31 octubre 2006

Una de médicos

Uno de los personajes de la vida real que más me gusta es el médico.
Ese ser que sin bata es una persona normal y corriente y cuando se la pone se convierte en un zombie ávido de sangre, la tuya, claro, no la suya, que no sabe muy bien qué decirte cuando no hay síntomas de resfriado y ese que todo lo que no sabe hacer lo soluciona enviándote a un psicólogo (que no es más ni menos que otro médico)

Pues ahí estaba yo, esperando que uno de esos seres vestidos de blanco, que me pregunto ¿será para que no se note la sangre?, me viera por un problema en mi nariz.

Sale la pseudo médica, esa que sólo se encarga de decirte tu nombre mientras el zombie de dentro está comiéndose el hígado del anterior paciente, y dice mi nombre.

Entro en la consulta con miedo y me pregunta:
-¿Eres elliot?
Y yo, pensando:
- ¿Y se supone que tú eres el que me ha de reconocer? (sí, ya sé, chiste fácil, pero qué quieren, estoy frente a un zombie en su estado natural y tengo miedo)
Y yo, hablando:
- Sí, soy Elliot.

Y su siguiente pregunta es:
- Pero, tú no tienes Alzheimer (esa enfermedad que parece perseguirme, jeje), ¿verdad?
Y yo, un poco flipando:
- ¿Alzheimer? Bueno, eso me lo tendrá que decir usted, pero en principio no venía por eso.
Médico:
- Ya, ya.

Y se queda un rato en silencio. ¿Me está diciendo de una forma un tanto rebuscada que tengo Alzheimer? ¿Sin haberme hecho ni una sola prueba? ¿Sólo mirándome a la cara? Qué guay!
Pero yo sigo esperando hasta que se digna a girarse en la silla y me mira.

Médico:
-Creo que aquí ha habido un error.
Y yo, pensando:
- ¿Seis años de medicina, más el MIR te han servido para llegar a esta conclusión?
Y yo, hablando:
- Pues será un error.

Médico, explicándome como a un niño pequeño:
-Mira, es que me han traído tu historial, porque aquí pone tu nombre, ¿ves?
(Yo: sí, veo, lo que tengo mal es la nariz, tío)
Pero dentro de la carpeta ha aparecido el historial de un tal Gregorio, que padece Alzheimer, ¿ves? y que tiene 86 años.
(Y me lo vuelve a enseñar: que sí, tío, que sí, que no habré estudiado una carrera, pero Barrio Sésamo no me lo perdía nunca)
Y entonces, como no tengo tu historial y no sé qué puede pasarte (y aunque lo tengas no sabrás lo que me pasa, fijo) pues que no te puedo atender, así que bajas a pedir cita y que te den para otro día.
Y yo, pensando:
- Oiga, mire, llevo aquí esperando una hora, me he levantado un día en el que tengo fiesta antes de las nueve de la mañana para que usted no me regañara por llegar tarde a una cita en la que debería decirme por qué me sangra la nariz. ¿Y va y me dice que se han confundido y que venga otro día?
Y yo, hablando:
- Vale.

Salgo de la consulta y me voy.

Pero salí con la sensación de que se me olvidaba hacer algo... ¿será de verdad el Alzheimer?
No lo sé, el caso es que tengo un post it desde hace más de mes y medio en mi habitación que pone: PEDIR CITA PARA QUE ME MIREN POR QUÉ ME SANGRA TANTO LA NARIZ.




Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

26 octubre 2006

Elliot terrorista juvenil

22:54 Metro de Madrid "informa": Quiero llegar a casa ya.
Meto el billete en el torniquete (ni Machado).
Oigo un tren, no sé si será en mi andén o en el del otro lado.
Pero bajo corriendo las escaleras.
Al pasar (la barca) cerca de una mujer, ésta se agarra el bolso y se aparta a un lado.
Y con cara de malas pulgas (las habrá buenas?) me grita:


GAMBERRO!!!!
Y yo quedo petrificado, me giro lentamente y la mujer me mira.
"Perdona, es que me has asustado"
¿Tendré cara de criminal? Yo, que soy más bueno que el pan.
Así que he decidido dejar de ser bueno, para que, por lo menos, me insulten con alguna razón y no por correr para no perder el vagón.


¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡PREPÁRATE MADRID!!!!!!!!!
Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

17 octubre 2006

Situación absurda, risa descontrolada

Lunes por la mañana. Tras un largo fin de semana de fiesta, vuelvo a esta mi segunda casa.
Jo, con lo bien que me lo he pasado, el lunes ha sido muy duro levantarse, pero lo he hecho.

Tras concluir (espero) la segunda parte de la aventura del billete ("Próximamente en sus pantallas") llego al sitio donde me acogen por la mañana mientras Laura aprende.
Enciendo todas las máquinas correctamente y comienzo a hacer unas tareas que me han encomendado para que no me aburra.

Al cabo de un rato me entran unas considerables ganas de ir al servicio y voy. Enciendo las luces, cierro la puerta, levanto la tapa del water, me desabrocho el cinturón y de repente: PLOFFFF!!!!! Oigo que algo cae dentro de la taza. Miro atentamente y descubro qué es: LA HEBILLA DE MI CINTURÓN!!!!
Miro hacia abajo, en mi pantalón, y no puedo explicarme cómo ha pasado, pero la cuestión es que la hebilla ha volado, literal, lateral o litoralmente, desde su sitio hasta caer en la taza.

Menos mal que las ganas de ir al baño todavía las tengo yo y menos mal también que el cinturón se suele desabrochar antes que el pantalón, porque si no ya me veo sumergido en las profundidades de otro líquido no tan transparente...
En fin, dejémoslo. Porque yo sigo mirando alternativamente el cinturón y la hebilla, cinturón, hebilla. Tan juntos antes, tan lejos ahora.Y sigo sin explicarme cómo ha podido pasar. Y por el rabillo/colilla del ojo observo en uno de los grandes espejos que hay en ese baño la cara de bobo integral que tengo.

Y no puedo esconder una sonrisilla al comprobar que esa es la cara que tengo siempre, así que ustedes no se hubieran sorprendido. Pero yo sí, la situación era para reírse y así, la sonrisa deja paso inmediatamente a una gran carcajada que trato de aguantar, pues sigo teniendo las mismas ganas de ir al baño que antes. Y si encima nos reímos...

Pero antes de desabrocharme el pantalón, y por si algo raro vuelve a ocurrir, saco la hebilla de la taza con ciudado y ya, por fín, dejo salir a "Miss ganas de ir al baño 2006"

Espero no encontrarme con nadie al salir pues estoy todavía con las lágrimas de la risa nerviosa y absurda que me ha entrado y creo que no causaría muy buena impresión. No quiero levantar sospechas ("¿Qué narices hará este tipo en el baño para que salga así de contento?". Me entienden, ¿verdad?)

Sigilosamente y tratando de aguantarme para no soltar una carcajada, apago las luces y cierro la puerta (Sí, ya he tirado de la cadena y me he lavado las manos!) y me vuelvo a mi sitio otra vez, donde aún me estoy riendo.

Y no se crean, que ya estoy en casa, han pasado varias horas y muchas otras cosas, pero aún me entra la risa cada vez que recuerdo la situación y mi cara de bobo reflejada en el espejo.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.



15 octubre 2006

Socializándonos I

Créanme, trato de ser un tipo social, relacionarme con el mundo de mi alrededor porque ya me han dicho más de una vez que es bueno para mi crecimiento personal.
Crecimiento, por otra parte, que nada tiene que ver con el de mi persona, pues aún estoy en trámites legales por la denuncia que les puse a los anunciantes de Petit Suisse por publicidad engañosa. (“Si comes dos, crecerás más”. Cretinos...)

En fin, a lo que iba. Ayer por la noche me dispuse a pasar una bonita velada con mi cena frente al televisor. Por una vez ponían una película que tenía muchas ganas de ver y no la pasaban a las tres de la madrugada.

