19 junio 2006

HE VUELTO

Siento mucho haber desaparecido así, sin dejar una huella, pero es que han venido muchas cosas precipitadamente a mi vida y no he tenido tiempo de avisar.
Pero ya he vuelto.
Espero que no me hayáis echado mucho de menos, aunque tampoco estoy seguro de si esto lo lee alguien...
En fin, sea como fuere, espero estar a su disposición en muy poco tiempo, y tener cosas que contar a este, nuestro diario...

Me voy a dormir, que las vacaciones han sido agotadoras, jaja.

Nos leemos en el siguiente, que espero sea muy prontito,

Elliot.

05 junio 2006

Cosas que fastidian 4

Malditas Indecisiones... Siempre llegan cuando menos se las espera uno, como los sustos o esos "amigos" que no te quieres encontrar...

Domingo, cuatro de la tarde, un sol infernal y yo camino del tren.
Cuando todavía queda un trayecto considerable veo que viene el tren que debo coger; en un primer momento oigo a mi cerebro:

- Pufff, passssa, tío, que está mu lejos y hace demasiao calor pa correr. Ya llegará otro.

(NOTA: mi cerebro está un poco derretido por el calor)

Pero, de repente, ZAS: ¿una mosca?, ¿una rana (que anda detrás de la mosca)?, ¿supermán?...
Nooooo, INDECISIÓN comienza a hablar:

- Pero si corres un poquito, seguro que llegas y no tienes que esperar, que es algo que no te gusta nada.

Cerebro:
- Sí, bueno, eso es verdad, pero... se está parando el tren en la estación (no va a parar en la tienda de chuches..) y aún nos queda. Y debemos estar a cuarenta grados.

Indecisión:
- Psé, es cierto, ¿pero te imaginas llegar al tren y sebtarte tranquilamente a descansar con el aire acondicionado?

Cerebro:
- Jo, pues eso sí que sería estupendo, y llegaríamos antes...

Indecisión:
- Y no tendrías que esperar en un banco a cuarenta grados a la sombra.

Cerebro:
- ..., mmm, ... no sé..., correr o esperar (This is the question, ¿sure?) ... Buff, difícil... aire acondicionado, calor...

Indecisión:
- Bueno, tú mismo.

Cerebro:
- Jo, a ver... correr + cansancio= aire acondicionado ó caminar + esperar SIN aire acondicionado!!!!!! Elliot????????? CORRE, TÍO, CORRE!!!!!!!!!!!!

Y voy yo y después de tan interesante conversación, me pongo a correr como un loco, sacando el billete a la par que mis piernas suben las escaleritas de la estación...
Ahí está el tren, Vamos, Elliot, que tú puedes!
El billete entra y sale, lo cojo.
El tren va a cerrar las puertas y cuando paso al otro lado, las puertas se cierran y el tren se pone en marcha. Y me quedo con un palmo de narices (otra vez, debo ser el ser con más narices del mundo) a escasos centímetros de la ventana de un tren que va cogiendo velocidad...
BUAAAAAA!!!!!!!!!!!

Cerebro:
- Maldita Indecisión.

Indecisión:
- Jaja, por los pelos, si es que ya te lo había dicho con antelación, pero...

Para más inri(queta), viene su primo Sentido común y se suma a la conversación:

Recochineo, digo, Sentido común:
- Y encima, te quedas a esperar, con lo que te gusta, en un banco a cuarenta grados a la sombra, cansado por la carrera (bastante inútil, por otra parte) y sin aire acondicionado!!!!!!!


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

04 junio 2006

Yo también...

Madrid, 22 horas, domingo.
Hace buena noche y por eso me voy andando hasta el tren (por eso y porque se me ha olvidado comprar billete y no llevo dinero suficiente encima).
En el camino, un tipo que parece un hooligan, pero con cara del amigo gracioso me pregunta:
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
A lo que pienso, "ya serán dos cuando la hagas, pero en fin..."
El tipo se me acerca y me dice:
"Mira (mientras saca un DNI), es que yo soy de las islas Canarias (y yo de...) y me tengo que ir a Barcelona... (y yo a mi casa, sea ésta cual sea) Así que... (tanto punto suspensivo me desquicia) ¿NO te importaría darme 20 céntimos para el autobús?"

