29 abril 2009

SOY FAMOSOOOOOOOOOOOOO


¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡He salido en la tele!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


Mis quince segundos de gloria los podrán encontrar aquí:

a) http://pagina2.rtve.es/
b) Todos los programas.
c) Programa número 62 (está dedicado a Bernando Atxaga, pero creo que es una excusa, jeje)

Pero tengan en cuenta que salgo al final (antes de que aparezcan unos bellos flamencos y otros bichos, y no quiero comentarios) y literalmente son 15 segundos de gloria, pero...

HE SALIDO EN LA TELEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

Y como dicen en una canción española: "Soy famosooooo y salí en televisión con mi nombre propiooooo"

Ains, ya el día ha dejado de tener sentido para mi.

Nos leemos en el siguiente (si mis fans me dejan),

Elliot Potter.

03 abril 2009

Ya ha llegado la primavera... a mis zapatos

Ha llegado la primavera, así que he sacado los zapatos primaverales para que mis pies respiren este aire tan puro y lleno de alergias.

Nos hemos ido con ellos hasta una biblioteca y hemos visto que el cielo estaba un poco encapotado, pero, obviamente no se nos ha ocurrido a ninguno de los tres, coger el paraguas. ¿Total para qué, si siempre terminamos más mojados con paraguas que sin él?

Hemos llegado sanos y secos a devolver un libro, hemos cogido otro y en la puerta de la biblioteca, el diluvio universal. Por lo menos, el madrileño, que tampoco hay que exagerar.

Como somos de norte, hemos salido a la calle sin preocuparnos de nada.

Cien metros más abajo, mis zapatos empiezan a quejarse: chof, chof, chof, chof, chof...

Ciento un metros más abajo, los calcetines también se quejan: chof, chof, chof, chof, chof, chof, chof...

Llego a casa. Me quito los zapatos, me quito los calcetines, buceo hasta el baño y una vez allí compruebo, por decimotercera vez en lo que llevamos de año que esos zapatos TIENEN UN MONTÓN DE AGUJEROS EN LA SUELA!

Pero, sí, todos sabemos que nos los volveremos a poner cuando llueva. ¿Dos veces en la misma piedra? Y tres, y cuatro, y cinco...

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

11 marzo 2009

103!!

Se acabaron los exámenes, se acabaron las vacaciones en Oporto y volvemos a la rutina.

A principios de curso, me agencié un candado para poder tener una taquilla cerca de clase y poder dejar ahí mis objetos varios y no tener que ir cargando con ellos todo el día.

Ahora que he vuelto y quería hacer un uso más continuado de la taquilla...

NO SÉ CUÁL ES!!!

Todo un mes tratando de acordarme del número de la taquilla y nada.

Así que hemos pasado a la acción: despacio, porque a los delincuentes les va mejor la lentitud que las prisas, estoy revisando todas las taquillas donde se supone que estaba la mía.

Pues bien, un mes más tarde, sólo puedo constatar que mi candado no está en ninguna de las 103 TAQUILLAS en las que podía haber estado!!!!

¿Dónde estará mi taquilla? Ni idea, pero la cara que se me ha puesto de delincuente por ir abriendo una a una tooooodas las taquillas de mi pasillo, no se me irá nunca.

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

18 febrero 2009

O(h) Porto, mío (2ª parte)

Todo lo bueno se acaba pronto, incluidos los croissanes, las galletas, las rosquillas de chocolate, el queso, los panecillos, las cookies, el chocolate, las chucherías. Madre mía, qué alimentación sana llevábamos, ¿eh?

Pero el viaje llega a su fin.
El miércoles nos fuimos lentamente hacia el metro, que no pagamos, y llegamos al aeropuerto con tiempo de sobra.
Pasamos los controles de seguridad, incluyendo un "¿Qué llevas ahí en el bolsillo?", "Es un pañuelo usado, señora, un pañuelo" y nos vamos a comprar vino de la tierra a un precio 1000 veces mayor que en el resto de Oporto. Bueno, el free tasting también entró en el precio, así que no fue tan free.

Tras las compras, nos fuimos hacia la salita donde aguardamos a que llegara nuestro avión.
Nos entró el miedo cuando el tipo que estaba embarcando a los que iban a Frankfurt obligó a muchísima gente a llevar todos los paquetes en uno solo, por lo que más de uno tuvo que dejar lo que acababa de comprar allí tirado en el aeropuerto.
Ante esa situación, intentamos meter absolutamente todo en las mochilas. Incluidos 10 croisannes que nos dolieron verlos tan espachurrados.
Pero, obviamente, la bolsa con las botellas no cabía ni de Blas.