El caso es que cuando llevaba 30 minutos de película llega mi “compi” de piso, que pongamos se llama Amaia. Mis nervios se alteran un poquito, pero me relajo.
- ¿Qué puede ocurrir si trato de ser social?, me pregunté.
- Nada, me respondí.
Pero nunca fui bueno en eso de engañarme a mi mismo.

Pero pasaron cinco minutos y como no ocurrió nada me relajé del todo. Amaia no iba a cambiar de canal (porque YO llegué ANTES!) y su cena no era muy ruidosa. Bien.

Pero llega el minuto 6 de mi sociabilidad: le llaman por teléfono. ¿Y qué hace? Pues lógico, contestar. Pero, ¿dónde? Allí mismo, no en su cuarto, no, sino en mitad del salón, en mitad de mi cena y en mitad de mi película.

Total que allí me veo, escuchando toda una conversación que no me interesa lo más mínimo. Y encima, la voz de mi compi no es que sea un susurro, precisamente. Así que oigo toooda su conversación, pero NO OIGO MI PELÍCULA!!

Así que me paso 20 minutos (20 MINUTOS!!!) en medio de una conversación absurda (pues sólo oigo la mitad del diálogo) a un volumen superior al que mis oídos están acostumbrados. Creo que hasta el altavoz de mi radio se tapa los oídos cuando oye hablar a esta niña. Sobre todo cuando, como en este caso, la niñita está enfadada.

Y todo porque el padre de la criatura quiere comprarle un ordenador de 60 megas, pero ésta, presa de un odio infundado que me da miedo (porque no olviden que sigo en la misma habitación, aunque sin oír la película) sólo le grita que si tan convencido está con ese ordenador que lo compre, pero que ella ha visto por igual precio otro que tiene 80 megas (no, no me he confundido, es lo que ella dijo porque “me han informado los de PC CITY”).

El final de la discusión (encima que te van a comprar un portátil ¿vas tú y te cabreas? Incomprensible para una mente inocente, y pobre, como la mía) y de mis 30 minutos de sociabilidad, llega con la siguiente frase:

(ADVERTENCIA: Lo que van a leer a partir de ahora son palabras textuales y antes de continuar les informamos que pueden herir la sensibilidad.)

“Bueno, papá, pues si te has empeñado con ese puto ordenador, cómpratemele y a tomar por culo”

¿Cómpratemele? ¿Cómpratemele? ¿Cómpratemele? ¿CÓMPRATEMELE!!!!!!?¿Qué narices significa esa palabra? Si casi no he podido ni escribirla!!!!!!

El caso es que cuelga totalmente enfadada, yo me he perdido treinta minutos de película, pero he terminado de cenar. Así que, me levanto, recojo mi plato y me voy a mi habitación.

Creo que mañana habrá más oportunidades de socializarme, pero por hoy ha sido suficiente. Y con esta energúmena que no conoce lo que es el respeto a las películas de los demás, he terminado.

Y encima, cuando llego a la siempre agradable soledad de mi cuarto, hay un mosquito que no para de pasarme en estereo por las orejas (ahora la izquierda y ahora la derecha).

Lo que también me fastidia es que si ella se compra un portátil... YO ME QUEDARÉ SIN INTERNET GRATIS!!!!!

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: He mirado en un diccionario de Laura y “cómpratemele” no sale. ¿Alguien podría decirme qué significa?



27 agosto 2006

Otra vez, noooo

A mi amiga Laura también le ocurren cosas "extrañas" y a menudo disparatadas, como a mi. Le tengo que decir que debería escribir su propio diario, pues su vida diaria está llena de anécdotas, aunque no le parezcan tan graciosas como me lo parecen a mi.

Esta es una de ellas y está contado por ella misma, yo sólo lo transcribo literalmente:

"Era martes por la mañana, me habían mandado a un supermercado a comprar cervezas, me habían dado el dinero y todo iba estupendamente.
Llegué a la sección de bebidas alcohólicas y cogí un pack de las cervezas que me habían dicho. No me costó mucho la operación pues eran las diez de la mañana y el supermercado estaba completamente vacío.

