30 mayo 2006

"Esta casa es una ruina" (1ª parte?)

TRAGAHUMOS: (iba a poner la definición de RAE, pero NO ESTÁ EN EL DICCIONARIO!!!)
(que luego el friki que juega en los ascensores soy yo, pero mira que memorizarse un diccionario entero...)
En fin, todo el mundo sabe lo que es un tragahumos: esa cosa que está encima del fuego de la cocina y que sirve para lo que su nombre indica: tragar humos cuando te fríes algo.

Bien, esto sería lo normal, pero, hablamos de MI casa (VUELVEEE) y mi casa es de todo, menos normal...

Lunes por la noche, me voy a preparar la cena: pescado frito (que no sé por qué antes de matarlo es "pez" y después su alma pasa a ser "pescado", porque ¿lo han pescado en el mar?, no tiene sentido, al cerdo cuando te lo comes no lo llamas "cazado"... aunque tampoco cazas un cerdo, ¿o sí?)

Bueno, que me preparo mi pez pescado y lo pongo en la sartén. Y enciendo el extractor de humos, antes incluso de re-asesinar a mi pez.
A los tres segundos, la cocina ya no se ve, una espesa niebla llena todo el espacio.

Lo malo es que no puedo respirar y no le puedo dar la vuelta para que no se queme mi pez-pescado. Abro la puerta de la cocina, pero la puerta del salón también está abierta, por lo que mis compañeras de piso empiezan a toser medio intoxicadas y me cierran la puerta en las narices.

Lo peor: que la cocina está llena de humo, pero mi pescado sigue sin hacerse!!!! Abro la puerta de la calle, para que el humo vaya hacia el rellano, y así de paso, si sube o baja algún vecino, lo conocemos y hacemos amistad vecinal... (Hombre, ¿qué tal?, ¿Haciendo la cena? No, aquí asando a mis compañeras por hacer ruido mientras veo "House". Venga, pues nada, que sé de bien... Y buen provecho. Gracias)

Media hora más tarde...

La cocina sigue llena de humo, mi pez pescado sigue en la sartén y está a punto de darse la vuelta él solito y el rellano parece Londres en invierno!!!!!!!!
¿Y qué hace mientras el tragahumos? ¿Acaso está tragando algo? NOOOOOO, yo creo que lo que está haciendo es escupir más humo...

Una hora más tarde...
Me he comido, por fin, mi pececito.
La cocina... sigue en tinieblas.

QUIERO UNA COCINA COMO ESTA...

Nos leemos en el siguiente, (si mis pulmones intoxicados por el humo que no traga el tragahumos me lo permite...)

Elliot.

PS: ¿Qué clase de RAE es este en el que no existe ni "tragahumos", ni "campana extractora", ni "mepansa"? ¿Cómo quiere RAE que hablemos? ¿Es que utilizamos palabras inexistentes? Pues que sepas, RAE, que aún así, nos entendemos, JAJAJAJAJAJA

29 mayo 2006

Busco piso

Hola a todos los que me lean (obviamente, si no me leen de esto no se enteran, ejem, sigamos)

Estoy buscando piso en la capital, me he hartado de este pueblo y quiero salir como sea. Bueno, mejor en autobús o tren que de una patada en el culo.

No me importa (mucho) dónde, lo que más me importa es el importe...

Y busco piso o una habitación lo suficientemente amplia como para albergar a:
Mi, claro.
Mi hermano (que se acopla porque dice que ya es mayor, jaja)
El amigo de mi hermano, un tigre llamado Hobbes.
Un oso llamado Patito.
Y... creo que nadie más...
Ah, sí, ups, Laura, jeje, otra con la que buen rollo, ¿vale? Sí, que hoy hago yo la cena... (algún día me voy a ganar una paliza, y con toda la razón)



Me tengo que ir, que Laura tiene que estudiar.
JAJAJAJAJAJAJA (risa irónica)

(hoy me la gano, seguro)

Nos leemos en el siguiente (si Laura me deja, claro),

Elliot.

No me mates, MJ.

Y para que me conozcan un poquito más, les presento a una de mis compañeras de piso...

