17 enero 2007

Momento "Elliot" 3

No me voy a despedir de ustedes por hoy sin contarles la última de mi universo Elliot.

Mientras les escribo la página anterior, trato de introducir una foto mía para ilustrar el diario y ahí estoy, intentando conectar la cámara al ordenador, pero éste parece no reconocerla. Vuelvo a sacar el cable para comprobarlo, pero está bien, así que lo intento de nuevo. Nada.

Ya pensando en enviar la foto por correo electrónico, con lo que tendría que irme a casa, y después de una biblioteca porque el amigo Thompson me ha dejado sin Internet, levanto la cabeza y me doy cuenta.

Claro que no iba a funcionar la cámara en el puerto USB del ordenador, como que estaba metiendo el cable en OTRO ordenador.



Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Es sólo una curiosidad, pero qué cantidad de gente se llama Thompson en el mundo. En el poblado tenía un vecino que se llamaba así, y luego otro en Zaragoza y otro en el piso de ahora.
¿Casualidad? ¿Será el mismo tipo que me persigue...?

Vaya par de... compañeras

Vuelvo a este, el blog de los que lo leen, tras un cierto tiempo de relajación por mi parte, las navidades y ahora los exámenes (que uno ya está en la universidad) me han hecho estar entretenido en otros asuntos mucho menos agradables como escribir mi diario.
Por eso, y porque creo que se merecen que me porte mejor con ustedes de lo que lo he hecho hasta ahora, les contaré más secretitos sobre mi vida privada, o, mejor dicho, sobre cómo sobrevivo en "una casa de locos"... Vayan para ilustrarlo dos historias referidas a cada una de mis "compis" de piso (os echo de menos, ex-compis!!!)

"Una de David Lynch"
Acaban las navidades y retorno a mi casa de la capital. Es lunes por la tarde y cómo no, una de mis compañeras está en casa. Bueno, no pasa nada, año nuevo, conflictos nuevos, preo con diplomacia de siempre...
El caso es que también estaba mi otra compañera, pero como no llevamos turnos de vida semejantes, cuando yo llegué ella estaba durmiendo y ella se marchó cuando yo estaba durmiendo. (son cuatro horas de viaje, una maleta llena de cosas -gracias por el jamón, mamá de Laura-, pocas ganas de ponernos a estudiar y muchos días de fiesta, qué quieren)
Oigo la puerta que se cierra, pero estaba en otro mundo (probablemente el mío) y no me enteré de más.
El martes me despierto y oigo ruidos en la habitación de al lado, pero salgo por unas tres o cuatro veces al salón sin encontrar a nadie. A las nueve de la noche se vuelve a oir la puerta que se cierra. ¿Me empiezo a mosquear?
El miércoles pasa exactamente lo mismo y ya no sé si son cosas de fantasmas o me estoy volviendo loco (más, si cabe). Llega el jueves y el viernes y no he visto todavía a mi compañera de piso a la que llamaremos... Tea.
Lo que sí he hecho es oir ruidos en el baño, en la cocina, en el salón, puertas que se cierran, que se abren, secadores que suenan, duchas que se abren solas, cubos de basura que se llenan sin aparente motivo y un largo etcétera de misterios sin resolver.
Viene el sábado y se descubre el pastel, aunque no sé muy bien de quién es el cumpleaños. Resulta que mi compañera de piso, Tea, ha estado durante toda la semana en el piso, pero... ESPERANDO QUE YO ME METIERA EN MI HABITACIÓN A ESTUDIAR (o a jugar al ordenador, es o es lo de menos) PARA SALIR ELLA!!!!! ¿No les parece increíble?

"No sé si reír o llorar"
Estoy ayudando a Laura a hacer un trabajo para una de sus asignaturas y para ello vamos de vez en cuando a la Biblioteca Nacional a perderme por esos pasillos y esos ascensores malignos (próximamente en sus pantallas).
Una mañana, preparando el desayuno, me encuentro con mi "compi" Amaia y me pregunta dónde voy.

Amaia:
-¿Dónde vas, (Alfonso XII?)?

Yo:
- A la Biblioteca Nacional.

Amaia:
- ¿Hay muchos libros en esa biblioteca?

¡¡¡SÁLVENME, POR FAVOR!!!

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

19 diciembre 2006

Pobre Elliot pobre

Y yo que pensaba que no me estaba pasando nada y de repente: ZAS!, el diario vuelve a tener una nueva página.

