Pues ya no estoy seguro de llegar porque hemos acertado en la fila, pero...
por qué en la pantalla pone que ese avión va a Ginebra?
Yo ya no entiendo nada, pero Laura está más pendiente de que la maleta le quepa en el mini espacio que deja Ryanair que de mi, así que no nota mi sudor frío por la frente mientras le toco la espalda para advertirle que el billete es para Estocolmo (aunque ya no estoy tan seguro) y esa fila parece que va a Ginebra.
Que, vamos, a mi no me importaría en absoluto, pero como lo que quiero es viajar un poco más lejos del aeropuerto, me da miedo que las azafatas tan simpáticas me digan que no puedo ir a ningún sitio. Y entonces sí que habrá sido el viaje más... elliot de mi vida.
Por fín Laura se vuelve y mira mi cara de susto, la suya también se vuelve así cuando ve la pantalla que le estoy señalando. Pero Laura tiene incluso más ganas que yo de viajar, así que va preguntando uno por uno a todos los pasajeros que tenemos alrededor. Al final, uno de ellos se da cuenta de la pantalla, pero nos tranquiliza. Sí, él también tiene un billete para Estocolmo.
Bueno, problema de muchos... alivio para nosotros.
Así que esperamos en la cola hasta que nos toca el turno. Laura no sé cómo lo ha hecho, pero ha puesto su cara de mala leche (jajajaja) y no ha tenido que poner la maleta en el absurdo espacio ese. Hemos entregado los billetes, nos han devuelto la mitad y nos hemos ido hacia el avión.
Parecían tener mucha prisa las azafatas y es que llevábamos más de media hora de retraso, así que nos han ido dirigiendo hasta las escaleras del avión. Allí es donde Laura ha revisado por cuarta vez sus billetes (ahora no es cuestión de llegar a Estocolmo y quedarnos a vivir allí para siempre, o sí?) y mira si tiene todos los billetes que nos quedan por usar.
Todos? No, a Laura le falta el de vuelta de Londres a Aarhus. Pero, ¿dónde lo ha dejado?
La respuesta me llega en forma de papel cortado. La azafata de la puerta, debido a la prisa que tenía, ha optado por cortar directamente todos los billetes de Laura, en vez de sólo el que correspondía. Así que la cara de Laura se descompone, me tira la maleta, los billetes, el abrigo y no sé qué más y sale volando otra vez hacia el aeropuerto. Ha debido de subir las escaleras de ocho en ocho, dejar un surco a lo Correcaminos por la alfombra porque después me ha contado que ha llegado antes de que la gente acabara de enseñar los billetes.
Entre los nervios y nuestro super inglés, parece que ha mostrado el billete a la azafata y ha conseguido que entendiera, por gestos nerviosos y lágrimas de sudor por la frente, que le habían cortado un billete de más.
Ha vuelto al avión, yo ya estaba sentado con la mochila en el armarito de arriba y le guardaba un sitio a mi lado. Ha llegado, se ha derrumbado y se ha tenido que volver a levantar de inmediato porque una de la azafatas le ha gritado que no podía dejar la maleta en el suelo.
Hemos buscado un sitio en los compartimentos, pero no quedaba nada libre, así que la única opción que nos han dado era dejar la maleta junto al resto de maletas en la bodega.
Nos hemos negado en redondo y en cuadrado porque lo que queremos es visitar Estocolmo y no esperar dos horas a que salga la maleta. Y como los del avión tenían ya ganas de salir volando y nunca mejor dicho, le han dicho a Laura que hiciera lo que le diera la gana (eso lo han entendido hasta los japoneses que viajaban a nuestro lado).
Hemos metido la maleta debajo el asiento y nos hemos abrochado el cinturón cuando el avión ya se movía.
Bueno, parece que la pista está despejada y que nos toca llegar a Estocolmo, por fin...
Nos leemos en el siguiente,
Elliot y Laura
25 febrero 2010
07 diciembre 2009
En serio no hay otro sitio???
Breve, estúpido y absurdo:
Entro al baño en la universidad, me lavo las manos, me enjabono bien porque aquí hasta tiene un gel desinfectante por si le das la mano a alguien después de orinar y un cartelito que te indica cómo tienes que lavarte las manos para eliminar todos los microbios (que digo yo que es tontería porque después, con tus inmaculadas manos tienes que abrir la puerta, así que...).
Tras seguir las instrucciones (hay 10 puntos que debes seguir para una buena limpieza de bacterias, 10!!!) me quito los restos de jabón.
Voy a secarme las manos.
No hay toallitas, damn it!
Así que no me queda otra que utilizar el secador que nunca seca pero que te destroza las manos.
Lo pongo en marcha y...
PORQUÉ TIENEN QUE PONER EL SECAMANOS JUSTO ENCIMA DEL CUBO DONDE TODO EL MUNDO TIRA LAS TOALLITAS DE PAPEL!!!!!!!??????????????????