Como siempre, sale haciendo el tonto, aunque en esta ocasión sale haciendo el CHILINDRÓN, jeje.


Nos leemos en el siguiente (si sigo vivo después de esto, buen rollo, ¿eh? MJ),

Elliot.

Momento surrealista 2

¿Alguna vez han dejado algo tan a la vista que no lo han visto?
A mi me pasó ayer por la mañana...

Espero un autobús, pero como me he comprado pasatiempos para estos ratos en los que tengo que esperar (tren, autobús, cola de reprografía, que mi compañera de piso salga del baño...) pues decido poner el billete a la vista y así deleitarme con los crucigramas...

Tan a la vista, tan a la vista...

Oigo que llega un autobús (mi sentido arácnido está que flipa, tanto cómic de Spiderman no puede ser bueno) y dejo los pasatiempos en la mochila. Alguno se me escapa.
Y empiezo a buscar el billete, pensando, tranquilo, está a la vista... PERO NO VEO NADA!
(las gafas de sol no influyen en esto)
Comienzo a buscar en la mochila, en los bolsillos del pantalón, en los bolsillos de la mochila, en los bolsillos de la señora de al lado, en el moneder (donde suponía que estaría), pero nada.
Nada de nada.

Hasta que me empiezo a desesperar un poquito, porque veo que la gente está subiendo al autobús y no quiero perderlo, y digo un apalabrota en voz muy bajita, muy bajita (más que yo y ya es decir, jeje) y es entonces cuando me doy cuenta... No puedo hablar bien porque:
TENGO EL BILLETE EN LA BOCA. (Y si me lo llego a comer?)




Moraleja: No dejen las cosas tan a la vista, ni tan al gusto...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: No sé por qué he titulado esta página así, como ya habrán podido comprobar TODOS mis mosmentos son surrealistas...

26 mayo 2006

"Homenaje a C." (Segunda parte)

POR TODAS LAS COSAS QUE FASTIDIAN!!!!!

16 de Diciembre de 2005
Lo mío con los teatros empieza a ser ya un problema. Por si no había tenido bastante con lo de TRICICLE (y repito, una pasada de obra, hacía mucho que no me reía tanto con cosas tan absurdas), voy a para hacerme el chulo, me compro una entrar para Mayúmaná, esos que hacen música con cubos de basura, pelotas o lijadoras.
En este espectáculo decido no pagar por un gran asiento, más que nada porque “Tricicle” me había dejado más seco…
Esta vez decido ir con muchísimo más tiempo que el día anterior, no vaya a ser que la conspiración no haya terminado. Y hete aquí, que tengo razón, la conspiración continúa…


Queda hora y media para que empiece la función y por muy mal que se den las cosas yo ya estoy llegando a la estación del cercanías. Pero enseguida empiezo a notar que algo va mal… no funcionan los torniquetes que conducen a la vía 1, que es la que tengo que coger. Otra vez amenaza la tensión.

Cuando llego al otro andén mi corazón nota un vuelco debido a la cantidad de gente que pulula por ahí, esperando. Si no fuera porque la otra vez lo pasé tan mal, me reiría, total, qué más puede pasar???

Mientras pienso esto y esta vez sí que miro el reloj (queda una hora y cuarto), me relajo en un banco. Pero mi relax se ve cortado por una voz de megafonía que grita:
“Con motivo del atropello de un pasajero en la estación de Getafe Central, la vía 1 ha quedado inutilizada, siendo operativa únicamente la vía dos. La frecuencia de los trenes será de 20 minutos en cada dirección. Disculpen las molestias, gracias”.

Mi mente empieza a hacer cálculos: si tengo la suerte de que llega bien, dentro de 25 minutos estoy en Atocha, si tengo la menos suerte de que va mal, espero 20 minutos al tren y en otros 25 llego a Atocha y aún me quedaría media hora para llegar al teatro, pero si mi suerte se convierte en mala, espero 20 minutos, llega el tren que va hacia Parla y tengo que esperar otros 20 para que llegue mi tren, más, los 25 minutos del trayecto… (3 y me llevo una que con la de antes son cinco:20+20+25…) una hora y cinco minutos, YA ESTÁ, YA LLEGO TARDE OTRA VEZ… qué impotencia, por favor, estoy a punto de llorar.