Era miércoles, hacía frío y yo salía de curiosear de la gran Biblioteca Nacional, de donde, por cierto, han debido de sacar el guión de la cuarta parte de Indiana Jones, porque para hacerte un carné y encontrar lo que buscas o trabajas allí o eres un cónsul o llevas un látigo. (Nota mental: escribir lo que me ocurrió con uno de los (de) funcionarios)

Bueno, el caso es que salía de allí y como tenía clase me había preparado comida "para llevar". Es decir, me había hecho una tortilla que estaba en un tupper/taper en la mochila y sólo me faltaba comprar el pan. Encontré una panadería (con una bandera de España casi tan grande como la de Colón, glups) y ya tenía los instrumentos necesarios para prepararme mi comidita.
Pero como me daba un poco de apuro ponerme en medio de la calle a elaborar mi bocata, decido cruzar al centro del paseo y sentarme tranquilamente en un banco, que hace frío, pero hay sol y uno está un poco blanquito... y pasaba menos gente. Iluso.

Allí estoy, sentadito (me quedé) en un banco y sacando mi tupper/taper de la mochila.
Como no pasa mucha gente tampoco me importa mucho lo que piensen de mí (a estas alturas...). Pero lo que no me esperaba era que, cuando ya estaba metiendo la tortilla en el pan un paseante me echara una moneda de 20 céntimos.
Nunca me había sentido tan, tan... ¿desconcertado? ¿sorprendido? ¿confuso? NO, la palabra es...
¡PORDIOSERO!

Y ahí estaba, sin saber qué hacer ni qué decir mientras el hombre se iba sin siquiera mirar atrás.

Miré la moneda varias veces y luego miré a mi alrededor en busca de la cámara oculta. No la encontré, pero seguí sonriendo...por si acaso.

Claro que seguía pasando gente y entre mi cara de pasmado, mi sonrisa de tonto y mi aspecto supuestamente andrajoso, los paseantes sólo me miraban de reojo y aceleraban la marcha.

Qué momento más...

En fin, ya saben, no salgan de casa sin el Armani...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Al final la moneda acabó en uno de los verdaderos mendigos que pululan por el paseo. ¿Quién se puede negar a darle una moneda a un tipo que te dice: ¿Me podrías dar una moneda? Es que... soy un poco pobre, ¿sabes? Uno también tiene su corazón (creo)

02 diciembre 2006

Mi barrio, ciudad sin ley

Diario de una guerra, miércoles 29 de Noviembre.

Bajo del autobús de refugiados que nos trae del poblado donde hemos estado trabajando, Getav, y ya puedo oler la tragedia.

Ninguna luz ni en la plaza, ni en las calles adyacentes, que ya casi no son calles debido a los tanques. La gente ya no sale sin el casco protector y el chaleco antibalas reflectante, por si acaso te cae algún escombro.

Voy corriendo a cruzar el paso para peatones, pero era hoy mucho más peligroso que otros días, la luz se había cortado y los coches no paraban de pasar a toda velocidad. En un acto de valor he cruzado la carretera corriendo, pero con miedo, pues uno de los vehículos no me ha visto y ha tenido que frenar de golpe. Hoy es el último día que voy con mi cazadora negra, tengo que coger uno de esos chalecos fluorescentes.

Durante quince minutos ninguna luz nos iluminaba el camino a casa y la gente estaba más nerviosa de lo normal.Al girar la esquina que conduce a la calle de mi casa, me encuentro con un grupo de bomberos que trata de sofocar un fuego provocado por la última bomba proveniente del frente sur de la capital, Madrij, tan bonita antes...


Los bomberos también tienen problemas para apagar el fuego, pues se ha efectuado en uno de los túneles subterráneos donde no para de salir gente proveniente de cualquier punto de la capital camino de un lugar seguro. Ahora mismo mi barrio no lo es, en absoluto.

Paso por delante del coche de bomberos y me dirijo lo más rápidamente que puedo hacia mi casa. Y en el camino me encuentro más indicios de que esta guerra va a ser larga. Tres tiendas tenían los cristales rotos, dos papeleras estaban destrozadas debido, supuestamente al impacto de la misma bomba que tiene en vilo a los bomberos treinta metros más abajo, y yo sigo corriendo hacia mi casa.

Llego a mi portal y meto la llave. Me encuentro más seguro, pero quiero llegar a mi casa. Subo las escaleras y en el segundo piso me encuentro al, posiblemente, único superviviente que quedará de esta guerra: una vil, negra y despreocupada cucaracha.

