de la hora. Como ya me ha pasado alguna que otra vez (Véase: Tú a Londres y yo a...) me aseguro que ese es el autobús que debo coger. El autobusero no está, así que le pregunto a una señora:

Elliot:

- Oiga, ¿este es el autobús de las 17:45 para Madrid?

Señora:

- No, este es el de las seis menos cuarto.

"Atrapado por su pasado"

Es la hora, ya me he sentado y ya estoy escuchando mi querida emisora, la que sólo tiene dos discos. El autobús arranca y sale de la estación. Alguien grita de repente:

Alguien:

- Oiga, pare.

Nadie contesta. De nuevo:

Alguien:

- OIGA, PARE!.

Y todo el autobús:

- OIGA, PARE. OIGA, PARE. OIGA, PARE.

Hasta que el autobusero para, y dice:

- ¿Qué ocurre? ¿Falta alguien?

Alguien:

- No, yo sobro, que sólo he subido para despedirme de mi nieta y ahora casi me voy con ella...

Y alguien se baja.


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Próximamente: "Dos relatos, 10 currículum... 1 IDIOTA".
No se la pierdan!!!


17 febrero 2007

Qué vergüenza ajena

En serio, hago el ridículo como el que más, ya lo saben, pero es sin querer. Pero cuando casi te lo obligan a hacer...
Resulta que ir a pasear con Laura te crea esa sensación de que en cualquier momento vas a ser la diana de todas las miradas de toooooodas las personas que pasean a tu alrededor. Y claro, uno tiene un límite...

Vamos de paseo desde nuestra casa hasta el centro de la ciudad. Todo transcurre tranquilamente y como llegados a nuestro objetivo (la tienda de kikos, claro) todavía era pronto para volver, decidimos alargar el paseo hasta el parque del Retiro.

Cuando vamos a llegar al Congreso, Laura se cruza de acera. Y yo detrás, no es que sea un perrillo faldero, pero sería absurdo continuar la conversación que manteníamos uno en cada acera, a pleno pulmón y a voz en Grito (aunque estamos en Madrid...)
Así que vamos a la acera opuesta al Congreso, pero no contenta con eso veo cómo se pone a mi derecha y se tapa los ojos con la mano izquierda, me coge del hombro y me dice que la guíe.
No entiendo nada, pero siempre me han dicho que a los locos hay que seguirles la corriente, por si acaso. Así que le hago caso y seguimos calle abajo.

Después de unos momentillos se recupera y vuelve a ser normal (dentro de lo que cabe, que es Laura), pero, al cabo de unos metros más, se paraliza. Y yo sigo hablando con la pared...
Cuando me doy cuenta, Laura está blanca como el papel y con cara de susto (la normal, vaya)
Me empiezo a asustar hasta que llegamos, poco a poco, al centro de sus terrores: Las Meninas asomadas a los balcones en el Paseo del Prado.
Veo cómo Laura se tapa los ojos, se pega al escaparate y agacha la cabeza como un avestruz. En esas condiciones qué puede pasar, pues lo que pasó, que se pegó un tortazo tremendo contra un hombre que venía en dirección contraria.


No sé si volver a salir a pasear con Laura, si mi vergüenza tiene un límite, imagínense la ajena, que encima no es mía...

Bueno, os lo voy a contar. La razón de este comportamiento tan extraño es que...
¡¡¡¡¡¡A LAURA LE DAN MIEDO LAS ESTATUAS!!!!!!


Si es que sigo vivo mañana...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Próximamente: "Dos relatos, 10 currículum... 1 IDIOTA"

09 febrero 2007

Tres meses

Tres meses, ese es el tiempo en que he estado criando a dos pilas alcalinas Energizer en el escritorio de mi habitación.

Es curioso lo que ocurre cuando tienes que ir a tirar pilas al contenedor. En mi caso pasó que al principio no sabía dónde había uno de esos contenedores y, claro, no vas a llevarlas en el bolsillo por si ves uno de esos cuando sales a comprar.

Pero es que lo mío es demasiado. Cada vez que iba a comprar me preguntaba si en el supermercado había una caja para dejar las pilas. Pero en el momento en que ponía un pie en el establecimiento, se me olvidaba. Así que llegaba a casa con las bolsas de la compra, veía las pilas encima del escritorio y pensaba, “tengo que comprobar si en el supermercado hay algo para dejarlas”.