Pero parece que si alguien rige este mundo (que baje aquí y me explique lo de ayer, a ver si tiene huevos) se ha divertido suficiente conmigo y hoy me va a dejar en paz. Por la cuenta que le trae al muy… cobarde.
Durante un momento de tensión el letrero anuncia que llega el tren que se dirige a Parla, pero dura un instante y enseguida lo corrigen: a Atocha.
Me tiene miedo, me tiene miedo, me tiene miedo…

Subo al tren, no sin antes escuchar el comentario cruel pero cierto de alguien que esperaba que el primer letrero estuviera bien:
- “Llevo media hora esperando, pues si se ha muerto alguien, que lo saquen de la vía y punto, que no creo que cueste tanto, el tío está muerto y no se va a mover”

Si no fuera tan buena persona me hubiera reído y más sabiendo que YO voy en el tren y el que se queja SIGUE ESPERANDO, jajajaja.

A Atocha llegamos sin más contratiempos, menos mal…
Y quedando aún treinta minutos llegaré tranquilamente al teatro…
Enseguida paso la tienda que me da miedo (ya les contaré en otra ocasión) y subo por la calle del congreso, voy contento, llego a tiempo y además voy a conocer otro teatro de esta ciudad. La sonrisa está perenne en mi boca desde ayer, jeje, la vida es hermosa.
A lo lejos, pero no tanto diviso la puerta del sol y como ya empiezo a conocer las calles de la periferia, decido acortar callejeando por la parte de atrás de la plaza…

De pronto veo una cola de gente esperando junto a una puerta. “va a ser eso”, pienso y me dirijo con mi mochila al hombro y mi sonrisa en la cara.
Llego al final de la cola y espero, aun quedan diez minutos y yo saco mi entrada.
En eso que me fijo en la gente que está delante de mi y observo que sus ropas son elegantes, me miro y veo que mis vaqueros están rotos y mis zapatos están marrones, cuando su color original es blanco (sucio, pero blanco). Sonrío.
Pero el mosqueo comienza cuando no reconozco el cartel de la obra que vamos a ver. Me acerco a la puerta del teatro y… Y claro, ¿cómo la voy a reconocer si me he confundido de cola y aquí se van a tragar una ópera? Me doy cuenta del terrible error, miro el reloj confundido y avergonzado para mis adentros me salgo de la fila. Miro hacia los edificios y descubro que me he perdido. Me avergüenzo más y mi sonrisa deja de estar en mi cara. Son las ocho en punto. Otra vez. No llego y esto comienza a ser una maldición.
Voy al final de la calle y me encuentro de bruces con la puerta del sol, ¿pero esto no estaba dos calles más abajo?
ME HE PERDIDO EN UN METRO CUADRADO!!!!!!!

Joder, joder, joder. Y me da igual que me llamen malhablado, esto es ya para cabrearse tanto con uno mismo que merecería que no me volviera a hablar en la vida.
Subo la calle que conocía y veo al fondo el teatro, esta vez sí, con el cartel de Mayúmaná. Aún hay mucha gente en la fila (a no ser que estén para la hora siguiente o para otra obra o simplemente esperando el bus, que visto lo visto, todo es posible)
Son las ocho y cinco cuando pregunto a un señor si está para entrar al espectáculo. Me responde que sí, pero me cercioro de qué espectáculo y así se lo hago saber. “Pero, va a ver usted mayúmaná, ¿no?” Me mira con cara rara y me gira la cara. ¿Será un sí?

Por lo menos el cartel es el correcto, así que vamos a esperar. No llegamos excesivamente tarde, todavía hay gente por aquí…

Tras unos segundos de tensión: SI, HE ACERTADO, ESTOY EN EL LUGAR CORRECTO EN EL MOMENTO…QUE HE PODIDO, JAJA.