A veces quisiera ser una de ellas, sobre todo, cuando tengo que soportar cada día la guerra de la llamada M-30.

Espero sigamos informando,

Jon Elliot Sistiaga.



28 noviembre 2006

Búsquedas en Internet

¿Se han fijado lo complicado que es buscar imágenes por internet?
Bueno, no es que sea difícil buscar sino encontrar.

Cosas que uno se pregunta cuando está buscando imágenes en Google:
- ¿Por qué si pongo "mar" aparece una foto de una montaña nevada?
- ¿Por qué si pongo "colada" (yo a veces la hago, no se crean) me aparecen espadas y vasos con batido?
- ¿Por qué si pongo "cucaracha" me aparece una imagen de Bush? (bueno, mira, este lo entiendo)
- ¿Por qué si pongo "gordo", me aparecen un montón de chicas (medio desnudas) extra delgadas?
- ¿Por qué si pongo "cola" (sin mayores connotaciones, iba a hacer un collage con una foto de caballos) te aparecen tetas?
- ¿Por qué si pongo "régimen" aparece una foto de un perro?
- ¿Por qué si pongo "delgada" aparecen un montón de chicas (medio desnudas)?
- ¿Por qué si pongo "absurdo" me aparece una foto del Papa? (mira, otra que entiendo)
- ¿Por qué si pongo "tonto" (un trabajo sobre Los trotamúsicos de Bremen, no piensen mal) aparecen fotos de personas que, a juzgar por las imágenes, no saben que están ahí?
- ¿Por qué estoy haciendo esta página del diario intentando buscar la palabra más tonta para introducirla en Google?

Y lo mejor de todo es que cada vez que pasas una página aparecen cosas cada vez más absurdas. ¿Han probado alguna vez pinchar en la última página que puede reconocer Google? Les puedo asegurar que la cosa irá degenerando hasta llegar a preguntarte qué narices estabas buscando.

Y sobre todo, tengan en cuenta: pongan la palabra que pongan, siempre encontrarán la foto de una chica medio desnuda... (Google está muy necesitado!!!!!!!!!!!)

Y yo creo que tengo demasiado tiempo libre...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.



PS: ¿Me estaré volviendo freakie? Voy a buscarlo en Internet.

18 noviembre 2006

Momento "Laura"

Domingo por la tarde, salgo de la habitación y veo a Laura fregando el pasillo.

Le pregunto: - "¿Qué haces?"

Me contesta: - "Turismo rural, no."

Jaja, si es que es tan graciosa...

Vale, está mosqueada (perspicaz que es uno) Me doy cuenta por su contestación y porque está con cara de máxima concentración dale que dale con la fregona en un trocito de suelo.

Me acerco a ella y observo detenidamente la mancha que le está poniendo nerviosa porque no sale. Así me quedo un ratito, mirando por encima de su hombro, pero sin rozarle no sea que me ataque.

Tras unos segundos le doy un toquecito en el hombro y le susurro:
- "Laura".

Ella se gira con cara de mala leche (de la marca Río, la peor) y me pregunta:
- "¿¡Qué!?"

Y vuelve su vista a la mancha mientras continúa pasando la fregona una y otra vez por el mismo centímetro cuadrado.

Yo le vuelvo a insistir:
- "Laura..."

Y deja de mover la fregona para encararse conmigo:
- "¿¡Qué quieres, Elliot!?", me pregunta mientras se va poniendo verde.(¿de ira, de envidia, de lechuga?)

Y yo:
- "Nada, nada, sólo que... ponte las gafas, anda".

Frunce el ceño porque no entiende por qué le he dicho eso, pero va a la habitación y se pone las gafas. Sale de nuevo al pasillo y me ve con una sonrisa de oreja a oreja en la cara y mira hacia donde ha estado durante diez minutos pasando la fregona intensamente, como si le fuera la vida en ello.

Es cuando abre los ojos más de lo normal, cuando yo no aguanto más y me pongo a reir como si nunca me hubiera reído.

Ha estado intentando quitar una mancha del suelo que en realidad era un agujerito.

Lo siento, pero no puedo más de la risa.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Creo que Laura debería hacer un blog, jajajaja.



13 noviembre 2006

Cosas que fastidian 5


Llego a casa, son las siete de la tarde. Veo un post it encima de mi mesa:
"PONER LAVADORA" en letras grandes y rojas. Bien, tengo tiempo y no hay nadie en casa. Hay sitio en el tendedor y... bueno, mañana no tengo nada para ponerme. Voy a ello.