30 minutos más tarde he terminado de recoger tooooodas las toallitas que se han esparcido por el aire y logro salir del baño.
Laura me pregunta a la salida si me ha pasado algo.
Ya lo leerá, no le voy a dar la primicia oralmente que nunca tiene tanta gracia. Escrito siempre puedes releerlo una y otra vez hasta que la risa se agote a sí misma.
Entro al baño en la universidad, me lavo las manos, me enjabono bien porque aquí hasta tiene un gel desinfectante por si le das la mano a alguien después de orinar y un cartelito que te indica cómo tienes que lavarte las manos para eliminar todos los microbios (que digo yo que es tontería porque después, con tus inmaculadas manos tienes que abrir la puerta, así que...).
Tras seguir las instrucciones (hay 10 puntos que debes seguir para una buena limpieza de bacterias, 10!!!) me quito los restos de jabón.
Voy a secarme las manos.
No hay toallitas, damn it!
Así que no me queda otra que utilizar el secador que nunca seca pero que te destroza las manos.
Lo pongo en marcha y...
PORQUÉ TIENEN QUE PONER EL SECAMANOS JUSTO ENCIMA DEL CUBO DONDE TODO EL MUNDO TIRA LAS TOALLITAS DE PAPEL!!!!!!!??????????????????
30 minutos más tarde he terminado de recoger tooooodas las toallitas que se han esparcido por el aire y logro salir del baño.
Laura me pregunta a la salida si me ha pasado algo.
Ya lo leerá, no le voy a dar la primicia oralmente que nunca tiene tanta gracia. Escrito siempre puedes releerlo una y otra vez hasta que la risa se agote a sí misma.
Nos leemos en el siguiente,
Elliot.
Elliot.
01 diciembre 2009
Llegaremos alguna vez a Estocolmo??? (1a parte)
Increíble lo que te puede pasar en menos de veinte minutos.
Tras nuestras horas en Londres viendo tiendas y haciendo fotos en los parques, nos llegaba la hora de coger nuestro avión para llegar a Estocolmo, nuestro objetivo principal.
El avión salía a las 6:30am, por lo que a las cinco ya estábamos desayunando en el aeropuerto: leche, zumo, galletas y muffins londinenses. Todo, por menos de lo que nos cuesta un paquete de pasta en Dinamarca.
Tan bien nos lo estábamos pasando que cuando miramos el reloj ya eran las seis en punto y, a qué hora cerraban las puertas? A las 6:05 am. Está bien, el aeropuerto de Århus es poco más grande que nuestra habitación, pero estamos en Londres y esto es muuuuuuuy grande.
Con los muffins sin comer y las cosas sin meter en la maleta emprendimos la carrera hacia la puerta de embarque. DÓNDE ESTÁ LA 32, LA PUERTA 32, POR FAVOR!!!
Un señor amable nos lo indica:
- Señor amable:
Veis ese tren de allí? Pues lo cogéis y os bajais en la última parada?
WHAT????????????????????????????????
Las interrogaciones aún están retumbando en los oídos del señor amable porque Laura ya ha cogido sus cosas y las mías y casi está adelantando al tren.
Nos montamos en el tren, Laura no para de mirar el reloj, tontería supina porque ya son las 6:05 pasadas y bien pasadas. Pero no pasa nada, como en las películas, nos dejarán pasar con las puertas cerrándose (nota mental: la vida NO es como las películas).
Primera parada y la gente sale a cámara lenta. A Laura le va a dar un ataque y su reloj se va a parar de tanto mirarlo. Laura, en serio, por mucho que mires el reloj el tiempo no va a pasar más lento, pasa cuando pasa, como los buses en España.
Segunda parada, salimos los primeros y todavía no estoy seguro de no haber empujado a todo el mundo para hacerlo. Da igual, Laura ya está por el primer tramo de escaleras mecánicas. Mecánicas? Más bien voladoras porque ya estamos en el segundo tramo (mis pies me gritan que pare, pero la inercia estocolmera me empuja y me empuja) y derrapamos en la esquina para comprobar, con alivio, que la gente continúa en la cola esperando para embarcar.
No sé qué hora es, pero creo que hemos ido tan rápido que puede que hayamos retrocedido en el tiempo.
Ya estamos en la cola y...
Tras nuestras horas en Londres viendo tiendas y haciendo fotos en los parques, nos llegaba la hora de coger nuestro avión para llegar a Estocolmo, nuestro objetivo principal.
El avión salía a las 6:30am, por lo que a las cinco ya estábamos desayunando en el aeropuerto: leche, zumo, galletas y muffins londinenses. Todo, por menos de lo que nos cuesta un paquete de pasta en Dinamarca.
Tan bien nos lo estábamos pasando que cuando miramos el reloj ya eran las seis en punto y, a qué hora cerraban las puertas? A las 6:05 am. Está bien, el aeropuerto de Århus es poco más grande que nuestra habitación, pero estamos en Londres y esto es muuuuuuuy grande.