(Dos horas después)

La sonrisa a mi boca ha vuelto, he estado todo el espectáculo con cara de bobo porque me ha gustado mucho, además lo he visto bastante bien, había un palco vacío y me he metido en ese después de estar un ratito medio columpiado en una silla-taburete detrás de una pareja muy simpática…
En fin, que me he sentido como un niño con zapatos nuevos (absurdo refrán pues seguro que hay cosas mucho más interesantes que unos zapatos para un niño, pero…) y después he salido como en una nube del teatro. Sólo me faltaba ponerme a bailar como Billy Elliot (mi primo), pero hacía mucho frío y no era cuestión de dar tanto el cante (o el baile).
Me he dirigido de nuevo a la estación, no sin antes dejar de pasar por una tienda a comprar uno de mis pocos vicios (confesables): maíz!!!!!!

Y caminando, caminando, comiendo, comiendo, hete aquí que de vuelta estaba en Atocha.
Faltaba un rato para que saliera el tren, pero como ya he aprendido, he comprado enseguida el billete y he bajado al andén. Mientras lo hacía despacio, despacio pues las escaleras mecánicas estaban estropeadas (qué novedad) he visto cómo el tren parecía sacado de una película de terror: estaba completamente a oscuras y la gente no sabía si subir o quedarse en el andén…

Y así hemos estado, dudando si subir o no hasta que ha pitado y se han empezado a cerrar las puertas, todo el mundo protestando: EH! QUE ESTAMOS AQUÍ!!!!! Y han vuelto a abrir, si no hay nada como protestar… (y si no miren el PP)

Pero a todo esto las luces seguían sin encenderse, así que me he subido en el que he denominado “el tren fantasma” y teniendo en cuenta que vamos al poblado donde vivo… Todavía saldrán zombies y todo…
Pero antes hemos parado en V. Bajo y V. Alto y ahí ha sido cuando la gente pensaba que estaba en la casa del terror de las ferias y no en el tren que los llevaba a casa (teléfono)…
Las luces se han encendido de repente, pero se han vuelto a apagar, como un rayo. Y la gente ha gritado y a mi el compañero de asiento me ha pegado un susto de muerte, porque yo pensaba que estaba dormido y el tío ha pegado un bote que casi se me sale el corazón… o le pego un guantazo, por el susto, hombre.

Y después del truco con las luces, el tren se ha parado en seco. Y hala! Todos contra el que teníamos enfrente. Creo que algunos han aprovechado más de la cuenta, pero lo dejaremos estar… y a la vez que se paraba se han abierto las puertas. Ya digo: Fantasma, fantasma…
Pero si estuviéramos en primavera estaría genial, pero en pleno diciembre, pues no hace mucha gracia. Y yo dale que te dale al botón de cerrar las puertas y el tren que me decía: Pues va a ser que no!

Total, que ha sido como entrar en una feria, pero sin algodón de azúcar y con mucho frío...
Así hemos estado un rato parados…(rato, rato, rato, rato)
Hasta que de nuevo se ha puesto en marcha y, sin las luces, of course, he llegado a mi destino. Y NO me ha pasado nada más, que con lo que soy yo, ya es raro.

Si es que no lo hago a propósito pero, como dice La Lupe, “lo mío es puro teatro”.


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

"Homenaje a C." (Primera parte)

Como podéis comprobar a la derecha, me he cortado el pelo, estaba un poco harto del pelo largo y he decidido cambiar de look, ahora que llega el buen tiempo...

Y después de ver una película que me ha dejado bastante KO, no tengo muchas ganas de contar nada en el diario, tamcpo me ha pasado nada destacable, así que...

Voy a aprovechar para rendirle mi pequeño homenaje a mi amiga Cristina, la que me da vida cada vez que me toca (y hasta aquí podemos leer).
Vayan para ella estas dos páginas de diario que ya son antiguas (en realidad no tanto, pero para mi ha pasado como una eternidad, ¿me estaré haciendo viejo?), pero que no había pasado al ciberdiario.

CRISTINA, DISFRÚTALAS, SON PARA TI...