Y me quedo mirandolo un rato, hasta que despierto y le digo que no, que por no llevar, no llevo ni la hora (se me ha vuelto a parar el reloj y le cambié la pila la semana pasada, qué estafa)
y me voy...

Pero me pongo a pensar... (es lo que tiene aburrirse por el camino por falta de visión nocturna, y diurna, que uno sin gafas...) "¿20 céntimos?, ¿Dónde pensará éste que va con 20 céntimos, si las bolitas que venden los chinos en Sol ya cuestan dos euros (qué estafa las bolas esas, oigan)?"
Alma cántaro el canario (no de pájaro, aunque también un poquillo, sino de la isla) también, 20 céntimos, 20 céntimos...

Pero claro... si yo le hubiera dado 20 céntimos y el resto de la gente que había en sol sí se los ha dado... haciendo cuentas...

...
...
...
...
(y muchos más puntos suspensivos, para que se vea que pienso y sé hacer cuentas...)
MAÑANA MISMO ME PONGO A PREGUNTARLE A TODO EL MUNDO SI ME DAN 20 CÉNTIMOS, QUE YO UN BILLETE A BARCELONA NO, PERO UN COCHE, AUNQUE SEA DE SEGUNDA MANO...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

03 junio 2006

Cosas que fastidian 3

Sábado por la mañana, ocho y media. Me levanto para intentar estudiar con el fresquito, pero primero, el desayuno.
Nada, algo fácil, pero que me alimente: un zumo de naranja recién exprimido.

Abro la nevera, saco las naranjas, cojo el exprimidor (manual, por supuesto, ¿cómo vamos a tener uno eléctrico?, y saco un cuchillo del cajón (jaja) para abrir las naranjas...

Corto una, bien, pero como a mi siempre me ha gustado jugar con el riesgo (aunque sea controlado), no me doy cuenta de dónde estoy cortando las naranjas hasta que es demasiado tarde.

Corto la segunda cuando veo cómo la parte que no sujetan mis dedos rueda (las naranjas suelen ser redondas) por el mostrador de la cocina... Tres angustiosos segundos en los que veo cómo la media naranja se desplaza de un lado a otro, como a cámara lenta, en un ralentí propio de CSI.
Mi cabeza va diciendo: "No, no, no, no, nooooooooo" y mi cara parece la de este tipo/a --->


Pero el rozamiento, la velocidad y la ley de la gravedad se han encargado de la tragedia, mi media naranja ha sucumbido a la presión y ha caído de la encimera. PLOFF

Por si fuera poco, para variar y para hacerle caso a Murphy (que si alguien le conoce, por favor, que le dé una paliza de mi parte) "Si una cosa puede salir mal, saldrá mal", porque...
¿qué hay justo al lado de la encimera?

Pues sí, el cubo de la basura.

Así que me he quedado con un palmo de narices, mi media naranja en la basura.

Y yo, sin zumo.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.


30 mayo 2006

"Esta casa es una ruina" (1ª parte?)

TRAGAHUMOS: (iba a poner la definición de RAE, pero NO ESTÁ EN EL DICCIONARIO!!!)
(que luego el friki que juega en los ascensores soy yo, pero mira que memorizarse un diccionario entero...)
En fin, todo el mundo sabe lo que es un tragahumos: esa cosa que está encima del fuego de la cocina y que sirve para lo que su nombre indica: tragar humos cuando te fríes algo.

Bien, esto sería lo normal, pero, hablamos de MI casa (VUELVEEE) y mi casa es de todo, menos normal...