Me fui a una de las únicas cajas que había abiertas y dejé el montón de latas en la cinta transportadora. Traspasé esa cosa que parece un detector de mentiras y saqué el dinero del bolsillo. A pesar de que no había nadie, la cajera se estaba tomando su tiempo en pasar las cervezas por el código, cuando descubro que me está mirando con cara de pocos amigos.
Yo hago como que no me doy cuenta y sigo haciendo cuentas de cuánto le tengo que pagar.

En ese momento es cuando su voz me sorprende:

Cajera con cara de perro:
- ¿Cuántos años tienes?

Y comprendo el por qué de la expresión perruna de la señora. Pero es cuando a mi se me cambia la cara ya que, tras aguantar años y años de bromas y situaciones parecidas, grito para mis adentros: ¿Otra vez? NOOOOOOO.

Pero le contesto, con cara desafiante ante cualquier intento de pedirme el carné (pues no lo llevo encima, claro):
- Más de 18, señora.

Y yo creo que más por mi desafiante mirada que por mi cara de "niña buena" me cree y me devuelve las cervezas.

Pago y me voy.

Esta situación se ha repetido tantas veces que podría ser rica si me hubieran dado un céntimo por cada una de ellas. Lo mejor de todo es que el resto del mundo se empeña en decirte:
- Pues mejor aparentar menos años, ¿no? Cuando tengas cuarenta te dirán que tienes 30.
A lo que yo sólo puedo contestar:
- Vale, estupendo para cuando tenga 40, PERO AHORA NO ME HACE NINGUNA GRACIA!!!!"

¿Veis como mi amiga Laura debería escribir su propio diario? O ir al psicólogo, claro, jeje.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Si es que tiene una cara de niña..., ¿verdad?



30 julio 2006

La Señora Meona

Ayer se me olvidó comentar una cosa que también pasó en el autobús:

Como no había plazas para el autobús que quería yo, me tuve que subir en uno de esos que paran por toooodos los pueblos del mundo y más. Es el mismo precio, pero se tarda una hora más.

Total, que ahí estaba yo, viendo como el autobús salía de la autopista para meterse en el primer pueblo. En eso que una señora se levanta para bajar del autobús, pero se queda en la puerta hablando con el conductor, parece que éste no la deja bajar. La mujer se enfada un poco, pero vuelve a su sitio. La mujer habla raro, creo que es de fuera, no de fuera del autobús, sino de fuera del país.

El autobús se pone en marcha de nuevo y yo sigo mirando al infinito (todavía no me había salido demasiado el video)
Un rato más tarde, el autobús se vuelve a salir de su ruta normal: siguiente pueblo, siguiente parada y yo cada vez más asqueado.
¿Por qué en la taquilla nunca te dicen si es horario con paradas?

En eso que la mujer en cuestión se baja del autobús. Detrás, el resto de pasajeros que se bajaban en esa localidad. Tras unos minutos de ajetreo, el autobusero cierra las puertas tras asegurarse que no se quedaba nadie que parara allí. Volvemos a ponernos en marcha.
A partir de aquí empieza lo del video y yo me distraigo.
Pero de repente un señor empieza a gritar: ¡Eh, autobusero! Que una señora está corriendo detrás del autobús. Que está pidiendo que pare.

Obviamente todos los pasajeros nos volvemos hacia las ventanillas y ahí vemos a la señora corriendo, como en las películas, tratando de alcanzar el bus. Pero el autobusero estaba en su mundo y no se enteró, así que seguimos el camino y el resto de pasajeros hacemos caso omiso de la señora.

Ahora ocurre la historia del video y diez minutos después el autobús se para.

Se baja la gente, yo no que estoy cabreado (lean más abajo) y el autobusero recibe una llamada. Empieza a gritar, yo me asusto pero no digo nada. Cuando reanudamos la marcha, el autobusero se dirige hacia nosotros: “Señores pasajeros, por cuestiones que luego verán, debemos regresar al último pueblo donde hemos parado, hace apenas quince minutos, perdonen las molestias”
La gente se cabrea un poco porque se va a llegar más tarde de la hora, pero como no hay otras narices porque el volante lo lleva ese tipo con bigote y no yo, pues hay que regresar.