Intenté fijarme un día cuando iba despreocupadamente por la calle, como siempre. Pero me pasa igual que con los buzones, puedes ver cientos cuando no los necesitas y preguntarte dónde está correos más cercano cuando llevas con una carta en la mano durante una hora.
Otro de esos misterios callejeros son, sin duda, las cabinas telefónicas. Ya sé que ahora todo el mundo lleva móvil, pero cuando no tienes saldo o cuando vas a llamar a un fijo, yo prefiero gastar cincuenta céntimos y hablar más rato. Pero ahí está otra vez la maldición. ¿Necesitas una cabina? Pues ya puedes dar tres vueltas al barrio que no la encontrarás. ¿Que hoy no tienes que llamar? Ahí está, la cabina. Y tratas de registrarla en la memoria para cuando la necesites. Pero te da igual, el día que la necesites no estará.

Creo que es una confabulación de telefónica para que gastes móvil, de correos para que te gastes el sello inútilmente porque verás al destinatario antes que un buzón y de los recogedores de pilas para que utilices la corriente. Por eso se dedican a cambiar las cabinas, los buzones y los contenedores a su antojo, como las setas, salen y desaparecen.

Pero mi odisea no termina ahí. Por fín encontré un contenedor para dejar las pilas (tengo delito porque he pasado durante todo el cuatrimestre por delante sin darme cuenta ¿setas? Sí, las alucinógenas que me tomaba).
Pero de nuevo la confabulación, pues siempre que me acordaba de las pilas era cuando estaba pasando por delante del contenedor, pero ¿dónde estaban las pilas? En el escritorio, por supuesto.
Y cuando estaba en mi habitación y las veía, me acordaba de que tenía que tirarlas. Salía la calle y veía el contenedor, pero las pilas seguían en la habitación.

Pero un día se me ocurrió llevar las pilas en el bolsillo (no comment) y me fui a dar una vuelta. Pasé por delante del contenedor Y NO DEJÉ LAS PILAS. Tuvo que ser a la vuelta, tres horas más tarde, cuando noté algo raro en el bolsillo de mi pantalón, algo que pesaba. Palpé y ahí estaban. ¿Pero no las había tirado ya? PUES NO, SEGUÍAN ALLÍ. Me enfadé y las saqué del bolsillo, las llevé en la mano durante un cuarto de hora y fui expresamente hasta el contenedor cuando ya estaba casi en casa.

Las eché y pocas veces he sentido cómo se me quitaba un peso de encima como en esa ocasión.

Total, sólo habían pasado tres meses desde que las quitara del mando a distancia. Creo que han dejado descendencia en mi escritorio...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.


29 enero 2007

No vuelvo a madrugar

Mi primer examen, estoy más que nervioso.
Espero que todo salga bien, pues nos deja los apuntes y el libro y esos exámenes me dan miedo.


Además, ahora estoy en otra casa, por lo que ya no puedo ir tranquilamente andando a clase. No sé cómo funciona esto de los autobuses a primera hora de la mañana, pero seguro que habrá mucha gente que va a trabajar, así que...


Me pongo el despertador (y el despertador del móvil, for if the flies) a las siete de la mañana.
Suena cuando creo que sólo han pasado dos minutos desde que apagué la luz, pero me levanto.
Me arreglo y desayuno.

Cojo la mochila y me voy, casi corriendo, hacia la parada del autobús. Odio que todavía estén las farolas encendidas, pero ante el temor de no llegar al examen, todo eso me da igual.
Ayer soñé que no llegaba a un examen y pasé todo el domingo pensando que era lunes, así que prefiero estar ya en la parada.

Nada más llegar a la marquesina, llega el autobús, me subo y me siento. Veo con cierto resquemor que en el reloj del bus pone que son las 07:48. Quién me iba a decir a mi que podría hacer tal acto de valentía, si yo hasta las nueve y media no suelo ser persona (bueno, quien dice persona...)

En fin, que veo para mi temprana desesperación que hay incluso menos coches que una tarde normal, por lo que llego a la universidad a las 08:07.

¿Y qué narices hago yo, en plena noche, una hora en la universidad, donde incluso hasta la cafetería está cerrada? Lo dicho:


¡¡¡NO VUELVO A MADRUGAR!!!

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Espero, por lo menos, que el examen lo haya aprobado...

24 enero 2007

Elliot pastillero

Para estudiar mejor e intentar sacar buenas notas en este curso, me he comprado unas pastillitas para la memoria.

En el frasco pone: "Complemento nutricional para situaciones que requieran actividad intelectual intensa, estudiante en periodo de preparación de exámenes o personas con fallos de memoria."

Bien, yo entro en los dos grupos, así que estoy siguiendo las indicaciones al pie de la letra, pero resulta que me estoy empezando a cuestionar si realmente están funcionando.