Lunes por la noche, me voy a preparar la cena: pescado frito (que no sé por qué antes de matarlo es "pez" y después su alma pasa a ser "pescado", porque ¿lo han pescado en el mar?, no tiene sentido, al cerdo cuando te lo comes no lo llamas "cazado"... aunque tampoco cazas un cerdo, ¿o sí?)

Bueno, que me preparo mi pez pescado y lo pongo en la sartén. Y enciendo el extractor de humos, antes incluso de re-asesinar a mi pez.
A los tres segundos, la cocina ya no se ve, una espesa niebla llena todo el espacio.

Lo malo es que no puedo respirar y no le puedo dar la vuelta para que no se queme mi pez-pescado. Abro la puerta de la cocina, pero la puerta del salón también está abierta, por lo que mis compañeras de piso empiezan a toser medio intoxicadas y me cierran la puerta en las narices.

Lo peor: que la cocina está llena de humo, pero mi pescado sigue sin hacerse!!!! Abro la puerta de la calle, para que el humo vaya hacia el rellano, y así de paso, si sube o baja algún vecino, lo conocemos y hacemos amistad vecinal... (Hombre, ¿qué tal?, ¿Haciendo la cena? No, aquí asando a mis compañeras por hacer ruido mientras veo "House". Venga, pues nada, que sé de bien... Y buen provecho. Gracias)

Media hora más tarde...

La cocina sigue llena de humo, mi pez pescado sigue en la sartén y está a punto de darse la vuelta él solito y el rellano parece Londres en invierno!!!!!!!!
¿Y qué hace mientras el tragahumos? ¿Acaso está tragando algo? NOOOOOO, yo creo que lo que está haciendo es escupir más humo...

Una hora más tarde...
Me he comido, por fin, mi pececito.
La cocina... sigue en tinieblas.

QUIERO UNA COCINA COMO ESTA...

Nos leemos en el siguiente, (si mis pulmones intoxicados por el humo que no traga el tragahumos me lo permite...)

Elliot.

PS: ¿Qué clase de RAE es este en el que no existe ni "tragahumos", ni "campana extractora", ni "mepansa"? ¿Cómo quiere RAE que hablemos? ¿Es que utilizamos palabras inexistentes? Pues que sepas, RAE, que aún así, nos entendemos, JAJAJAJAJAJA

29 mayo 2006

Busco piso

Hola a todos los que me lean (obviamente, si no me leen de esto no se enteran, ejem, sigamos)

Estoy buscando piso en la capital, me he hartado de este pueblo y quiero salir como sea. Bueno, mejor en autobús o tren que de una patada en el culo.

No me importa (mucho) dónde, lo que más me importa es el importe...

Y busco piso o una habitación lo suficientemente amplia como para albergar a:
Mi, claro.
Mi hermano (que se acopla porque dice que ya es mayor, jaja)
El amigo de mi hermano, un tigre llamado Hobbes.
Un oso llamado Patito.
Y... creo que nadie más...
Ah, sí, ups, Laura, jeje, otra con la que buen rollo, ¿vale? Sí, que hoy hago yo la cena... (algún día me voy a ganar una paliza, y con toda la razón)



Me tengo que ir, que Laura tiene que estudiar.
JAJAJAJAJAJAJA (risa irónica)

(hoy me la gano, seguro)

Nos leemos en el siguiente (si Laura me deja, claro),

Elliot.

No me mates, MJ.

Y para que me conozcan un poquito más, les presento a una de mis compañeras de piso...

Como siempre, sale haciendo el tonto, aunque en esta ocasión sale haciendo el CHILINDRÓN, jeje.


Nos leemos en el siguiente (si sigo vivo después de esto, buen rollo, ¿eh? MJ),

Elliot.

Momento surrealista 2

¿Alguna vez han dejado algo tan a la vista que no lo han visto?
A mi me pasó ayer por la mañana...

Espero un autobús, pero como me he comprado pasatiempos para estos ratos en los que tengo que esperar (tren, autobús, cola de reprografía, que mi compañera de piso salga del baño...) pues decido poner el billete a la vista y así deleitarme con los crucigramas...