Al llegar de nuevo al pueblo, vemos que en la parada está la señora que corría detrás del bus esperándonos. El autobús se para y ella empieza a subir y ahí es cuando empiezan los gritos:

Autobusero: Pero señora, ¿qué narices está haciendo aquí? ¿No le he dicho antes que no se podía bajar al baño en las paradas? Sólo se puede bajar en la parada que hay para ello, que es diez kilómetros más allá.
Señora: Oiga, no me grite, que me estaba meando y no podía más. Si el baño de su autobús está roto no es mi problema. Hombre!

Bueno, la conversación que les he transcrito es la versión “light”, porque allí se dijeron de todo, pero uno es un chico educado e inocente que no conoce muchas de las palabras que allí se dijeron.

Después de eso el panorama fue el siguiente:
- Pasajeros cabreados por tener que retroceder, lo que implica un retraso en la llegada.
- Autobusero cabreado porque se retrasó el viaje y los horarios ya no le iban a cuadrar, además, había recibido más insultos en diez segundos que en toda su vida, seguro.
- Señora cabreada porque la gente estaba resentida con ella, pero ya había meado, así que supongo que también estaría aliviada.
- Yo cabreado porque el Señor Destino no había dejado que tuviera lugar la que hubiera sido, posiblemente, la mejor anécdota que me ha ocurrido en un autobús (ver Tres, dos, uno), y cabreado con la Señora Meona por haber retrasado el viaje Y PORQUE SE SENTABA JUNTO A MI Y TODAS LAS BRONCAS E INSULTOS PARECÍAN VENIR HACIA MI.




Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

VACACIONES EN EL MAR!!!!

Hace mucho que no escribo en el diario, pero he tenido una razón de peso:
HE ESTADO DE VACACIONES!!!!
Pero si no ocurre nada raro no serían mis vacaciones, así que, tras prepararme la maleta para seis días, el día que voy para la playa, a mitad de camino: LA LLAMADA!!
Una llamada que esperaba desde hacía un mes y que me acorta las vacaciones dejándomelas en un fin de semana.
Pero no se preocupen, la llamada era muy buena, ya les contaré. Y por ello no iba a desesperarme, que para eso llamaría a Laura que es la campeona absoluta de este deporte, e intenté aprovechar a tope en la playa. Y básicamente me dediqué a hacer el Huevo (primo hermano de MJ): playita, paseos por la arena, baños en el mar, en la piscina, heladitos por la noche, libros (aunque quien dice libros dice cómics, jeje), jugar a las palas, es decir, todo tipo de actividades no mentales, que para eso son vacaciones, ¿no?
Aquí les dejo una foto que me hice junto a esa bañera a la que algunos se empeñan en llamar Mar Mediterráneo (que no se moleste nadie, pero el agua está muy caliente y no tiene olas, como mi bañera)

Tres, dos, uno...

Pero como no podía ser de otra manera, siempre que estoy yo de por medio ocurre algo extraño y, curiosamente no pasa cuando estoy de vacaciones. El surrealismo se va de vacaciones a otro sitio...
Pero llegamos a la realidad y, como siempre, mi fuente inagotable de aventuras, el autobús, me aguardaba una...
Aquí estoy, de nuevo sentado en uno de esos asientos azules a los que tanto cariño les he cogido últimamente. Creo que de mayor viviré en un autobús: tienes baño, periódicos, asientos que pueden convertirse en cama, radio y televisión con video. Un lujo, vaya. Total, que ahí estoy de camino a mi segunda casa (¿o es la primera?) cuando veo que algo sale de una de las estanterías que hay encima de los asientos. Es negro, bastante grande y rectangular: ES EL VIDEO que NO está utilizando el autobusero para amenizarnos el viaje. Pero algo extraño está ocurriendo, se está saliendo de su compartimento Y CADA VEZ MÁS.
Ya está, no puedo despegar los ojos del aparato. Y es que lo mejor es que está situado encima justo de la cabeza del pasajero sentado en el asiento número tres.
Esto tiene muy buena pinta. Supongo que las vacaciones me han sentado muy bien porque estoy disfrutando de lo lindo viendo cómo a cada curva el vídeo se sale dos o tres centímetros más. Jaja, dentro de poco se caerá ENCIMA DEL PASAJERO NÚMERO 3!