"Si es que no se me puede dejar salir de casa.
Son las siete de la tarde de un jueves, el profesor tiene que coger un avión y nos comunica que no va a seguir dando clase porque si no, no llega a tiempo. Genial, tengo tiempo de sobra para saludar a un amigo y marcharme, tranquilamente a Madrid a ver el espectáculo de Tricicle: SIT. (trabaja 13 horas en un rodaje y te lo podrás permitir)
La visita al amigo se alarga con la llegada de otro amigo y con sorpresa incluida (una de mis pelis favoritas, gracias Bazaltar)
A las 19: 44 salgo corriendo al tren, llego, con tranquilidad. De pronto veo a mucha gente esperando en el andén, ¿qué ocurrirá?
Oigo que un poli le dice a una señora: AVERÍA. Perfecto. Mira que salía con tiempo, ¿eh?
Opto por la segunda vía: el autobús, pero mientras voy corriendo a la parada (corriendo, y es que hoy he perdido kilos y me he vuelto a poner en forma) observo la cantidad de coches que pitan y colapsan la salida de mi poblado. Malas vibraciones…
Veo llegar un bus, vuelo y freno en seco (ríanse del bip, bip del Correcaminos), es el 428. Mierda, o merde, que parece más fino. Llega otro bus, otra merde (que uno está bien educado) el 488.
Me decido, hay muchos coches, así que parto más veloz todavía hacia, de nuevo, la estación de tren. Voy mirando si aún hay mucha gente pero para mi agradable sorpresa ya no queda nadie. O se han suicidado en la espera o ha llegado el tren.
Me da miedo mirar el reloj y me entran unos sudores fríos cuando veo en el cartel luminoso que el tren para Atocha llegará en cinco minutos, empiezo a hacer cuentas y creo que no llego, pero ni de Blas, a la función. Comienzo a tener unos pequeños temblores cuando recuerdo, fotograma a fotograma cómo le fui dejando los billetes a la taquillera cuando me dio la entrada. No puede ser: TENGO QUE LLEGAR!!!!!!!!!!!! Y lo que es peor, A TIEMPO, pues todos sabemos que no se puede pasar si la representación ha empezado.
Como suele ocurrir en esta estación de cercanías tan curiosa, resulta que de cuatro minutos que marca el cartel pasamos a uno, parece que todo va a ir mejor a partir de ahora (qué iluso)
Monto en el tren, con las manos agarrándome la manga del chaquetón para no mirar el reloj, pero en todos los vagones hay un cartelito que te va indicando la temperatura, la próxima parada y, maldita sea, la hora: 20:13 y AÚN POR VILLAVERDE ALTO.
Paramos, no sube ni baja nadie, pero el tren sigue parado, y a mi se me empieza a cerrar el ojo incontrolablemente. Un tic, nervioso? No, frenético.
En un acto medio nervioso, medio esquizofrénico, comienzo a cerrar las puertas del tren, me paseo por todos los vagones para ver si de una vez arrancamos.
A las 20: 15 lo hace y parece que después me hace caso y, por miedo a terminar mal, en la siguiente parada, casi no descansa. Bien, muchacho, bien, sabes lo que te conviene…
Y de repente, enfrente del hipercor de Méndez Álvaro: se para. Y mi corazón empieza a bombear de tal manera que el compañero de asiento me mira con cara de miedo………Tengo las mandíbulas tan apretadas que creo que se me van a salir los dientes.
Por megafonía escucho: próxima parada: atocha, y el tren comienza a moverse. Por fín. A esto la hora sigue inexorable su camino hacia mi destrucción, o si no destrucción física, si un momento de mala ostia que no puedo con ella: 20: 23. En siete minutos empieza la obra, aún tengo que llegar a atocha, salir de allí, ir hasta la calle del Congreso, llegar a Sol, subir por la calle de la FNAC, alcanzar el cartel de Swcheppes y bajar la Gran Vía hasta, por fin, entrar a ver SIT. Pero recuerden: yo todavía no he bajado del tren!!!!!!!!