Oigo la puerta y "Amaia" me dice "Hola".
Le respondo.
Quito las sábanas de la cama.
Voy a la cocina por si hay ropa dentro. No hay. Perfecto.

Vuelvo a mi cuarto. Cojo las sábanas y oigo que mi compañera de piso sale de su habitación.
Cojo también el cubo de la ropa sucia y me dirijo a la cocina otra vez.
Me cruzo en el pasillo con "Amaia" que me sonríe.

Llego a la cocina y...

¡¡¡¡¡TA CHÁN!!!!!

Mi compañera acaba de poner SU ropa en la lavadora y la ha puesto en marcha.

Esto es penalty y expulsión. Debería estar prohibido por la ley que rige la convivencia en el piso.
Aunque, igual es que seguimos las Leyes de Murphy...

Y yo que me quedo, como siempre, con un palmo de narices y una cara de mala leche merengada...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: ¿Y mañana qué me pongo?


04 noviembre 2006

Momento "Elliot" 2

Este momento lo he titulado "El tanga en la lavadora".
Verán, era viernes, también por la mañana, temprano y estaba cansado, dormido y hambriento.
Ahí estaba, esperando que el pan se convirtiera en tostadas para poner mantequilla, mermelada y queso (todo junto, sí, qué pasa) cuando me fijé que la lavadora estaba en marcha.
Debió ser que mi compañera la programó ayer por la noche para que empezara a las ocho y media de la mañana.

Pero lo que realmente me llamó la atención fue que un tanga de color rosa se había quedado en la puerta de la lavadora y mientras el resto de sus compañeros daba vueltas y vueltas y más vueltas, el pobre tanga se quedaba allí, apartado, sin probar el jabón ni el agua.
Como cuando vas al parque de atracciones y se suben todos tus amigos a la montaña rusa menos tú, que te quedas abajo guardando las gafas, las llaves y demás objetos personales de los que sí se han subido a la atracción.
Y lo que es peor, encima de que no te montabas en la atracción, tenías que aguantar las explicaciones y los gritos de júbilo de aquellos quienes habían depositado toda su fe (quien dice fe, dice cosas rompibles) en tí y ver cómo disfrutaban mientras tú, mientras tú...
Qué triste, me estoy identificando con un tanga de color rosa.


Cuando me di cuenta de la situación, miré el reloj, habían pasado más de quince minutos.
Quince minutos en los que has estado viendo disfrutar de la montaña rusa/lavadora alemana-holandesa (porque es Bosch) a todas las prendas de ropa, menos al tanga de color rosa, que por una extraña razón se parece tanto, tanto a ti...



Por cierto, ¿y las tostadas?

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

Momento "Elliot" 1

Me levanto por la mañana (suele pasar) y me preparo para ir a la ducha.
Voy al armario y cojo la ropa que necesito.
Me ducho.
Vuelvo al cuarto y me arreglo un poco el pelo (es un decir), me pongo el pantalón y me voy a poner las zapatillas.
Las saco del armario (observación: son Geox, no Gays) y como aún estoy medio dormido (otro "es un decir" porque medio no corresponde con la realidad) veo algo extraño que no llego a descubrir del todo, la visión rayos X que tengo por las noches, por las mañanas son visión O, pero no "o" de "ola", sino cero de nada.
Parpadeo un par de veces para que mis ojos se centren en el objeto y de repente:

¡¡¡¡¡¡¡¡SUSTO!!!!!!!!!!

Lo que veía raro era que mis zapatillas tenían algo que se movía y voilà:
una negra, grande y curiosa cucaracha que se había aposentado en mi zapatilla izquierda como si fuera un okupa.
Y se preguntarán, ¿cómo ha llegado esa cucaracha a tu zapatilla Elliot?
Da igual que no se lo pregunten, pues ya está aquí uno para hablar solo.
Pero la respuesta vino pronto, pues la tenía enfrente de mis narices:
Lleva lloviendo unos días por esta ciudad y como no quiero llenar mi habitación de agua y barro suelo dejar las zapatillas en la ventana. Por allí se debió de colar mi nueva "amigüita" para instalarse en mi zapatilla izquierda, que siempre estaría más abrigada que en la intemperie. Pobre, qué mal lo deben pasar allá afuera, en la inmensidad de la ciudad húmeda y salvaje...