Esto es genial. Como cuando ves la cáscara de plátano en el suelo y miras alrededor para averiguar quién será la siguiente víctima. De la emoción del momento me estoy empezando a poner nervioso, alguien más lo tiene que estar viendo, pero yo sigo absorto mirando a través de mis gafas de sol.
La inminencia del desastre que puede llegar a convertirse en la anécdota del autobús más genial de toda mi historia hace que me revuelva en el asiento buscando una postura más cómoda para poder ver el suceso... Y me lo estoy pasando bomba!!!


Cuento las curvas que quedan para que caiga.
TRES, puedo saborear el golpe a cámara lenta: una mancha negra que cae lentamente sobre la cabeza del pasajero, el sonido del video al caer POM y de la cabeza al romperse CRACK (creo que me estoy dando miedo...)
DOS, imagino las consecuencias: gritos, sangre, el autobusero se asusta, gira el volante bruscamente, el sutobús vuelca, salimos todos por las ventanillas (yo no que llevo el cinturón, jaja), vienen los bomberos y las ambulancias, salimos en la tele
UNA... (tensión, tensión, tensión)

Y EL AUTOBÚS SE PARA!!! NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!
Señor destino: Por qué es tan cruel conmigo? Sólo quería un poco de diversión y es justo ahora cuando decide que hay que hacer la parada de rigor? LE HE HECHO ALGO? ESTÁ ENFADADO CONMIGO O QUÉ LE PASA?
Estoy tan enfadado que ni siquiera bajo a contemplar el bonito paisaje de este singular emplazamiento donde siempre hace frío, aunque sea julio.
Estoy tan enfadado que ni siquiera bajo a investigar si por estas fechas sigue habiendo zorros disfrazados de gatos en este singular emplazamiento donde siempre hace frío, aunque sea julio.
Me he cabreado, y ya está. Voy a pedirle el libro de reclamaciones al Señor Destino, pues seguro que si el que está debajo del video soy yo, se cae sin ningún contratiempo, pero como no soy yo...
Así que así me quedo, con un palmo de narices porque, obviamente, el autobusero se ha percatado de que el video estaba a punto de caerse y lo ha recogido y ha cerrado la puerta del armario. Pues vaya.
Y yo qué hago durante las dos horas que me quedan de viaje sin música, sin radio y sin peli porque el vídeo está, pero... ¿por qué no ponen peli?
Pues vaya rollo.

19 julio 2006

Por ser educado

Recuerdo una de mis primeras veces en el metro. Toda una odisea esos primeros días, siempre con el mapa a cuestas, como ahora, vamos, jaja.

Bueno, pues iba yo hacia no sé dónde, uno de aquellos días de frío en los que para mí el metro era divertidísimo, algo novedoso y cada día una aventura. Qué inocente era...

En fin, recuerdo que era para Noviembre. Llovía, o hacía frío, o ambas cosas, no me acuerdo muy bien. El caso es que bajé al metro y, por suerte (no tanta como vería a continuación) había un asiento vacío. El camino era largo, muy largo: esa Línea 10 infinita que me hacía un poco más viejo cada vez que la cogía y que me llevaba a casa.

En las tres paradas siguientes no subió nadie al vagón, pero en la cuarta, subieron una mujer y un joven. Ahí empezó todo:

Yo, en un acto de caballerosidad sin precedentes porque aún me quedaban unas doce paradas para llegar, me levanté de un salto para cederle desinteresadamente mi asiento a esa mujer que se había tenido que quedar de pie por falta de asientos libres.
Con un movimiento de cabeza le invité a sentarse en el asiento que yo dejaba libre.
Recuerdo que me sentí bien, triunfal, con la sensación de estar haciendo algo bueno para los demás. Mi sonrisa creció inesperadamente en mi cara y me aparté de mi asiento para dejarle el paso libre a la mujer.