Me levanto, como si ese movimiento fuera a trasladarse al tren y éste se moviera. Lógicamente, esto no ocurre en la vida real, despierten. Alma de cántaros…

Pensando en todo el camino que he de hacer en menos de siete minutos no me doy cuenta de que el tren se ha dignado moverse, despacio, despacio, despacio, como alargando mi tormento con gran parsimonia y crueldad.
Llegamos a atocha sin hacer ruido, casi sin notar el freno, pues creo que hubiera ido más rápido andando. Salto del vagón y me zambullo en la multitud con una mala educaciñón, que si me hubiera visto mi mamá no me hubiera reconocido. Pero la ocasión no permitía ir de buenas maneras intentando no empujar a la gente que se empeñaba irremediablemente en ponerse en mi trayectoria. Fue en ese momento cuando empecé a pensar que todo era un juego, todo estaba coordinado para que yo no llegara al teatro. No me había pasado nunca pero la gente se ponía delante de mí con maletas, perros y demás obstáculos como a Truman se le ponían los coches delante para que no se fuera de su ciudad.
No se crean que esto de la conspiración lo digo por decir, cuando salí no de Cuba, sino, por fin, de la estación, voy a pasar por el Ministerio de agricultura (creo) veo ante mi, cómo un grupo de personas bastante amplio se está concentrando en la puerta, pero no son personas normales, no, son jóvenes con pasamontañas (hace frío, pero no tanto) y detrás de ellos una masa ingente de Power Rangers; es decir, policías militares con escudos de plástico más grandes que yo que se encargan de cachear a la gente. Mi carrera ha parado en seco, sólo falta que me confundan con un terrorista y me detengan (que alguna vez, ejem, ejem…)
Paso despacito y con la cabeza metida en el abrigo para hacerme invisible (juegos de niños que quedan en la memoria y que no se van de mayores) y paso tranquilamente y de puntillas por todo el rebaño de polis. Al girar la esquina: a correr de nuevo. No veo ni el macdonalds, ni el vips, ni el hotel, ni el congreso, ni sol, ni la fnac, ni la gran vía; sólo veo las lucecitas del teatro que me parpadean insistentes: tienes que llegar, pero igual no te dejan pasar; tienes que llegar, pero igual no te dejan pasar…
De reojo miro el reloj de sol (la plaza, no el mecanismo, pues estamos de noche) y descubro que son menos veinte. Ya está, se acabó, no lo he conseguido. Pero como yo soy del norte, y mis piernas ya no pueden parar de correr, sigo por la calle sorteando a las miles de personas que salen y entran de las tiendas en busca del regalo más apropiado para esta navidad. No sabrán de sobra que no van a acertar y que esos supuestos amigos que reciban el regalo, lo devolverán en cuanto puedan para comprarlo más barato en rebajas? Consumismo indiscriminado, cómo nos engañas…
Veo al fondo de mi mente el teatro y esas bombillitas que me incitan siempre que paso a coger una piedra e intentar apagarlas todas, como las velas de una tarta. Como ven, los esfuerzos que me supuso hacer el camino Atocha-Gran Vía en siete minutos ha dejado en mi la más baja de las satisfacciones humanas: la destrucción.
Llego a la puerta del teatro y, oh! , un cartel me anuncia que la función ha empezado y que no se podrá acceder a la sala. Me siento en el suelo del hall y siento que unas lágrimas furtivas empiezan a asomar en mis ojos, mis pulmones se resienten todavía de la carrera y mi bolsillo todavía más del desembolso inútil.
Pero, doble oh! (oh!, oh!), mi cara debe transmitir tanta pena que el acomodador se ha apiadado de mi y me abre la puerta, me echa una pequeña bronca de que al teatro se llega puntual y esas cosas que ya sé pero fastidia tanto que te las recuerden, y me acompaña al interior de la sala donde para mi sorpresa (triple oh!) TODAVÍA NO HA EMPEZADO LA FUNCIÓN!!!!!!!!
En ese momento se apagan las luces y con mis pulmones todavía en Atocha, se abre el telón.


