18 noviembre 2006

Momento "Laura"

Domingo por la tarde, salgo de la habitación y veo a Laura fregando el pasillo.

Le pregunto: - "¿Qué haces?"

Me contesta: - "Turismo rural, no."

Jaja, si es que es tan graciosa...

Vale, está mosqueada (perspicaz que es uno) Me doy cuenta por su contestación y porque está con cara de máxima concentración dale que dale con la fregona en un trocito de suelo.

Me acerco a ella y observo detenidamente la mancha que le está poniendo nerviosa porque no sale. Así me quedo un ratito, mirando por encima de su hombro, pero sin rozarle no sea que me ataque.

Tras unos segundos le doy un toquecito en el hombro y le susurro:
- "Laura".

Ella se gira con cara de mala leche (de la marca Río, la peor) y me pregunta:
- "¿¡Qué!?"

Y vuelve su vista a la mancha mientras continúa pasando la fregona una y otra vez por el mismo centímetro cuadrado.

Yo le vuelvo a insistir:
- "Laura..."

Y deja de mover la fregona para encararse conmigo:
- "¿¡Qué quieres, Elliot!?", me pregunta mientras se va poniendo verde.(¿de ira, de envidia, de lechuga?)

Y yo:
- "Nada, nada, sólo que... ponte las gafas, anda".

Frunce el ceño porque no entiende por qué le he dicho eso, pero va a la habitación y se pone las gafas. Sale de nuevo al pasillo y me ve con una sonrisa de oreja a oreja en la cara y mira hacia donde ha estado durante diez minutos pasando la fregona intensamente, como si le fuera la vida en ello.

Es cuando abre los ojos más de lo normal, cuando yo no aguanto más y me pongo a reir como si nunca me hubiera reído.

Ha estado intentando quitar una mancha del suelo que en realidad era un agujerito.

Lo siento, pero no puedo más de la risa.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Creo que Laura debería hacer un blog, jajajaja.



13 noviembre 2006

Cosas que fastidian 5


Llego a casa, son las siete de la tarde. Veo un post it encima de mi mesa:
"PONER LAVADORA" en letras grandes y rojas. Bien, tengo tiempo y no hay nadie en casa. Hay sitio en el tendedor y... bueno, mañana no tengo nada para ponerme. Voy a ello.

Oigo la puerta y "Amaia" me dice "Hola".
Le respondo.
Quito las sábanas de la cama.
Voy a la cocina por si hay ropa dentro. No hay. Perfecto.

Vuelvo a mi cuarto. Cojo las sábanas y oigo que mi compañera de piso sale de su habitación.
Cojo también el cubo de la ropa sucia y me dirijo a la cocina otra vez.
Me cruzo en el pasillo con "Amaia" que me sonríe.

Llego a la cocina y...

¡¡¡¡¡TA CHÁN!!!!!

Mi compañera acaba de poner SU ropa en la lavadora y la ha puesto en marcha.

Esto es penalty y expulsión. Debería estar prohibido por la ley que rige la convivencia en el piso.
Aunque, igual es que seguimos las Leyes de Murphy...

Y yo que me quedo, como siempre, con un palmo de narices y una cara de mala leche merengada...

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: ¿Y mañana qué me pongo?


04 noviembre 2006

Momento "Elliot" 2

Este momento lo he titulado "El tanga en la lavadora".
Verán, era viernes, también por la mañana, temprano y estaba cansado, dormido y hambriento.
Ahí estaba, esperando que el pan se convirtiera en tostadas para poner mantequilla, mermelada y queso (todo junto, sí, qué pasa) cuando me fijé que la lavadora estaba en marcha.
Debió ser que mi compañera la programó ayer por la noche para que empezara a las ocho y media de la mañana.

Pero lo que realmente me llamó la atención fue que un tanga de color rosa se había quedado en la puerta de la lavadora y mientras el resto de sus compañeros daba vueltas y vueltas y más vueltas, el pobre tanga se quedaba allí, apartado, sin probar el jabón ni el agua.
Como cuando vas al parque de atracciones y se suben todos tus amigos a la montaña rusa menos tú, que te quedas abajo guardando las gafas, las llaves y demás objetos personales de los que sí se han subido a la atracción.
Y lo que es peor, encima de que no te montabas en la atracción, tenías que aguantar las explicaciones y los gritos de júbilo de aquellos quienes habían depositado toda su fe (quien dice fe, dice cosas rompibles) en tí y ver cómo disfrutaban mientras tú, mientras tú...
Qué triste, me estoy identificando con un tanga de color rosa.