Tan a la vista, tan a la vista...

Oigo que llega un autobús (mi sentido arácnido está que flipa, tanto cómic de Spiderman no puede ser bueno) y dejo los pasatiempos en la mochila. Alguno se me escapa.
Y empiezo a buscar el billete, pensando, tranquilo, está a la vista... PERO NO VEO NADA!
(las gafas de sol no influyen en esto)
Comienzo a buscar en la mochila, en los bolsillos del pantalón, en los bolsillos de la mochila, en los bolsillos de la señora de al lado, en el moneder (donde suponía que estaría), pero nada.
Nada de nada.

Hasta que me empiezo a desesperar un poquito, porque veo que la gente está subiendo al autobús y no quiero perderlo, y digo un apalabrota en voz muy bajita, muy bajita (más que yo y ya es decir, jeje) y es entonces cuando me doy cuenta... No puedo hablar bien porque:
TENGO EL BILLETE EN LA BOCA. (Y si me lo llego a comer?)




Moraleja: No dejen las cosas tan a la vista, ni tan al gusto...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: No sé por qué he titulado esta página así, como ya habrán podido comprobar TODOS mis mosmentos son surrealistas...

26 mayo 2006

"Homenaje a C." (Segunda parte)

POR TODAS LAS COSAS QUE FASTIDIAN!!!!!

16 de Diciembre de 2005
Lo mío con los teatros empieza a ser ya un problema. Por si no había tenido bastante con lo de TRICICLE (y repito, una pasada de obra, hacía mucho que no me reía tanto con cosas tan absurdas), voy a para hacerme el chulo, me compro una entrar para Mayúmaná, esos que hacen música con cubos de basura, pelotas o lijadoras.
En este espectáculo decido no pagar por un gran asiento, más que nada porque “Tricicle” me había dejado más seco…
Esta vez decido ir con muchísimo más tiempo que el día anterior, no vaya a ser que la conspiración no haya terminado. Y hete aquí, que tengo razón, la conspiración continúa…


Queda hora y media para que empiece la función y por muy mal que se den las cosas yo ya estoy llegando a la estación del cercanías. Pero enseguida empiezo a notar que algo va mal… no funcionan los torniquetes que conducen a la vía 1, que es la que tengo que coger. Otra vez amenaza la tensión.

Cuando llego al otro andén mi corazón nota un vuelco debido a la cantidad de gente que pulula por ahí, esperando. Si no fuera porque la otra vez lo pasé tan mal, me reiría, total, qué más puede pasar???

Mientras pienso esto y esta vez sí que miro el reloj (queda una hora y cuarto), me relajo en un banco. Pero mi relax se ve cortado por una voz de megafonía que grita:
“Con motivo del atropello de un pasajero en la estación de Getafe Central, la vía 1 ha quedado inutilizada, siendo operativa únicamente la vía dos. La frecuencia de los trenes será de 20 minutos en cada dirección. Disculpen las molestias, gracias”.

Mi mente empieza a hacer cálculos: si tengo la suerte de que llega bien, dentro de 25 minutos estoy en Atocha, si tengo la menos suerte de que va mal, espero 20 minutos al tren y en otros 25 llego a Atocha y aún me quedaría media hora para llegar al teatro, pero si mi suerte se convierte en mala, espero 20 minutos, llega el tren que va hacia Parla y tengo que esperar otros 20 para que llegue mi tren, más, los 25 minutos del trayecto… (3 y me llevo una que con la de antes son cinco:20+20+25…) una hora y cinco minutos, YA ESTÁ, YA LLEGO TARDE OTRA VEZ… qué impotencia, por favor, estoy a punto de llorar.