PS: La función es maravillosa, me lo he pasado en grande, quizá fruto en un porcentaje bastante elevado de que me ha costado sangre, sudor y (casi) lágrimas, llegar a verla. Y ME HAN DADO UNA SILLA DE RECUERDO!!!!!"


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

Hermanos


Como ya nos vamos conociendo un poquito, voy a contarles un secreto:
Tengo un hermano pequeño y les voy a poner una foto para que lo conozcan.
Si le conocieran en persona, seguro que les caería muy bien.







Aquí aparece con su amigo Hobbes. (mi hermano es el de la izquierda abajo, jeje)

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.


El ascensor maldito

Qué bien se está en El Corte Inglés: aire acondicionado, un montón de cosas para ver (que no robar, ¿vale Chunari?) y poca gente... Genial.

Necesito comprarme algo de comer, así que como no encuentro las escaleras de bajada al supermercado (todas las que encuentro son sólo de subida) decido ir a los ascensores.

Llego y voy a pulsar el botón, pero éste (el botón) no hace nada, ni se ilumina ni nada.
Llega gente y para disimular por si llamar al ascensor se hace de otra manera que no sea tocando el botón y no me he enterado, me quedo mirando el cartel de las plantas con cara de decidir dónde voy.

Para mi desgracia, las personas se marchan SIN llamar al ascensor. Estoy por gritarle (al ascensor) para que venga en plan Ven-Censor...
De pronto, suena un Ting (como de ascensor que llega a una planta) y se abren las puertas de uno de ellos (de los ascensores). Sale una mujer y yo entro después...

Se cierran enseguida las puertas y aquello no se mueve, le voy a dar a la planta sótano, PERO NO HAY BOTÓN DE PLANTA SÓTANO. Así que trato de tranquilizarme y buscar el botón de abrir las puertas. PERO TAMPOCO HAY BOTÓN DE ABRIR LAS PUERTAS.

Empiezo a sospechar que no me he metido en un ascensor sino en un armario, cuando siento que mis tripitas se mueven. Obviamente, me muevo todo yo, así que espero a que el ascensor-armario se pare en algún sitio.
Se para, PERO LAS PUERTAS NO SE ABREN y yo me empiezo a sentir un poco mal...

Si por algo antes no he querido coger los ascensores del Ministerio de Cultura...

Pulso un botón al azar, el tres (BINGO!!!), y (des) espero...
El ascensor, o armario o lo que diablos sea esta cosa, se vuelve a mover...
¿Y si salgo en un Corte inglés de otro planeta? ¿O en el de otra época?

Tras tres segundos de paranoia ascensoril, el movimiento se para y vuelvo a (des) esperar...
¿Se abrirán las puertas? ¿Habrá desaparecido la humanidad? ¿Estaré en el espacio?

Pues no (lógico, qué esperaban). Las puertas (por fin) se abren y me encuentro de bruces con una dependienta del establecimiento que me mira de arriba a abajo (soy bajito por lo que acaba pronto) y acaba mirándome a los ojos con una cara de mala leche (la desnatada) que me fulmina.

-¿Qué hacías en el ascensor?
...
- Esto no es para jugar, ¿entiendes?
...
- Anda, vete antes de que me cabree.
... Me voy, me voy...

Encima que casi me secuestran...
No vuelvo a pisar un Corte Inglés.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

NUESTRO DÍA!!!!!!

DÍA DEL ORGULLO FRIKY!!!!!

FELICIDADES A TODOS LOS QUE ME LEEN!!!!!

Y para demostrar que ayer fue el día de los frikys...

Me voy a la capital, tengo que coger una información en el Ministerio de Cultura para hacer un trabajo de estos que no sirven para nada, pero que quitan un montón de tiempo...
Llego y pregunto en información. Respuesta:
- Pues... No sé (pues si tu no lo sabes, bonito) Espera... Pregunta en... Sí, allí enfrente donde pone INFORMACIÓN.
¿¿¿¿¿¿Pero donde estoy preguntando no es "información"???????
(1 friky)