Pues no me parecen muy eficientes unas pastillas que cada vez que me las tomo me pregunto si ya me las he tomado...



Ya les contaré los resultados...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Hoy era el último día de clase de Laura. ¡¡¡FELICIDADES!!!! Y a ver si lo celebras como se merece y con los que tú más quieres, jejeje.

17 enero 2007

Momento "Elliot" 3

No me voy a despedir de ustedes por hoy sin contarles la última de mi universo Elliot.

Mientras les escribo la página anterior, trato de introducir una foto mía para ilustrar el diario y ahí estoy, intentando conectar la cámara al ordenador, pero éste parece no reconocerla. Vuelvo a sacar el cable para comprobarlo, pero está bien, así que lo intento de nuevo. Nada.

Ya pensando en enviar la foto por correo electrónico, con lo que tendría que irme a casa, y después de una biblioteca porque el amigo Thompson me ha dejado sin Internet, levanto la cabeza y me doy cuenta.

Claro que no iba a funcionar la cámara en el puerto USB del ordenador, como que estaba metiendo el cable en OTRO ordenador.



Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Es sólo una curiosidad, pero qué cantidad de gente se llama Thompson en el mundo. En el poblado tenía un vecino que se llamaba así, y luego otro en Zaragoza y otro en el piso de ahora.
¿Casualidad? ¿Será el mismo tipo que me persigue...?

Vaya par de... compañeras

Vuelvo a este, el blog de los que lo leen, tras un cierto tiempo de relajación por mi parte, las navidades y ahora los exámenes (que uno ya está en la universidad) me han hecho estar entretenido en otros asuntos mucho menos agradables como escribir mi diario.
Por eso, y porque creo que se merecen que me porte mejor con ustedes de lo que lo he hecho hasta ahora, les contaré más secretitos sobre mi vida privada, o, mejor dicho, sobre cómo sobrevivo en "una casa de locos"... Vayan para ilustrarlo dos historias referidas a cada una de mis "compis" de piso (os echo de menos, ex-compis!!!)

"Una de David Lynch"
Acaban las navidades y retorno a mi casa de la capital. Es lunes por la tarde y cómo no, una de mis compañeras está en casa. Bueno, no pasa nada, año nuevo, conflictos nuevos, preo con diplomacia de siempre...
El caso es que también estaba mi otra compañera, pero como no llevamos turnos de vida semejantes, cuando yo llegué ella estaba durmiendo y ella se marchó cuando yo estaba durmiendo. (son cuatro horas de viaje, una maleta llena de cosas -gracias por el jamón, mamá de Laura-, pocas ganas de ponernos a estudiar y muchos días de fiesta, qué quieren)
Oigo la puerta que se cierra, pero estaba en otro mundo (probablemente el mío) y no me enteré de más.
El martes me despierto y oigo ruidos en la habitación de al lado, pero salgo por unas tres o cuatro veces al salón sin encontrar a nadie. A las nueve de la noche se vuelve a oir la puerta que se cierra. ¿Me empiezo a mosquear?
El miércoles pasa exactamente lo mismo y ya no sé si son cosas de fantasmas o me estoy volviendo loco (más, si cabe). Llega el jueves y el viernes y no he visto todavía a mi compañera de piso a la que llamaremos... Tea.
Lo que sí he hecho es oir ruidos en el baño, en la cocina, en el salón, puertas que se cierran, que se abren, secadores que suenan, duchas que se abren solas, cubos de basura que se llenan sin aparente motivo y un largo etcétera de misterios sin resolver.
Viene el sábado y se descubre el pastel, aunque no sé muy bien de quién es el cumpleaños. Resulta que mi compañera de piso, Tea, ha estado durante toda la semana en el piso, pero... ESPERANDO QUE YO ME METIERA EN MI HABITACIÓN A ESTUDIAR (o a jugar al ordenador, es o es lo de menos) PARA SALIR ELLA!!!!! ¿No les parece increíble?

"No sé si reír o llorar"
Estoy ayudando a Laura a hacer un trabajo para una de sus asignaturas y para ello vamos de vez en cuando a la Biblioteca Nacional a perderme por esos pasillos y esos ascensores malignos (próximamente en sus pantallas).
Una mañana, preparando el desayuno, me encuentro con mi "compi" Amaia y me pregunta dónde voy.

Amaia:
-¿Dónde vas, (Alfonso XII?)?

Yo:
- A la Biblioteca Nacional.

Amaia:
- ¿Hay muchos libros en esa biblioteca?

¡¡¡SÁLVENME, POR FAVOR!!!

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.