Cuando me di cuenta de la situación, miré el reloj, habían pasado más de quince minutos.
Quince minutos en los que has estado viendo disfrutar de la montaña rusa/lavadora alemana-holandesa (porque es Bosch) a todas las prendas de ropa, menos al tanga de color rosa, que por una extraña razón se parece tanto, tanto a ti...



Por cierto, ¿y las tostadas?

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

Momento "Elliot" 1

Me levanto por la mañana (suele pasar) y me preparo para ir a la ducha.
Voy al armario y cojo la ropa que necesito.
Me ducho.
Vuelvo al cuarto y me arreglo un poco el pelo (es un decir), me pongo el pantalón y me voy a poner las zapatillas.
Las saco del armario (observación: son Geox, no Gays) y como aún estoy medio dormido (otro "es un decir" porque medio no corresponde con la realidad) veo algo extraño que no llego a descubrir del todo, la visión rayos X que tengo por las noches, por las mañanas son visión O, pero no "o" de "ola", sino cero de nada.
Parpadeo un par de veces para que mis ojos se centren en el objeto y de repente:

¡¡¡¡¡¡¡¡SUSTO!!!!!!!!!!

Lo que veía raro era que mis zapatillas tenían algo que se movía y voilà:
una negra, grande y curiosa cucaracha que se había aposentado en mi zapatilla izquierda como si fuera un okupa.
Y se preguntarán, ¿cómo ha llegado esa cucaracha a tu zapatilla Elliot?
Da igual que no se lo pregunten, pues ya está aquí uno para hablar solo.
Pero la respuesta vino pronto, pues la tenía enfrente de mis narices:
Lleva lloviendo unos días por esta ciudad y como no quiero llenar mi habitación de agua y barro suelo dejar las zapatillas en la ventana. Por allí se debió de colar mi nueva "amigüita" para instalarse en mi zapatilla izquierda, que siempre estaría más abrigada que en la intemperie. Pobre, qué mal lo deben pasar allá afuera, en la inmensidad de la ciudad húmeda y salvaje...

Así que ahí me ven, observando los movimientos de la cucaracha en mi zapatilla.
Cómo analiza cada escondrijo, duda antes de introducirse en la oscuridad y se paraliza frente al enemigo exterior.
Mi cara también era todo un poema, con mis ojos medio cerrados por el sueño y para que se concentraran mejor, todavía con la parte de arriba del pijama puesta, con el pelo alborotado (pues ya he dicho que arreglarme el pelo es un decir), con una zapatilla en la mano y con gesto de concentración absoluta.
Parecía un cuadro de, de, de... bueno, un cuadro.

Pero uno es tonto hasta cierto punto (que aún no he encontrado, por cierto) y no me marché de casa con zapatillas "made in cockroach", sino que, contrariamente a lo que están pensando algunos de los que leen este diario, la cogí delicadamente con dos dedos y la llevé suavemente hasta depositarla en el alfeizar de mi ventana, mirando a la terraza.
Le dije "Adiós, compañera" y con la tristeza de quien ha conocido a alguien con quien compartir un detalle, por pequeño que sea, como una zapatilla, me calcé (no sin antes revisar que no hubiera primos hermanos de mi "nueva querida amiga") y salí de mi habitación rumbo a lugares inhóspitos y crueles llamados "metros" y "calles transitadas".
Snif, cómo me identifiqué esa mañana con mi amiga. Llovía, yo no llevaba paraguas (qué raro) y me sentí tan cucaracha vagando por las calles de la gran ciudad entre tanta gente extraña...
"La cucaracha en la zapatilla" by Elliot Van Gogh.
Nos leemos en el siguiente.
Elliot.

PS: cuando he ido a buscar una imagen de cucaracha, no he debido borrar bien y se ha quedado la mitad de la otra palabra “zapatilla”, así que google ha estado buscando durante un rato algo como una “zapatillaracha”. Creo que ese es el nombre que le voy a poner a mi nueva amiga: Zapatillaracha. Ojalá vuelva por aquí...

01 noviembre 2006

Qué hace un tipo como yo en un sitio como éste!!

Lunes 23 de Octubre.

Me he pasado todo el día entre el estudio y las clases y pensaba irme pronto a casa para descansar, que el martes también hay clase.
Pero ahí estaba yo, a las diez y media de la noche en un cine. Hasta ahí todo más o menos normal, aunque no suelo ir tan tarde a ver películas, que hay que madrugar al día siguiente.
Eso no era lo raro, lo más extraño es que me encontraba a la entrada del cine (la que luego sería la salida, claro) rodeado de un montón de gente entre conocida y no.
Era el estreno de un documental sobre actores y ¿quiénes estaban?
Claro, los actores a los que habían entrevistado para el film, más actores que no salían pero que habían ido a verla y yo.
Porque también estaba yo, aún sin saber muy bien ni cómo ni por qué, pero viendo a muchos rostros conocidos de la tele y el cine español.