Pero parece que si alguien rige este mundo (que baje aquí y me explique lo de ayer, a ver si tiene huevos) se ha divertido suficiente conmigo y hoy me va a dejar en paz. Por la cuenta que le trae al muy… cobarde.
Durante un momento de tensión el letrero anuncia que llega el tren que se dirige a Parla, pero dura un instante y enseguida lo corrigen: a Atocha.
Me tiene miedo, me tiene miedo, me tiene miedo…

Subo al tren, no sin antes escuchar el comentario cruel pero cierto de alguien que esperaba que el primer letrero estuviera bien:
- “Llevo media hora esperando, pues si se ha muerto alguien, que lo saquen de la vía y punto, que no creo que cueste tanto, el tío está muerto y no se va a mover”

Si no fuera tan buena persona me hubiera reído y más sabiendo que YO voy en el tren y el que se queja SIGUE ESPERANDO, jajajaja.

A Atocha llegamos sin más contratiempos, menos mal…
Y quedando aún treinta minutos llegaré tranquilamente al teatro…
Enseguida paso la tienda que me da miedo (ya les contaré en otra ocasión) y subo por la calle del congreso, voy contento, llego a tiempo y además voy a conocer otro teatro de esta ciudad. La sonrisa está perenne en mi boca desde ayer, jeje, la vida es hermosa.
A lo lejos, pero no tanto diviso la puerta del sol y como ya empiezo a conocer las calles de la periferia, decido acortar callejeando por la parte de atrás de la plaza…

De pronto veo una cola de gente esperando junto a una puerta. “va a ser eso”, pienso y me dirijo con mi mochila al hombro y mi sonrisa en la cara.
Llego al final de la cola y espero, aun quedan diez minutos y yo saco mi entrada.
En eso que me fijo en la gente que está delante de mi y observo que sus ropas son elegantes, me miro y veo que mis vaqueros están rotos y mis zapatos están marrones, cuando su color original es blanco (sucio, pero blanco). Sonrío.
Pero el mosqueo comienza cuando no reconozco el cartel de la obra que vamos a ver. Me acerco a la puerta del teatro y… Y claro, ¿cómo la voy a reconocer si me he confundido de cola y aquí se van a tragar una ópera? Me doy cuenta del terrible error, miro el reloj confundido y avergonzado para mis adentros me salgo de la fila. Miro hacia los edificios y descubro que me he perdido. Me avergüenzo más y mi sonrisa deja de estar en mi cara. Son las ocho en punto. Otra vez. No llego y esto comienza a ser una maldición.
Voy al final de la calle y me encuentro de bruces con la puerta del sol, ¿pero esto no estaba dos calles más abajo?
ME HE PERDIDO EN UN METRO CUADRADO!!!!!!!

Joder, joder, joder. Y me da igual que me llamen malhablado, esto es ya para cabrearse tanto con uno mismo que merecería que no me volviera a hablar en la vida.
Subo la calle que conocía y veo al fondo el teatro, esta vez sí, con el cartel de Mayúmaná. Aún hay mucha gente en la fila (a no ser que estén para la hora siguiente o para otra obra o simplemente esperando el bus, que visto lo visto, todo es posible)
Son las ocho y cinco cuando pregunto a un señor si está para entrar al espectáculo. Me responde que sí, pero me cercioro de qué espectáculo y así se lo hago saber. “Pero, va a ver usted mayúmaná, ¿no?” Me mira con cara rara y me gira la cara. ¿Será un sí?

Por lo menos el cartel es el correcto, así que vamos a esperar. No llegamos excesivamente tarde, todavía hay gente por aquí…

Tras unos segundos de tensión: SI, HE ACERTADO, ESTOY EN EL LUGAR CORRECTO EN EL MOMENTO…QUE HE PODIDO, JAJA.

(Dos horas después)

La sonrisa a mi boca ha vuelto, he estado todo el espectáculo con cara de bobo porque me ha gustado mucho, además lo he visto bastante bien, había un palco vacío y me he metido en ese después de estar un ratito medio columpiado en una silla-taburete detrás de una pareja muy simpática…
En fin, que me he sentido como un niño con zapatos nuevos (absurdo refrán pues seguro que hay cosas mucho más interesantes que unos zapatos para un niño, pero…) y después he salido como en una nube del teatro. Sólo me faltaba ponerme a bailar como Billy Elliot (mi primo), pero hacía mucho frío y no era cuestión de dar tanto el cante (o el baile).
Me he dirigido de nuevo a la estación, no sin antes dejar de pasar por una tienda a comprar uno de mis pocos vicios (confesables): maíz!!!!!!