Así que ahí me ven, observando los movimientos de la cucaracha en mi zapatilla.
Cómo analiza cada escondrijo, duda antes de introducirse en la oscuridad y se paraliza frente al enemigo exterior.
Mi cara también era todo un poema, con mis ojos medio cerrados por el sueño y para que se concentraran mejor, todavía con la parte de arriba del pijama puesta, con el pelo alborotado (pues ya he dicho que arreglarme el pelo es un decir), con una zapatilla en la mano y con gesto de concentración absoluta.
Parecía un cuadro de, de, de... bueno, un cuadro.

Pero uno es tonto hasta cierto punto (que aún no he encontrado, por cierto) y no me marché de casa con zapatillas "made in cockroach", sino que, contrariamente a lo que están pensando algunos de los que leen este diario, la cogí delicadamente con dos dedos y la llevé suavemente hasta depositarla en el alfeizar de mi ventana, mirando a la terraza.
Le dije "Adiós, compañera" y con la tristeza de quien ha conocido a alguien con quien compartir un detalle, por pequeño que sea, como una zapatilla, me calcé (no sin antes revisar que no hubiera primos hermanos de mi "nueva querida amiga") y salí de mi habitación rumbo a lugares inhóspitos y crueles llamados "metros" y "calles transitadas".
Snif, cómo me identifiqué esa mañana con mi amiga. Llovía, yo no llevaba paraguas (qué raro) y me sentí tan cucaracha vagando por las calles de la gran ciudad entre tanta gente extraña...
"La cucaracha en la zapatilla" by Elliot Van Gogh.
Nos leemos en el siguiente.
Elliot.

PS: cuando he ido a buscar una imagen de cucaracha, no he debido borrar bien y se ha quedado la mitad de la otra palabra “zapatilla”, así que google ha estado buscando durante un rato algo como una “zapatillaracha”. Creo que ese es el nombre que le voy a poner a mi nueva amiga: Zapatillaracha. Ojalá vuelva por aquí...

01 noviembre 2006

Qué hace un tipo como yo en un sitio como éste!!

Lunes 23 de Octubre.

Me he pasado todo el día entre el estudio y las clases y pensaba irme pronto a casa para descansar, que el martes también hay clase.
Pero ahí estaba yo, a las diez y media de la noche en un cine. Hasta ahí todo más o menos normal, aunque no suelo ir tan tarde a ver películas, que hay que madrugar al día siguiente.
Eso no era lo raro, lo más extraño es que me encontraba a la entrada del cine (la que luego sería la salida, claro) rodeado de un montón de gente entre conocida y no.
Era el estreno de un documental sobre actores y ¿quiénes estaban?
Claro, los actores a los que habían entrevistado para el film, más actores que no salían pero que habían ido a verla y yo.
Porque también estaba yo, aún sin saber muy bien ni cómo ni por qué, pero viendo a muchos rostros conocidos de la tele y el cine español.

En el hall del cine, cámaras haciendo fotos y una alfombra roja, como en los estrenos que veía con Laura en la tele, pues igual, salvo que ahora yo estaba allí, viéndolo todo en primera persona del singular.

Entramos y yo sólo quería hacerme pequeño, hasta desaparecer, pero allí seguí, sentándome en una butaca de esas de cine que me tapan casi por completo, para mi alivio, jeje.
Y empezó la película, y al cabo de un rato terminó. Me había gustado, bastante.

Y de nuevo comenzó un poco la pesadilla: la salida (lo que antes era la entrada)
Otra vez estaba allí, rodeado de un montón de gente conocidísima, sin saber qué hacer, dónde meterme para no entorpecer a nadie y para que no se notara mucho mi presencia.
Y de pronto, pasa delante de mí, a unos quince centímetros: José Coronado y Pilar Bardem.
AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Qué guay, pero luego también vi a Lola Dueñas, a uno que salía en la serie Compañeros, Emilio Gutiérrez Caba y un largo etcétera que no sabría identificar por nombres (lo siento, pero la que sabe un poco de cine es Laura, no yo)

Yo seguía flipando y a pesar de estar pasándolo mal por los nervios de no saber qué hacer en un sitio así, era genial, me estaba riendo solo pensando que era una situación algo absurda (normal en mi) y me vi disfrazado de pulpo en un sitio donde nadie iba disfrazado.

Una historia buenísima para contar y para recordar, pero qué mal lo pasé!!!!!


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.