Con los muffins sin comer y las cosas sin meter en la maleta emprendimos la carrera hacia la puerta de embarque. DÓNDE ESTÁ LA 32, LA PUERTA 32, POR FAVOR!!!
Un señor amable nos lo indica:
- Señor amable:
Veis ese tren de allí? Pues lo cogéis y os bajais en la última parada?
WHAT????????????????????????????????
Las interrogaciones aún están retumbando en los oídos del señor amable porque Laura ya ha cogido sus cosas y las mías y casi está adelantando al tren.
Nos montamos en el tren, Laura no para de mirar el reloj, tontería supina porque ya son las 6:05 pasadas y bien pasadas. Pero no pasa nada, como en las películas, nos dejarán pasar con las puertas cerrándose (nota mental: la vida NO es como las películas).
Primera parada y la gente sale a cámara lenta. A Laura le va a dar un ataque y su reloj se va a parar de tanto mirarlo. Laura, en serio, por mucho que mires el reloj el tiempo no va a pasar más lento, pasa cuando pasa, como los buses en España.
Segunda parada, salimos los primeros y todavía no estoy seguro de no haber empujado a todo el mundo para hacerlo. Da igual, Laura ya está por el primer tramo de escaleras mecánicas. Mecánicas? Más bien voladoras porque ya estamos en el segundo tramo (mis pies me gritan que pare, pero la inercia estocolmera me empuja y me empuja) y derrapamos en la esquina para comprobar, con alivio, que la gente continúa en la cola esperando para embarcar.
No sé qué hora es, pero creo que hemos ido tan rápido que puede que hayamos retrocedido en el tiempo.
Ya estamos en la cola y...
Nos leemos en el siguiente,
Elliot y Laura
PS: Lo que no logro entender es cómo nos ha pasado esto OTRA VEZ!! Porque desde el principio, hemos sufrido un déjà vú, como si esto ya nos hubiera pasado en otro aeropuerto, en otro país, pero misma tensión Y MISMO HUSO HORARIO. Será eso... (véase: O(h) Porto, mío (2a parte)
20 noviembre 2009
Lo prometo, de verdad
A todos los dioses conocidos, inventados y por descubrir pongo por testigos que nunca, NUNCA volveré a quejarme de esa brisa marítima que antes me era más conocida como cierzo zaragozano.
Si por aquellas tierras, Laura y yo debíamos llevar piedras en los bolsillos para no salir volando,aquí necesitamos LA MONTAÑA ENTERA!!!!
Nos leemos en el siguiente,
Elliot y Laura
Elliot y Laura
10 noviembre 2009
Stockholm HERE WE GO!!!!! (1a parte)
Nos vamos a Londres!!!!!!
Bueno, en realidad, nos vamos a Estocolmo, pero en una de estas divertidas y estrambóticas cosas que tienen las compañías de bajo coste, resulta que sale más barato viajar de Århus a Estocolmo vía Londres. Para los no iniciados en geografía es ir una hora y cuarto en avión hacia la izquierda para luego viajar dos horas hacia la derecha.
Ambos sabemos que no tiene sentido pero, nos da la oportunidad de visitar Londres por segunda vez (quién nos lo iba a decir).
Salíamos a las cinco de la mañana, no porque quisiéramos, obviamente, sino porque el avión a Londres era a las diez cincuenta y no queríamos llegar tarde.
Todo estaba controlado hasta el último minuto. Todo? Por supuesto que no, que estamos hablando de Elliot y Laura viajando!
En realidad el tema de autobuses sí estaba controlado, pero el problema siempre somos nosotros así que... qué pasa cuando el autobús que pillas tiene cuatro paradas en una plaza? Que siempre te bajas en la que no es. Y siempre vas a mirar cuál es la parada correcta empezando por la más alejada.
Pero claro, esto no lo sabes hasta que das la vuelta a tooooda la plaza mirando cada dos segundos el reloj y comprobando con el otro ojo por si vemos el autobús que debemos tomar.
Así que ahí estamos, a las cinco de la mañana, con un frío estupendo y con esa lluvia fina que se cala en los huesos, buscando desesperados la parada del bus 123, dando la vuelta al ruedo, como los toreros, pero sin el traje ni las luces.
Y ya cuando nuestras esperanzas de encontrar la parada (y con ello tomar el bus correcto, que nos lleve al otro autobús que debemos coger para llegar al aeropuerto y subir al avión que nos llevará a Estocolmo, digo Londres y luego Estocolmo, antes de las diez cincuenta de la mañana) nos dirigimos a la única parada que nos queda por revisar. Y, tachán, es la nuestra.
Laura mira desesperada el horario y me dice, con una lágrima escapándose de sus ojos, que el bus se ha ido hace dos minutos y que el próximo pasa en una hora.
Me siento en la acera, ya ni siento la lluvia colándose por mi abrigo, vaya viaje más corto. Podemos volver andando a casa desde aquí, pero no me apetece mover ni un músculo.