Ya estábamos planeando cómo engatusar al de la puerta cuando nos damos cuenta que se acerca la hora. Nos ponemos en la cola, pero vemos en la pantalla que el vuelo es para Amsterdam y no para Madrid. A mi me daba igual irme a Amsterdam, pero Laura y MJ se preocuparon por si se había retrasado ese y ahora habría que embarcar por otra puerta para Madrid.
Pero no, ese avión iba correctamente para Amsterdam.
Y entonces, ¿el que va para Madrid?. Qué raro, es casi la hora y...

¿Casi la hora? ¿CASI LA HORA? Pero la hora de España y no de Portugal!!!
Por lo que queda TOOOOOOODA UNA HORA para que realmente sea nuestro vuelo.
¿Por qué no cambiamos la hora cuando llegamos aquí? Por no cometer estupideces como esta.

Así que, después de las prisas por recoger todas nuestras pertenencias en un solo paquete, descubrimos que teníamos una hora para buscar Nesteas con sabor a mango y piña por todo el aeropuerto.
Después de recorrerlo entero (es decir, 10 minutos más tarde), nos acomodamos a esperar en unas sillas de madera.
Quince minutos de Oporto después, descubrimos unos sillones en los que no había nadie, pero tampoco había que pagar. Estos oportanos...

Allí nos podían haber dado las tres de la tarde del día siguiente. Esos sillones eran una maravilla. Pero teníamos que regresar.

A diez minutos para que saliera el avión, volvemos a bajar a la puerta 14 y descubrimos, no sin cierto temor, que ya no hay nadie esperando. ¿llegamos casi tres horas antes y HEMOS PERDIDO EL AVIÓN? Sólo nos puede ocurrir a nosotros.
Pero ya les dije que el tiepo en Oporto pasa de otra manera, así que es posible.

Tal sería nuestra cara de "Chicos, acabamos de perder el avión", "No puede ser, faltan diez minutos, FALTAN DIEZ MINUTOS" que una azafata nos pregunta si volamos en ese avión. Sï, Sí, SÍ!! y en menos de un minuto nos chequea la tarjeta de embarque y salimos al exterior a buscar nuestro transporte.
Tanta angustia porque nos dijeran que no podríamos volar con las botellas y ni nos las miraron.
Ahí está el truco, llega diez minutos antes de que se vaya el avión y te dejarán subir con botellas, armas y una bomba en la mano.

Con prisas y con malas caras de los azafatos y azafatas del avión, subimos las mochilas a los compartimentos, nos sentamos en unos asientos libres, nos abrochamos el cinturón y descansamos del estrés.
En ese momento, una voz de ultratumba nos dice que el avión está a punto de despegar y que debemos apagar los móviles.

¿Los móviles? ¿LOS MÓVILES? ¿DÓNDE ESTÁN LOS MÓVILES?
¿Dónde van a estar? Dentro de la bolsita, dentro de la bolsa, dentro de la mochila que está dentro del compartimento.

Nos volvemos a agobiar, nos desabrochamos el cinturón, nos levantamos, sacamos las mochilas del compartimento (la mía goteando además), buscamos desesperados los teléfonos (y todo por la manía de querer que todo vaya en el mismo paquete), los apagamos, volvemos a cerrar la bolsita del móvil que va dentro de una bolsa más grande que va dentro de la mochila, volvemos a subirlas al compartimento (los azafatos ya están escribiendo nuestros nombres junto a la advertencia de: NO PUEDE VOLAR), nos sentamos/derrumbamos, nos abrochamos el cinturón y nos volvemos a relajar. Mientras, el avión ya se está moviendo...

Una hora más tarde, nuestras caras muestran un agotamiento brutal y nuestro ánimo sigue volando porque desde luego yo aún no lo he recuperado.

Tendremos que ir a buscarlo montados en otro avión... ¿Para cuándo el siguiente?

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

11 febrero 2009

O(h) Porto Mío (1º parte)

Viaje con Laura y MJ a Oporto. Sí, ya se pueden empezar a reír.

El avión genial, dando la paliza a todos los que nos acompañaban. ¿Cómo se puede hablar tanto rato seguido? No lo sé, pero lo hicimos.


Y llegamos a una ciudad mágica, donde el tiempo pasa de una forma rara (o directamente no pasa) y donde nos sentimos ruines al ver que hasta los ciegos
picaban el billete de metro y nosotros nos colábamos. Pero, jo, es que no tienen torniquetes, es el paraíso de los que somos como nosotros, ruines.