En fin, seguimos adelante y nos convertimos durante un ratito en Astérix en la película de "Las doce pruebas": subir, bajar, preguntar, pero, consigo llegar a mi destino.
Me atiende una chica muy amable que me llena de papeles e impresos que me pueden venir muy bien para mi trabajo... (si sirviera para algo) Y en mitad de la conversación me dice: "Mmmm, Qué bien hueles"
(2 frikys)

Así que ahí estoy, con cuarenta grados a la sombra, una bolsa llena de papeles y con ganas de salir de ahí. Pero antes, me recomiendan que vaya a hablar con un tipo por si él me puede ofrecer más información.
Subo andando de nuevo tres pisos, porque no me fio de los ascensores oficiales, y me adentro en una especie de laberinto de pasillos donde las puertas parecen de armarios empotrados.
Por fin llego a mi destino, una oficina muy parecida a la de la película "El apartamento" y me dirijo al señor En Cuestión
Su primera pregunta (sin levantar los ojos de sus papeles):
- ¿Es usted (Uau!!Me trata de usted, calro, no me ha visto) de alguna productora?
Mi respuesta:
- ¿Tengo cara de ser de una productora? ¿Estaría haciendo esta mierda de trabajo si fuera de una productora? ¿Tiene trabajo para mi aquí?
Mi respuesta con la boca abierta:
- No.
Sus siguientes palabras:
- Pues entonces no te puedo ayudar.
Y se gira hacia el ordenador. Punto y final de la conversación. Pues menos mal que me iba a dar más información...
(3 frikys)

Salgo a la calle, hace mucho calor, me estoy derritiendo. Necesito un poco de aire frío.
Me voy a El Corte Inglés, jeje.

FELIZ DÍA A TODOS.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

23 mayo 2006

Cosas que fastidian 2

(Historia de Gran Hermano Universitario 2004-2005)

Un duro día de trabajo (jeje), me estoy muriendo de hambre y son ya las tres (la puntualidad es inglesa y no francesa, ¿verdad, Imbert?).
Mientras miro cómo mis pies avanzan ellos solos por la calle hasta mi casa (ET? Has vuelto?)
voy pensando (con mi única neurona que ha devorado a las demás) en la comid
a que me voy a preparar. Tengo una lata de espárragos buenos, buenos (lo sé porque eso pone en la caja) y a pesar de no tener horno (es Getafe y un piso de estudiantes, qué se puede pedir) voy a preparame los mejores espárragos con salsa de queso que se han hecho nunca.


Tiembla Arguiñano, llega ¡A cocinar con Elliot, el cooking! ------->



Llego a casa, dejo la mochila, me pongo ropa cómoda y me lavo las manos. Todo muy lentamente para que el momento de ponerme a cocinar sea más placentero si cabe. Bueno, hasta que mis tripas empiezan a quejarse tanto que creo que se están devorando entre ellas...

("-Papi, su tripita le hace ruidos"
-Claro, Ralph, es que el cuerpo se está comiendo a sí mismo"
Gracias, Germán)
Llego a la cocina, saco los ingredientes para la salsa de queso y la voy preparando...
Qué delicia, ya estoy saboreando los espárragos calentados al microondas, ya huelo a queso!!!!!
Dejo apartado el bol con la salsa y saco del armario la lata de espárragos.
Rompo el cartón, y voy sacando la lata lentamente, lentamente, lentamente...
Hay que saborear el momento, que me ha costado un rato preparar la salsa...
Hasta que está fuera del todo (ni que esto fuera un parto) y me quedo mirando la lata.
Hay algo raro y no sé qué es... Le doy vueltas, la observo detenidamente y por fín caigo:
No lleva abrefácil!!!
Y EN ESTE PISO DE MIERDA NO HAY ABRIDOR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Y ahí me quedo, mirando con cara de odio, con la salsa preparada, mi estómago llamándome a gritos y los estúpidos espárragos DENTRO de una lata que NO PUEDO ABRIR.
El destino se vuelve a reír de mi en mi propia cara. (Quizá debería llamar a esta sección: "El destino se parte de risa conmigo". ¿Alguien sabe si podría demandarlo?)
En fin, nos leemos en el siguiente,
Elliot.
PS: Ya hay un abridor en el piso.