Laura se sienta a mi lado, igual que yo, pasa de la lluvia, creo que no sabe siquiera que está lloviendo.
Entonces, un chico con una maleta enorme nos pregunta si tenemos que coger el 123. Le respondo que sí (Laura se está imaginando cómo es Estocolmo, por aquello de no darse cuenta de que no va a visitarlo de verdad) y el tipo me responde: "Ah, tranquilos, yo también lo estoy esperando y llega tarde, todavía no ha pasado el de las 513"
Laura despierta de su pesadilla y yo he vuelto a recordar que la lluvia moja y que la comida que llevo en la mochila debe estar nadando.
Nos levantamos de un salto y confiamos en que el tipo de la maleta enorme tenga razón. Y, por una vez, Laura también confía. Y por una vez, la persona no nos ha mentido: LLEGA EL 123!!!!!
Nos montamos, dejamos las mochilas en unos asientos y nos vamos a celebrarlo al final del autobús donde hay sitios vacíos (son las 5 de la mañana, todo el bus va vacío!!) con una gran siesta que esperemos termine cuando el autobusero nos diga que es la última parada, que debemos bajarnos para coger el autobús 212 que nos llevará al aeropuerto para subirnos al avión que nos llevará a Estocolmo, digo Londres y luego Estocolmo, antes de las diez cincuenta de la mañana.
Ale, ya tenemos anécdota para todo el viaje.
Bueno, en realidad, nos vamos a Estocolmo, pero en una de estas divertidas y estrambóticas cosas que tienen las compañías de bajo coste, resulta que sale más barato viajar de Århus a Estocolmo vía Londres. Para los no iniciados en geografía es ir una hora y cuarto en avión hacia la izquierda para luego viajar dos horas hacia la derecha.
Ambos sabemos que no tiene sentido pero, nos da la oportunidad de visitar Londres por segunda vez (quién nos lo iba a decir).
Salíamos a las cinco de la mañana, no porque quisiéramos, obviamente, sino porque el avión a Londres era a las diez cincuenta y no queríamos llegar tarde.
Todo estaba controlado hasta el último minuto. Todo? Por supuesto que no, que estamos hablando de Elliot y Laura viajando!
En realidad el tema de autobuses sí estaba controlado, pero el problema siempre somos nosotros así que... qué pasa cuando el autobús que pillas tiene cuatro paradas en una plaza? Que siempre te bajas en la que no es. Y siempre vas a mirar cuál es la parada correcta empezando por la más alejada.
Pero claro, esto no lo sabes hasta que das la vuelta a tooooda la plaza mirando cada dos segundos el reloj y comprobando con el otro ojo por si vemos el autobús que debemos tomar.
Así que ahí estamos, a las cinco de la mañana, con un frío estupendo y con esa lluvia fina que se cala en los huesos, buscando desesperados la parada del bus 123, dando la vuelta al ruedo, como los toreros, pero sin el traje ni las luces.
Y ya cuando nuestras esperanzas de encontrar la parada (y con ello tomar el bus correcto, que nos lleve al otro autobús que debemos coger para llegar al aeropuerto y subir al avión que nos llevará a Estocolmo, digo Londres y luego Estocolmo, antes de las diez cincuenta de la mañana) nos dirigimos a la única parada que nos queda por revisar. Y, tachán, es la nuestra.
Laura mira desesperada el horario y me dice, con una lágrima escapándose de sus ojos, que el bus se ha ido hace dos minutos y que el próximo pasa en una hora.
Me siento en la acera, ya ni siento la lluvia colándose por mi abrigo, vaya viaje más corto. Podemos volver andando a casa desde aquí, pero no me apetece mover ni un músculo.
Laura se sienta a mi lado, igual que yo, pasa de la lluvia, creo que no sabe siquiera que está lloviendo.
Entonces, un chico con una maleta enorme nos pregunta si tenemos que coger el 123. Le respondo que sí (Laura se está imaginando cómo es Estocolmo, por aquello de no darse cuenta de que no va a visitarlo de verdad) y el tipo me responde: "Ah, tranquilos, yo también lo estoy esperando y llega tarde, todavía no ha pasado el de las 513"
Laura despierta de su pesadilla y yo he vuelto a recordar que la lluvia moja y que la comida que llevo en la mochila debe estar nadando.
Nos levantamos de un salto y confiamos en que el tipo de la maleta enorme tenga razón. Y, por una vez, Laura también confía. Y por una vez, la persona no nos ha mentido: LLEGA EL 123!!!!!
Nos montamos, dejamos las mochilas en unos asientos y nos vamos a celebrarlo al final del autobús donde hay sitios vacíos (son las 5 de la mañana, todo el bus va vacío!!) con una gran siesta que esperemos termine cuando el autobusero nos diga que es la última parada, que debemos bajarnos para coger el autobús 212 que nos llevará al aeropuerto para subirnos al avión que nos llevará a Estocolmo, digo Londres y luego Estocolmo, antes de las diez cincuenta de la mañana.