Y caminando, caminando, comiendo, comiendo, hete aquí que de vuelta estaba en Atocha.
Faltaba un rato para que saliera el tren, pero como ya he aprendido, he comprado enseguida el billete y he bajado al andén. Mientras lo hacía despacio, despacio pues las escaleras mecánicas estaban estropeadas (qué novedad) he visto cómo el tren parecía sacado de una película de terror: estaba completamente a oscuras y la gente no sabía si subir o quedarse en el andén…

Y así hemos estado, dudando si subir o no hasta que ha pitado y se han empezado a cerrar las puertas, todo el mundo protestando: EH! QUE ESTAMOS AQUÍ!!!!! Y han vuelto a abrir, si no hay nada como protestar… (y si no miren el PP)

Pero a todo esto las luces seguían sin encenderse, así que me he subido en el que he denominado “el tren fantasma” y teniendo en cuenta que vamos al poblado donde vivo… Todavía saldrán zombies y todo…
Pero antes hemos parado en V. Bajo y V. Alto y ahí ha sido cuando la gente pensaba que estaba en la casa del terror de las ferias y no en el tren que los llevaba a casa (teléfono)…
Las luces se han encendido de repente, pero se han vuelto a apagar, como un rayo. Y la gente ha gritado y a mi el compañero de asiento me ha pegado un susto de muerte, porque yo pensaba que estaba dormido y el tío ha pegado un bote que casi se me sale el corazón… o le pego un guantazo, por el susto, hombre.

Y después del truco con las luces, el tren se ha parado en seco. Y hala! Todos contra el que teníamos enfrente. Creo que algunos han aprovechado más de la cuenta, pero lo dejaremos estar… y a la vez que se paraba se han abierto las puertas. Ya digo: Fantasma, fantasma…
Pero si estuviéramos en primavera estaría genial, pero en pleno diciembre, pues no hace mucha gracia. Y yo dale que te dale al botón de cerrar las puertas y el tren que me decía: Pues va a ser que no!

Total, que ha sido como entrar en una feria, pero sin algodón de azúcar y con mucho frío...
Así hemos estado un rato parados…(rato, rato, rato, rato)
Hasta que de nuevo se ha puesto en marcha y, sin las luces, of course, he llegado a mi destino. Y NO me ha pasado nada más, que con lo que soy yo, ya es raro.

Si es que no lo hago a propósito pero, como dice La Lupe, “lo mío es puro teatro”.


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

"Homenaje a C." (Primera parte)

Como podéis comprobar a la derecha, me he cortado el pelo, estaba un poco harto del pelo largo y he decidido cambiar de look, ahora que llega el buen tiempo...

Y después de ver una película que me ha dejado bastante KO, no tengo muchas ganas de contar nada en el diario, tamcpo me ha pasado nada destacable, así que...

Voy a aprovechar para rendirle mi pequeño homenaje a mi amiga Cristina, la que me da vida cada vez que me toca (y hasta aquí podemos leer).
Vayan para ella estas dos páginas de diario que ya son antiguas (en realidad no tanto, pero para mi ha pasado como una eternidad, ¿me estaré haciendo viejo?), pero que no había pasado al ciberdiario.

CRISTINA, DISFRÚTALAS, SON PARA TI...