El diluvio universal nos hace refugiarnos en la Pensao (así, con acento portugués) ya por la tarde y tras varias pelis en versión original (cómo mola, tío) salimos de nuevo a perdernos una y mil veces y a hacer tiempo porque hemos preguntado a la recepcionista cuándo podríamos volver, nos ha dicho a eso de la una o las dos y no nos parece respetable regresar antes de las ocho. (qué tristes somos!!)
Así que, para hacer el turi un rato, nos pillamos una pizza Portuguesa en Portugal. No se puede ser más guiri, lo sabe
mos, pero allá que compartimos una pizza mediana (que aquí llaman "familiar", cuestión de morro publicitario) y un refresco.

Y no llegan a dar las diez de la noche y ya volvíamos. ("Estaba por aquí, pero esto no me suena, claro, como que nos la acabamos de pasar!!")


Y llega la noche. Y parece que pasa (la noche, digo), por eso nos despertamos pensando que ya serán las once de la mañana porque hemos descansado un montón y miramo
s el reloj para comprobar que son... las cuatro de la madrugada.

Y nos vuelve a pasar un rato después (que nos parecen días enteros), se despiertan MJ y Laura, les pregunto qué hora es, me dicen que las ocho, les digo que no puede ser, me dicen que sí, les digo que llevo e
n la cama siglos, ellas me dicen que ellas también y es cuando MJ se da cuenta. No son las ocho de la mañana, SON LAS SIETE porque en Portugal es una hora menos.
Y yo no puedo estar más en
la cama, me entra la risa y me tengo que ir al baño.

Vuelvo, me duermo otra vez. Me despierto y ahora sí que sí que tiene que ser la una del mediodía y MJ otra vez, "No, son las ocho y cuarto". NO PUEDE SER!!!! Y decidimos venir a vivir a Oporto en época de exámenes porque está clarísimo que nos cundiría mucho más el tiempo.

Como no se puede exp
licar una ciudad como Oporto en un diario, sólo se puede vivir, les terminaré contando que lo mejor de la ciudad, no son las casas viejunas, ni el puente, ni que esté a un centímetro de la nada porque si te asomas un poco más de la cuenta te caes de la península Ibérica, no. Lo mejor de la ciudad son LOS CROISSANES!!!! a 30 céntimos la unidad, adivinen qué comimos, desayunamos y cenamos...


Continuará...


Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

22 enero 2009

El día del juicio...

Esto de tener juicio no me va demasiado.
Resulta que a Laura le está saliendo ahora y es un poco raro, porque yo pensaba que lo adquirías o incluso lo podías comprar, como en las pelis.
Pero parece ser que sale de tu interior.
Y tiene todas las papeletas para que no me apetezca lo más mínimo tenerlo.

Sólo tiene desventajas:
- Para empezar, no puedes abrir la boca del todo (o casi nada, ¿verdad, Laura?)
- Así que no puedes comer muy bien y los macarrones casi hay que pasarlos a puré.
- Es muy doloroso, sobre todo cuando veo a Laura intentando bostezar.
- Y lo peor, peor de todo, es que también te duele al reír, así que mejor no hacerlo.

Dicen que el juicio te sale cuando eres adulto. Creo que estaré de vacaciones cuando pasen la revisión ese día...

Qué aburrido es, pero tranquila, Laura, que ya estoy yo aquí para poder reirme por los dos. De tí, contigo... detalles preposicionales.

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

14 enero 2009

Ser VIP, durante tres segundos

Paseo despreocupado por la calle.
Un taxi se para justo delante de mi.

SEGUNDO UNO:
El taxista sale, abre la puerta del maletero y después la de los clientes.

SEGUNDO DOS (ó segundo segundo):
Me quedo petrificado.
¿Eso va por mi?
¿Laura ha contratado un taxi para que me lleve a casa?
¿Me subo?
¿Y si luego me cobra?
Porque con lo que llevo en la mochila no llego ni a cerrar la puerta.
Pero es que está justo delante de mi!
¿Me subo?
Que alguien me responda a algo!!!!

SEGUNDO TRES:
Decidido, me subo.
Oye, se ha parado él solito, yo no lo he llamado, se han abierto las puertas y estoy a menos de un paso de meterme en el taxi.
Venga, allá que voy!