Ale, ya tenemos anécdota para todo el viaje.
Nos leemos en el siguiente,
Elliot y Laura
03 noviembre 2009
El semáforo está...
Aviso a los viajeros que se atrevan a soportar el crudo? invierno danés.
Cuando vayais a cruzar un paso de cebra, unos pajaritos os avisarán de cuándo se ha puesto verde, pero ATENCIÓN:
NO avisa de cuándo se pone rojo!!!!
Y lo más importante:
NUNCA TE DARÁ TIEMPO A CRUZAR TODO EL PASO EN VERDE!!!!!!
No sé cómo lo hacen los daneses, pero nosotros, por muy rápido que vayamos siempre acabamos corriendo en mitad del cruce.
Será que hacen los semáforos para las biblicletas y no para los peatones???
Cuando vayais a cruzar un paso de cebra, unos pajaritos os avisarán de cuándo se ha puesto verde, pero ATENCIÓN:
NO avisa de cuándo se pone rojo!!!!
Y lo más importante:
NUNCA TE DARÁ TIEMPO A CRUZAR TODO EL PASO EN VERDE!!!!!!
No sé cómo lo hacen los daneses, pero nosotros, por muy rápido que vayamos siempre acabamos corriendo en mitad del cruce.
Será que hacen los semáforos para las biblicletas y no para los peatones???
Nos leemos,
Elliot y Laura.
27 octubre 2009
Supermerca 3
La de juego que están dando los supermercados...
No es que nos pasemos la vida comprando en este país, es más, pasamos más tiempo comparando precios y descubriendo nuevos tipos de panes que comprando, que la economía no está para muchas cosas.
Pero es que siempre pasan cosas en los centros comerciales. Vale, siempre NOS pasan cosas en los centros comerciales.
El viernes, por hacer la gracia y porque no teníamos otra cosa que hacer más interesante, nos fuimos a una gran superficie de esas en las que entras pensando en comprar una cosa y terminas con el carro lleno. (Nunca es nuestro caso)
Y decidimos coger unos de esos carritos que aquí te encuentras en todos los sitios porque no necesitan moneda. Si esto fuera España... los supermercados no ganaban para comprar más.
Es Laura quien decide llevarlo, y me parece bien, es viernes y no me apetece hacer nada.
Cogimos el carrito a unos cien metros de la entrada, así que nos entretuvimos en el camino haciendo carreras por el aparcamiento. Era viernes por la mañana, así que no había muchos coches.
Llegamos a la puerta del supermercado y vemos que nos indican por la puerta giratoria de la izquierda porque los carritos no pueden pasar por la de la derecha. Así que allá que fuimos.
Nos metemos en la puerta y... AHÍ NOS QUEDAMOS.
Ni para delante ni para atrás, la puerta giratoria deja de ser giratoria y nos quedamos encerrados en medio.
Después de tantas y tantas aventuras, esto nos parece tan absurdo (y mira quién lo dice) que sólo se nos ocurre ponernos a reir estúpidamente mientras el guardia de seguridad viene corriendo porque la gente se ha parado delante de la puerta y se empieza a generar cierta confusión.
Yo sólo puedo sentirme como un mono detrás de los barrotes de su jaula en el zoo, pero sigo sin poder parar de reírme y menos si miro a Laura a la que se le van a saltar las lágrimas y las gafas.
Tres (pero qué tres) gloriosos minutos después, un consumidor empuja la puerta hacia el otro lado de por donde nos habíamos metido nosotros. Así que poco a poco, vamos retrocediendo hasta volver al punto de partida.
El guardia de seguridad nos mira mal y nos empieza a decir algo que no entendemos. Hasta que nos señala el cartel que hay encima de la puerta y comprendemos: la puerta giratoria sólo era de entrada, así que entras por el lado contrario, la puerta se bloquea y deja de dar vueltas.
Yo le doy las gracias por la explicación y Laura pide perdón por la confusión. Y otro ejemplo más de cómo es este país, el guardia nos sonríe y nos dice que no pasa nada, que el danés es así de incomprensible!!!
Con los abdominales todavía doliéndonos por la risa, entramos al supermercado, pero sé que en cuanto lo volvamos a pisar saltará una alarma en el sistema con un mensaje que diga:
CAUTION!!! CAUTION!!! CAUTION!!!
Por supuesto, el total de nuestra compra ha supuesto unas 15 koronas, poco más de dos euros. Para qué pagar una entrada carísima para un parque de atracciones si tienes supermercados con entrada gratuita???!!!!!!
Nos leemos en el siguiente,
Elliot y Laura.
No es que nos pasemos la vida comprando en este país, es más, pasamos más tiempo comparando precios y descubriendo nuevos tipos de panes que comprando, que la economía no está para muchas cosas.
Pero es que siempre pasan cosas en los centros comerciales. Vale, siempre NOS pasan cosas en los centros comerciales.