"Si es que no se me puede dejar salir de casa.
Son las siete de la tarde de un jueves, el profesor tiene que coger un avión y nos comunica que no va a seguir dando clase porque si no, no llega a tiempo. Genial, tengo tiempo de sobra para saludar a un amigo y marcharme, tranquilamente a Madrid a ver el espectáculo de Tricicle: SIT. (trabaja 13 horas en un rodaje y te lo podrás permitir)
La visita al amigo se alarga con la llegada de otro amigo y con sorpresa incluida (una de mis pelis favoritas, gracias Bazaltar)
A las 19: 44 salgo corriendo al tren, llego, con tranquilidad. De pronto veo a mucha gente esperando en el andén, ¿qué ocurrirá?
Oigo que un poli le dice a una señora: AVERÍA. Perfecto. Mira que salía con tiempo, ¿eh?
Opto por la segunda vía: el autobús, pero mientras voy corriendo a la parada (corriendo, y es que hoy he perdido kilos y me he vuelto a poner en forma) observo la cantidad de coches que pitan y colapsan la salida de mi poblado. Malas vibraciones…
Veo llegar un bus, vuelo y freno en seco (ríanse del bip, bip del Correcaminos), es el 428. Mierda, o merde, que parece más fino. Llega otro bus, otra merde (que uno está bien educado) el 488.
Me decido, hay muchos coches, así que parto más veloz todavía hacia, de nuevo, la estación de tren. Voy mirando si aún hay mucha gente pero para mi agradable sorpresa ya no queda nadie. O se han suicidado en la espera o ha llegado el tren.
Me da miedo mirar el reloj y me entran unos sudores fríos cuando veo en el cartel luminoso que el tren para Atocha llegará en cinco minutos, empiezo a hacer cuentas y creo que no llego, pero ni de Blas, a la función. Comienzo a tener unos pequeños temblores cuando recuerdo, fotograma a fotograma cómo le fui dejando los billetes a la taquillera cuando me dio la entrada. No puede ser: TENGO QUE LLEGAR!!!!!!!!!!!! Y lo que es peor, A TIEMPO, pues todos sabemos que no se puede pasar si la representación ha empezado.
Como suele ocurrir en esta estación de cercanías tan curiosa, resulta que de cuatro minutos que marca el cartel pasamos a uno, parece que todo va a ir mejor a partir de ahora (qué iluso)
Monto en el tren, con las manos agarrándome la manga del chaquetón para no mirar el reloj, pero en todos los vagones hay un cartelito que te va indicando la temperatura, la próxima parada y, maldita sea, la hora: 20:13 y AÚN POR VILLAVERDE ALTO.
Paramos, no sube ni baja nadie, pero el tren sigue parado, y a mi se me empieza a cerrar el ojo incontrolablemente. Un tic, nervioso? No, frenético.
En un acto medio nervioso, medio esquizofrénico, comienzo a cerrar las puertas del tren, me paseo por todos los vagones para ver si de una vez arrancamos.
A las 20: 15 lo hace y parece que después me hace caso y, por miedo a terminar mal, en la siguiente parada, casi no descansa. Bien, muchacho, bien, sabes lo que te conviene…
Y de repente, enfrente del hipercor de Méndez Álvaro: se para. Y mi corazón empieza a bombear de tal manera que el compañero de asiento me mira con cara de miedo………Tengo las mandíbulas tan apretadas que creo que se me van a salir los dientes.
Por megafonía escucho: próxima parada: atocha, y el tren comienza a moverse. Por fín. A esto la hora sigue inexorable su camino hacia mi destrucción, o si no destrucción física, si un momento de mala ostia que no puedo con ella: 20: 23. En siete minutos empieza la obra, aún tengo que llegar a atocha, salir de allí, ir hasta la calle del Congreso, llegar a Sol, subir por la calle de la FNAC, alcanzar el cartel de Swcheppes y bajar la Gran Vía hasta, por fin, entrar a ver SIT. Pero recuerden: yo todavía no he bajado del tren!!!!!!!!