SEGUNDO CUATRO:
Un tipo trajeado pasa velozmente por mi lado, introduce la maleta en el portaequipajes y se mete en el taxi mientras dice "Al aeropuerto, rápido, por favor", como en las películas.
El taxi arranca delante de mis narices.

Y yo me quedo ahí parado, ya no soy importante, pero me queda la duda de si el tipo se metió porque yo no me atreví y se coló...
Dudo, pero no de una forma normal, no, sino de una forma importante, que para algo he sido alguien durante tres segundos.

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

PS: ¿Se han fijado en la cantidad de cosas que puedo pensar en un solo segundo? Hasta yo estoy sorprendido.

23 diciembre 2008

¿Por qué?

Voy con Laura a comprar a un centro comercial.

Está en la otra punta del mundo por lo que pasamos tres cuartos de hora metidos en el metro.

Llegamos, miramos, no compramos, nos toman por delincuentes y nos vamos.

Decidimos volver en autobús, porque el camino será igual de largo, pero todavía es de día, así que podremos ir mirando el paisaje, atasco, polución del trayecto.
Como no tenemos ni idea de qué autobús nos lleva hasta el centro, le pregunto a una señora y me contesta que cualquiera de los autobuses que paren aquí lleva hasta el centro.

Fácil hasta para nosotros...

Llega un autobús, nos subimos, pero Laura tiene la excelente virtud de la desconfianza, por lo que le pregunta al autobusero si realmente llegamos hasta el centro.
El autobusero nos dice que sí, que al centro, pero de un pueblo de la sierra.

Ya a punto de cerrar las puertas, Laura y yo saltamos a la calle, de nuevo.

Laura me mira, yo encojo los hombros y ambos miramos a la señora que me había dicho que "Cualquiera de los autobuses que paren aquí lleva hasta el centro". Pero la señora no se da por aludida y sigue mirándose los pies.

Me pregunto por qué la gente te miente de esta forma tan descarada y sin ninguna razón.

¿Qué le habremos hecho nosotros?

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

15 diciembre 2008

24 estupideces por segundo

Si empiezas el día pensando que la pared está en el lado contrario al que realmente está, preparate para lo peor. Como así ha sido.
Así, al minuto cinco del día ya tengo un moratón estupendo en el codo. Y me meto en el baño más por inercia que por otra cosa.

Me voy a clase y voy a la parada porque, obviamente, llegamos ya tarde.
Menos mal que el autobús llega pronto. Me subo y es cuando visualizo un post it gigante en mi cabeza que pone: ELLIOT, HOY NO TE PUEDES OLVIDAR EL MÓVIL PORQUE TE VAN A LLAMAR. Y acto seguido, visualizo el teléfono en ¿mi mochila? No. En el cajón de mi mesa. ¿Dónde sino?
Pero no hay tiempo de volver. Y sólo son las nueve de la mañana...

Llego a la parada donde tengo que coger el siguiente autobús. Para pasar el rato, leo un periódico que hay tirado en la parada. Sólo hay deporte, así que no me interesa demasiado. Pero me pregunto por qué hay sólo deporte si el fútbol se juega en domingo. ¿No debería haber salido ayer lunes? Miro la fecha del periódico. Lunes, 15 de Diciembre de 2008. Voy a la repartidora de periódicos y le pregunto si me puede dar uno de hoy. Me lo da. Y es exactamente igual que el que llevo en la otra mano.
Vale, hoy entonces, NO es martes. Es lunes.
Bueno, son sólo las nueve y cuarto de la mañana, más vale enterarse ahora.
Vale, pero los lunes NO tengo que ir a la universidad, sino a la Escuela de Idiomas. ¿Y dónde estoy? Eso es, en la cola del autobús que me lleva a la universidad, donde NO tengo que ir hoy porque es lunes y NO martes.

No pasa nada, Elliot. Salte de la cola despacito, sin que se note mucho. Y vete a la Escuela de Idiomas que, a pesar de que has salido una hora antes de lo que deberías, vas a llegar tarde igualmente.

Claro que cuando llegas a una clase de idiomas, con los apuntes de las clases de la universidad, mucho no puedes hacer. Pero que no se diga, que para eso somos de norte.

Volvemos a casa (y ya no quiero salir nunca más) y son sólo las dos de la tarde. No sé si irme a dormir ya y dejar que este día acabe rápido. Pero el hambre puede más y me voy a la cocina a preparar algo.