El viernes, por hacer la gracia y porque no teníamos otra cosa que hacer más interesante, nos fuimos a una gran superficie de esas en las que entras pensando en comprar una cosa y terminas con el carro lleno. (Nunca es nuestro caso)
Y decidimos coger unos de esos carritos que aquí te encuentras en todos los sitios porque no necesitan moneda. Si esto fuera España... los supermercados no ganaban para comprar más.
Es Laura quien decide llevarlo, y me parece bien, es viernes y no me apetece hacer nada.
Cogimos el carrito a unos cien metros de la entrada, así que nos entretuvimos en el camino haciendo carreras por el aparcamiento. Era viernes por la mañana, así que no había muchos coches.
Llegamos a la puerta del supermercado y vemos que nos indican por la puerta giratoria de la izquierda porque los carritos no pueden pasar por la de la derecha. Así que allá que fuimos.
Nos metemos en la puerta y... AHÍ NOS QUEDAMOS.
Ni para delante ni para atrás, la puerta giratoria deja de ser giratoria y nos quedamos encerrados en medio.
Después de tantas y tantas aventuras, esto nos parece tan absurdo (y mira quién lo dice) que sólo se nos ocurre ponernos a reir estúpidamente mientras el guardia de seguridad viene corriendo porque la gente se ha parado delante de la puerta y se empieza a generar cierta confusión.
Yo sólo puedo sentirme como un mono detrás de los barrotes de su jaula en el zoo, pero sigo sin poder parar de reírme y menos si miro a Laura a la que se le van a saltar las lágrimas y las gafas.
Tres (pero qué tres) gloriosos minutos después, un consumidor empuja la puerta hacia el otro lado de por donde nos habíamos metido nosotros. Así que poco a poco, vamos retrocediendo hasta volver al punto de partida.
El guardia de seguridad nos mira mal y nos empieza a decir algo que no entendemos. Hasta que nos señala el cartel que hay encima de la puerta y comprendemos: la puerta giratoria sólo era de entrada, así que entras por el lado contrario, la puerta se bloquea y deja de dar vueltas.
Yo le doy las gracias por la explicación y Laura pide perdón por la confusión. Y otro ejemplo más de cómo es este país, el guardia nos sonríe y nos dice que no pasa nada, que el danés es así de incomprensible!!!
Con los abdominales todavía doliéndonos por la risa, entramos al supermercado, pero sé que en cuanto lo volvamos a pisar saltará una alarma en el sistema con un mensaje que diga:
CAUTION!!! CAUTION!!! CAUTION!!!
Por supuesto, el total de nuestra compra ha supuesto unas 15 koronas, poco más de dos euros. Para qué pagar una entrada carísima para un parque de atracciones si tienes supermercados con entrada gratuita???!!!!!!
Nos leemos en el siguiente,
Elliot y Laura.
23 octubre 2009
De convivencias
En la cocina de mi alojamiento existe un artefacto similar a una jarra que sirve para calentar agua. Llenas el envase, lo pones encima de una placa que calienta y en dos minutos tienes lista el agua para el té.
Un invento magnífico, útil y parece que imprescindible para la gente de por aquí (no solo daneses, sino de cualquier país) porque hoy ha sucedido una pequeña tragedia.
Nos levantamos Laura y yo y cuando salimos a la cocina, vemos a cuatro de nuestros compañeros revisando la jarra mágica que convierte el agua del grifo en té. Les pregunto qué pasa y me dicen que no funciona. Una de las chicas suspira afectadísima, otro recoge su taza y se va de la cocina y los otros dos continúan intentando reanimar al pobre electrodoméstico.
No pillamos mucho de danés, pero por el tono, creemos descubrir que están bastante cabreados, parece que se les ha muerto un ser querido y especial y que ya no van a poder beber té para el resto de sus días.
Yo me quedo mirándoles extrañado porque no entiendo la gravedad del asunto. Y Laura lo demuestra científicamente. Coge un vaso, lo llena de agua y lo introduce dos minutos en el microondas. Lo saca, coge una bolsita de té y la mete dentro del agua. En treinta segundos, lo que me cuesta a mi sacar las tostadas, el agua del vaso se tinta de té negro. Perfecto y listo para beber.
Los otros tres chicos (que poco más y le hacen el boca a boca a la jarra) miran atónitos cómo Laura se empieza a beber el té mientras pone la mantequilla en las tostadas.
Nos vamos a la mesa a desayunar mientras el chico alemán coge su vaso, lo llena de agua y lo mete dos minutos en el microondas.
Cinco minutos después, el chico alemán se sienta con nosotros en la mesa a tomarse su té, tranquilamente.
Y terminamos de desayunar con la sensación de haber ganado mil puntos entre los estudiantes con quienes compartimos la cocina.
Qué sencilla es a veces la vida y cuánto nos la complican las máquinas.
Pero, sobre todo, qué bien se siente uno al cerrar la puerta de la cocina con una sonrisa de triunfo en la cara.