Me levanto, como si ese movimiento fuera a trasladarse al tren y éste se moviera. Lógicamente, esto no ocurre en la vida real, despierten. Alma de cántaros…

Pensando en todo el camino que he de hacer en menos de siete minutos no me doy cuenta de que el tren se ha dignado moverse, despacio, despacio, despacio, como alargando mi tormento con gran parsimonia y crueldad.
Llegamos a atocha sin hacer ruido, casi sin notar el freno, pues creo que hubiera ido más rápido andando. Salto del vagón y me zambullo en la multitud con una mala educaciñón, que si me hubiera visto mi mamá no me hubiera reconocido. Pero la ocasión no permitía ir de buenas maneras intentando no empujar a la gente que se empeñaba irremediablemente en ponerse en mi trayectoria. Fue en ese momento cuando empecé a pensar que todo era un juego, todo estaba coordinado para que yo no llegara al teatro. No me había pasado nunca pero la gente se ponía delante de mí con maletas, perros y demás obstáculos como a Truman se le ponían los coches delante para que no se fuera de su ciudad.
No se crean que esto de la conspiración lo digo por decir, cuando salí no de Cuba, sino, por fin, de la estación, voy a pasar por el Ministerio de agricultura (creo) veo ante mi, cómo un grupo de personas bastante amplio se está concentrando en la puerta, pero no son personas normales, no, son jóvenes con pasamontañas (hace frío, pero no tanto) y detrás de ellos una masa ingente de Power Rangers; es decir, policías militares con escudos de plástico más grandes que yo que se encargan de cachear a la gente. Mi carrera ha parado en seco, sólo falta que me confundan con un terrorista y me detengan (que alguna vez, ejem, ejem…)
Paso despacito y con la cabeza metida en el abrigo para hacerme invisible (juegos de niños que quedan en la memoria y que no se van de mayores) y paso tranquilamente y de puntillas por todo el rebaño de polis. Al girar la esquina: a correr de nuevo. No veo ni el macdonalds, ni el vips, ni el hotel, ni el congreso, ni sol, ni la fnac, ni la gran vía; sólo veo las lucecitas del teatro que me parpadean insistentes: tienes que llegar, pero igual no te dejan pasar; tienes que llegar, pero igual no te dejan pasar…
De reojo miro el reloj de sol (la plaza, no el mecanismo, pues estamos de noche) y descubro que son menos veinte. Ya está, se acabó, no lo he conseguido. Pero como yo soy del norte, y mis piernas ya no pueden parar de correr, sigo por la calle sorteando a las miles de personas que salen y entran de las tiendas en busca del regalo más apropiado para esta navidad. No sabrán de sobra que no van a acertar y que esos supuestos amigos que reciban el regalo, lo devolverán en cuanto puedan para comprarlo más barato en rebajas? Consumismo indiscriminado, cómo nos engañas…
Veo al fondo de mi mente el teatro y esas bombillitas que me incitan siempre que paso a coger una piedra e intentar apagarlas todas, como las velas de una tarta. Como ven, los esfuerzos que me supuso hacer el camino Atocha-Gran Vía en siete minutos ha dejado en mi la más baja de las satisfacciones humanas: la destrucción.
Llego a la puerta del teatro y, oh! , un cartel me anuncia que la función ha empezado y que no se podrá acceder a la sala. Me siento en el suelo del hall y siento que unas lágrimas furtivas empiezan a asomar en mis ojos, mis pulmones se resienten todavía de la carrera y mi bolsillo todavía más del desembolso inútil.
Pero, doble oh! (oh!, oh!), mi cara debe transmitir tanta pena que el acomodador se ha apiadado de mi y me abre la puerta, me echa una pequeña bronca de que al teatro se llega puntual y esas cosas que ya sé pero fastidia tanto que te las recuerden, y me acompaña al interior de la sala donde para mi sorpresa (triple oh!) TODAVÍA NO HA EMPEZADO LA FUNCIÓN!!!!!!!!
En ese momento se apagan las luces y con mis pulmones todavía en Atocha, se abre el telón.


PS: La función es maravillosa, me lo he pasado en grande, quizá fruto en un porcentaje bastante elevado de que me ha costado sangre, sudor y (casi) lágrimas, llegar a verla. Y ME HAN DADO UNA SILLA DE RECUERDO!!!!!"


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.