Abro la nevera y, sí, no hay nada muy comestible. Porque como soy así, se me olvidó sacar las cosas del congelador ayer por la noche para que hoy se pudieran cocinar.
Miro en el armario, hay macarrones, comida solucionada.
Me preparo la pasta y cuando voy a darle vuelta para que no se pegue, no encuentro la cuchara de madera. Reviso de arriba a abajo toda la cocina, pero no aparece. Así que lo hago con un tenedor. Bueno, que todos los problemas sean esos...

Y entonces me doy cuenta. Para poner la olla en el fuego, he tenido que quitar una sartén que estaba en medio.
¿Y qué había dentro de la sartén?
La cuchara de madera.
Y si hubiera estado en una cacerola con tapa, pase, pero es que estaba en una sartén, que NO tiene tapa.

Macarrones listos y comidos (son las tres de la tarde, este día se me está haciendo muy largo)
Voy a recoger la cocina. Tiro los desperdicios del plato y ¿para qué quedarme en los desperdicios, si puedo continuar tirando los cubiertos? Allá que van.
Lo más triste de todo es que no me doy cuenta hasta que voy a fregar y me asalta la duda: ¿He comido los macarrones con las manos? No recuerdo haberlo hecho así, pero si no lo he hecho así, ¿dónde están los cubiertos?
En la basura, por supuesto.

Y para que el día no note nuestra presencia, me voy a mi cuarto a prepararle el regalo de la madre de Laura. Que ya que nos acoge en su casa siempre con los brazos y la nevera abiertos, qué menos que llevarle un regalillo para estas navidades.

Laura me ha dicho que le gusta mucho una cantante, así que le he grabado el disco. ¿Qué creían, que lo iba a comprar?
He grabado el disco y como no me funciona muy bien el ordenador, decido comprobarlo en el radiocasette de Laura.
Vale, no se oye nada.
El radiocasette funcionaba esta mañana, así que el disco no se ha grabado bien.
Vuelvo a intentarlo.
Vuelvo a comprobarlo y el nuevo disco vuelve a no oírse.

Lo regrabo, es decir, lo reregrabo y dicen que a la tercera va la vencida. (¿La vencida de qué?, me pregunto)
Lo pongo en el radiocasette y...
NADA.
Empiezo a darle golpecitos al radiocasette. Como si eso fuera a ayudar en algo, pero es que esta mañana funcionaba.
Pongo la radio, pero tampoco se oye. Me mosqueo.
Y entonces mi neurona se despereza y me da un toque: ¿Y si pruebas a subir el volúmen?
Efectivamente.
Claro que no se oía. Como que el volúmen estaba al mínimo.
Y así nos podíamos tirar tres días, por decir algo.

En serio, son las cinco de la tarde. Ya no puedo más.

Nos leemos en el siguiente (si es que me levanto),
Elliot.

07 diciembre 2008

Ser o no ser Elliot, that is the question

Salgo de clase, aburrido, con frío, lento, amuermado... y sólo veo calle delante de mi. Creo que no llegaré a atravesarla entera, me pesan demasiado los pies.
Un rumor lejano trata de entrar en mi mundo, pero no le dejo demasiado:

Voz:
- Eeroo (así, como susurrando algo que casi no distingo)

Voz:
- Héctor (creo que ahora lo he entendido un poco mejor)

Voz:
- Héctor! (el rumor se ha hecho un huequecillo y ya puede pasar un brazo)

Voz:
- Héctor!! (ya tiene medio cuerpo dentro)

Voz:
- Héctor!!! (sólo le falta pasar un pie)

Voz:
- HÉCTOR!!!!!!! (ya está, ha entrado en mi mundo)

Voz:
- HÉCTOR, COÑO, QUE SOY YO!!!!!!
Y ahora el rumor se ha hecho consistente, porque tira de la manga de mi abrigo hacia atrás, haciendo que me gire. Nunca había conocido un rumor tan fuerte, así que, por si acaso, no opongo resistencia.

Voz:
- Ay, perdón, que me he equivocado, lo siento.

Elliot, "el locuaz":
- ¿Eh?

Voz:
- Lo siento, pensaba que eras otra persona.

Elliot, "el locuaz, 2ª parte":
- Ah.

El rumor se va, pero ha conseguido entrar en mi mundo y sacarme a mi de allí: ya estamos al final de la calle.

Y estoy empezando a preocuparme. Me confunden con Eduardo, con Héctor. A ver si voy a ser yo el que está confundido y soy cualquiera de esas personas, menos Elliot.
Hala, ya se me ha quedado el rumor para toda la tarde...

Nos leemos en el siguiente,
Elliot.