PS: La jarra ha resucitado, pero creo que ya no les importa tanto que no funcione tan bien como antes. Si es que... como diría mi prima ex-inglesa y pronto prima tailandesa... Hay que ser falto!!!!
Un invento magnífico, útil y parece que imprescindible para la gente de por aquí (no solo daneses, sino de cualquier país) porque hoy ha sucedido una pequeña tragedia.
Nos levantamos Laura y yo y cuando salimos a la cocina, vemos a cuatro de nuestros compañeros revisando la jarra mágica que convierte el agua del grifo en té. Les pregunto qué pasa y me dicen que no funciona. Una de las chicas suspira afectadísima, otro recoge su taza y se va de la cocina y los otros dos continúan intentando reanimar al pobre electrodoméstico.
No pillamos mucho de danés, pero por el tono, creemos descubrir que están bastante cabreados, parece que se les ha muerto un ser querido y especial y que ya no van a poder beber té para el resto de sus días.
Yo me quedo mirándoles extrañado porque no entiendo la gravedad del asunto. Y Laura lo demuestra científicamente. Coge un vaso, lo llena de agua y lo introduce dos minutos en el microondas. Lo saca, coge una bolsita de té y la mete dentro del agua. En treinta segundos, lo que me cuesta a mi sacar las tostadas, el agua del vaso se tinta de té negro. Perfecto y listo para beber.
Los otros tres chicos (que poco más y le hacen el boca a boca a la jarra) miran atónitos cómo Laura se empieza a beber el té mientras pone la mantequilla en las tostadas.
Nos vamos a la mesa a desayunar mientras el chico alemán coge su vaso, lo llena de agua y lo mete dos minutos en el microondas.
Cinco minutos después, el chico alemán se sienta con nosotros en la mesa a tomarse su té, tranquilamente.
Y terminamos de desayunar con la sensación de haber ganado mil puntos entre los estudiantes con quienes compartimos la cocina.
Qué sencilla es a veces la vida y cuánto nos la complican las máquinas.
Pero, sobre todo, qué bien se siente uno al cerrar la puerta de la cocina con una sonrisa de triunfo en la cara.
Nos leemos en el siguiente,
Elliot y Laura.
PS: La jarra ha resucitado, pero creo que ya no les importa tanto que no funcione tan bien como antes. Si es que... como diría mi prima ex-inglesa y pronto prima tailandesa... Hay que ser falto!!!!
21 octubre 2009
Supermerca 2 (Donde las dan...)
Volvemos al super y volvemos a no entender nada de lo que pone en las etiquetas, la gente habla inglés, pero las patatas no.
Divisamos un tarro de algo que nos parece mantequilla, pero como no estamos seguros y no queremos llegar a casa con comida para perros, Laura decide preguntar a una señora que pasaba por allí.
Ni corta (bueno, un poco, para qué vamos a mentir a estas alturas) ni perezosa, a la muy... no se le ocurre otra cosa que decirle a la señora: Was ist das? así, en alemán y sin remordimientos (por ahora), que no quiere decir otra cosa que "Qué es esto?".
Con tan mala fortuna que la señora no solo sabía inglés, sino que también sabía alemán.
Diez minutos y veinte asentimientos de cabeza por parte de Laura después, me viene a buscar al otro lado del pasillo en el que me estoy escondiendo para que no vea que se me va a salir al diafragma de tanto reirme.
Tres minutos de (mis) risas más tarde y seguimos sin saber si podemos comprar el tarro que parece mantequilla o sigue siendo comida para perros.
Por lo menos, Laura aguantó estoicamente la explicación pillando un par de palabras de cada veinte y no se le ocurrió cortar a la mujer para decir si se lo podía explicar en inglés porque ya me estoy imaginando a la buena compradora pensando "Y esta idiota? Me pregunta en alemán y luego no sabe ni media palabra... Mejor me alejo porque estos extranjeros están locos".
Y yo también me voy a alejar porque Laura ya me está mirando mal.
Divisamos un tarro de algo que nos parece mantequilla, pero como no estamos seguros y no queremos llegar a casa con comida para perros, Laura decide preguntar a una señora que pasaba por allí.
Ni corta (bueno, un poco, para qué vamos a mentir a estas alturas) ni perezosa, a la muy... no se le ocurre otra cosa que decirle a la señora: Was ist das? así, en alemán y sin remordimientos (por ahora), que no quiere decir otra cosa que "Qué es esto?".
Con tan mala fortuna que la señora no solo sabía inglés, sino que también sabía alemán.
Diez minutos y veinte asentimientos de cabeza por parte de Laura después, me viene a buscar al otro lado del pasillo en el que me estoy escondiendo para que no vea que se me va a salir al diafragma de tanto reirme.
Tres minutos de (mis) risas más tarde y seguimos sin saber si podemos comprar el tarro que parece mantequilla o sigue siendo comida para perros.