Pero en ese momento mi sonrisa se congeló, y no porque hubieran abierto las puertas y del frío me hubiera quedado así, aunque también podría ser posible, también, pero no. El motivo fue otro incluso más desagradable. La mujer a la que tan amablemente había cedido mi asiento condenándome a una media hora de pie, con frío y con cansancio, empezó a gritarme:

Mujer maleducada:
- ¿ME ESTÁS LLAMANDO VIEJA?!!!!

Yo, Elliot:
- ... (con cara de tonto, la normal, vaya)

Mujer maleducada:
- Sí, sí, a tí te digo - y un dedo gordo se dirige hacia mi cara con aire de amenaza- digo que si me estás llamando vieja.

Yo, Elliot, otra vez:
- Ehhh... no... sólo le cedía el el el asiento, para para que... se sentara... (mi voz empezó bien y fue decayendo conforme los ojos de la mujer se inyectaban en sangre y una mirada asesina me traspasaba...)

Mujer maleducada:
- ES QUE ESTO ME HACE MUCHA GRACIA, ME CEDES EL ASIENTO, PERO ¿POR QUÉ? PORQUE ME VES VIEJA, ¿NO? PORQUE TE CREES QUE NO VOY A PODER ESTAR DE PIE, ¿NO? ¿POR VIEJA O POR DÉBIL?
PUES QUE TE QUEDE CLARA UNA COSITA, NIÑATO (¿niñato? mis neuronas: Sí, Elliot, "niñato", mitad "niño", mitad "gato": "niñato") ESTO ES UNA FALTA DE EDUCACIÓN TREMENDA: LLAMAR VIEJA A UNA PERSONA. Y YO, POR SUPUESTO, NI ESTOY VIEJA (que no es lo mismo que serlo, puedes ser vieja, pero no estarlo, y viceversa, pero no era cuestión de añadir este inciso) NI SOY DÉBIL. ASÍ QUE YA ME ESTÁS PIDIENDO DISCULPAS.

Yo, Elliot:
- Tierra, trágame -eso sólo lo pensé, claro.

A todo esto, la gente del vagón, obviamente, sólo tenía ojos para nosotros, y un alma caritativa que estaba sentado a mi lado, me indicó que me sentara en el asiento que había desalojado y que no hiciera caso de lo que estaba diciendo la mujer.
Pero es que me estaba gritando, a mi! (QUE ME PIDAS DISCULPAS, ¿LO HAS ENTENDIDO?)y yo quise hacerme pequeño, pequeño, pequeño, todavía más de lo que soy y eso me asustó mucho. Mi cara se estaba poniendo roja de la vergüenza.
Y es que les tengo que confesar, que una cosa es ser el rey del ridículo por iniciativa propia y otra muy diferente y mucho menos divertida es que ALGUIEN (ajeno a ti) te deje en ridículo, que uno tiene sus límites y su pudor, no crean.

Pero no dije nada y me quedé sentado en el "asiento de la discordia", esperando que la mujer dejara de gritarme que era un maleducado por haberla llamado "Vieja".
Yo sólo tenía ojos para el suelo, que, por cierto, estaba bastante limpio. Así que me dediqué a buscar tesoros escondidos cerca de mis pies. De vez en cuando echaba un vistazo hacia la gente que también estaba sentada y algunos estaban absortos viendo cómo la mujer maleducada seguía dando resoplidos de mala leche mientras sonreían. Lo mejor fue que nadie me miraba a mi, jaja. Menos mal.

Así estuvo la mujer unas tres paradas, a la cuarta se bajó y yo pude respirar tranquilo, el aire me llegó a los pulmones y saqué un poco la cabeza de la cazadora. Me recosté en el asiento de la discordia y fijé la mirada en el bonito paisaje de los túneles del metro.
Un par de personas me dijeron que no pasaba nada, que la mujer maleducada estaba, además, loca. Y no sólo estaba, sino que además, lo era. Los detalles gramáticos son importantes.

Pero, por lo que a mi respecta, no vuelvo a ser educado en el metro nunca más.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

Quise hacerme pequeño, pequeño, pequeño, pequeño...

Elliot, avergonzado.