Por lo menos, Laura aguantó estoicamente la explicación pillando un par de palabras de cada veinte y no se le ocurrió cortar a la mujer para decir si se lo podía explicar en inglés porque ya me estoy imaginando a la buena compradora pensando "Y esta idiota? Me pregunta en alemán y luego no sabe ni media palabra... Mejor me alejo porque estos extranjeros están locos".
Y yo también me voy a alejar porque Laura ya me está mirando mal.
Nos leemos en el siguiente,
Elliot (solo, que Laura no se atreve a compartir este)
30 septiembre 2009
No querías una ducha, pues toma dos (ACCIÓN!)
Elliot no quiere que publique esto, pero como ahora el diario también es en parte mío...
Cuando llegamos a nuestra casa danesa por primera vez, investigamos uno por uno los rincones para asegurarnos de que todo estuviera en perfecto estado. Lo estaba? No del todo, pero no fue eso lo que más nos sorprendió.
En la publicidad que nos enviaron meses atrás, nos indicaban que la habitación tenía baño propio, con ducha incluida. Así que nos sorprendimos muchísimo de no encontrarla en nuestros primeros cinco minutos de inspección casera.
Salimos a la sala común de la residencia, revisamos las habitaciones y ninguna era una sala con duchas, por si era así como funcionaban los daneses. Pero no encontramos nada parecido.
Volvimos a entrar y revisamos de nuevo el baño.
O estamos tontos o ciegos o las dos cosas, pero no encontramos nada.
Hasta que decidimos dejar la búsqueda empezada para ir a comer algo. Y yo, como buena persona civilizada que soy, me voy a lavar las manos.
Abro el grifo del lavabo y sorpresa, descubro que debajo del lavabo... está la ducha!!!!
En realidad es un cable extensible terminado en la alcachofa, pero AHÍ ESTÁ (ahí está la puerta...) Y como vemos un colgador en la pared, decidimos poner la ducha en un sitio alto, para que nos sea más cómodo ducharnos sin tener que estar estirando el cable cada vez.
Y con ese descubrimiento también nos percatamos de que todo el baño es ducha (no puertas, no cortinas), así que, nadie podrá decirnos nada si mojamos el suelo!!!!!!!!!!(ni el suelo, ni la taza, ni el lavabo ni el espejo, ni la puerta)!!!!!
Pero, atención, mis queridos lectores, atención.
Siempre que vayan a utilizar la ducha, acuérdense de apretar la palanquita que hace que el agua salga por la ducha y no por el lavabo.
Pero: ATENCIÓN!!!!!!!
Cuando vayan a utilizar sólo el lavabo, acuérdense de quitar la palanquita que hace que el agua salga por la ducha y no por el lavabo. Porque si no, les pasará como a Elliot, que se fue a lavar las manos y acabó duchándose de cabeza a pies.
Cuando llegamos a nuestra casa danesa por primera vez, investigamos uno por uno los rincones para asegurarnos de que todo estuviera en perfecto estado. Lo estaba? No del todo, pero no fue eso lo que más nos sorprendió.
En la publicidad que nos enviaron meses atrás, nos indicaban que la habitación tenía baño propio, con ducha incluida. Así que nos sorprendimos muchísimo de no encontrarla en nuestros primeros cinco minutos de inspección casera.
Salimos a la sala común de la residencia, revisamos las habitaciones y ninguna era una sala con duchas, por si era así como funcionaban los daneses. Pero no encontramos nada parecido.
Volvimos a entrar y revisamos de nuevo el baño.
O estamos tontos o ciegos o las dos cosas, pero no encontramos nada.
Hasta que decidimos dejar la búsqueda empezada para ir a comer algo. Y yo, como buena persona civilizada que soy, me voy a lavar las manos.
Abro el grifo del lavabo y sorpresa, descubro que debajo del lavabo... está la ducha!!!!
En realidad es un cable extensible terminado en la alcachofa, pero AHÍ ESTÁ (ahí está la puerta...) Y como vemos un colgador en la pared, decidimos poner la ducha en un sitio alto, para que nos sea más cómodo ducharnos sin tener que estar estirando el cable cada vez.
Y con ese descubrimiento también nos percatamos de que todo el baño es ducha (no puertas, no cortinas), así que, nadie podrá decirnos nada si mojamos el suelo!!!!!!!!!!(ni el suelo, ni la taza, ni el lavabo ni el espejo, ni la puerta)!!!!!
Pero, atención, mis queridos lectores, atención.
Siempre que vayan a utilizar la ducha, acuérdense de apretar la palanquita que hace que el agua salga por la ducha y no por el lavabo.
Pero: ATENCIÓN!!!!!!!
Cuando vayan a utilizar sólo el lavabo, acuérdense de quitar la palanquita que hace que el agua salga por la ducha y no por el lavabo. Porque si no, les pasará como a Elliot, que se fue a lavar las manos y acabó duchándose de cabeza a pies.
Nos leemos en el siguiente,
Laura y Elliot.
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