En el hall del cine, cámaras haciendo fotos y una alfombra roja, como en los estrenos que veía con Laura en la tele, pues igual, salvo que ahora yo estaba allí, viéndolo todo en primera persona del singular.

Entramos y yo sólo quería hacerme pequeño, hasta desaparecer, pero allí seguí, sentándome en una butaca de esas de cine que me tapan casi por completo, para mi alivio, jeje.
Y empezó la película, y al cabo de un rato terminó. Me había gustado, bastante.

Y de nuevo comenzó un poco la pesadilla: la salida (lo que antes era la entrada)
Otra vez estaba allí, rodeado de un montón de gente conocidísima, sin saber qué hacer, dónde meterme para no entorpecer a nadie y para que no se notara mucho mi presencia.
Y de pronto, pasa delante de mí, a unos quince centímetros: José Coronado y Pilar Bardem.
AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Qué guay, pero luego también vi a Lola Dueñas, a uno que salía en la serie Compañeros, Emilio Gutiérrez Caba y un largo etcétera que no sabría identificar por nombres (lo siento, pero la que sabe un poco de cine es Laura, no yo)

Yo seguía flipando y a pesar de estar pasándolo mal por los nervios de no saber qué hacer en un sitio así, era genial, me estaba riendo solo pensando que era una situación algo absurda (normal en mi) y me vi disfrazado de pulpo en un sitio donde nadie iba disfrazado.

Una historia buenísima para contar y para recordar, pero qué mal lo pasé!!!!!


Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

31 octubre 2006

Una de médicos

Uno de los personajes de la vida real que más me gusta es el médico.
Ese ser que sin bata es una persona normal y corriente y cuando se la pone se convierte en un zombie ávido de sangre, la tuya, claro, no la suya, que no sabe muy bien qué decirte cuando no hay síntomas de resfriado y ese que todo lo que no sabe hacer lo soluciona enviándote a un psicólogo (que no es más ni menos que otro médico)

Pues ahí estaba yo, esperando que uno de esos seres vestidos de blanco, que me pregunto ¿será para que no se note la sangre?, me viera por un problema en mi nariz.

Sale la pseudo médica, esa que sólo se encarga de decirte tu nombre mientras el zombie de dentro está comiéndose el hígado del anterior paciente, y dice mi nombre.

Entro en la consulta con miedo y me pregunta:
-¿Eres elliot?
Y yo, pensando:
- ¿Y se supone que tú eres el que me ha de reconocer? (sí, ya sé, chiste fácil, pero qué quieren, estoy frente a un zombie en su estado natural y tengo miedo)
Y yo, hablando:
- Sí, soy Elliot.

Y su siguiente pregunta es:
- Pero, tú no tienes Alzheimer (esa enfermedad que parece perseguirme, jeje), ¿verdad?
Y yo, un poco flipando:
- ¿Alzheimer? Bueno, eso me lo tendrá que decir usted, pero en principio no venía por eso.
Médico:
- Ya, ya.

Y se queda un rato en silencio. ¿Me está diciendo de una forma un tanto rebuscada que tengo Alzheimer? ¿Sin haberme hecho ni una sola prueba? ¿Sólo mirándome a la cara? Qué guay!
Pero yo sigo esperando hasta que se digna a girarse en la silla y me mira.

Médico:
-Creo que aquí ha habido un error.
Y yo, pensando:
- ¿Seis años de medicina, más el MIR te han servido para llegar a esta conclusión?
Y yo, hablando:
- Pues será un error.

Médico, explicándome como a un niño pequeño:
-Mira, es que me han traído tu historial, porque aquí pone tu nombre, ¿ves?
(Yo: sí, veo, lo que tengo mal es la nariz, tío)
Pero dentro de la carpeta ha aparecido el historial de un tal Gregorio, que padece Alzheimer, ¿ves? y que tiene 86 años.
(Y me lo vuelve a enseñar: que sí, tío, que sí, que no habré estudiado una carrera, pero Barrio Sésamo no me lo perdía nunca)
Y entonces, como no tengo tu historial y no sé qué puede pasarte (y aunque lo tengas no sabrás lo que me pasa, fijo) pues que no te puedo atender, así que bajas a pedir cita y que te den para otro día.
Y yo, pensando:
- Oiga, mire, llevo aquí esperando una hora, me he levantado un día en el que tengo fiesta antes de las nueve de la mañana para que usted no me regañara por llegar tarde a una cita en la que debería decirme por qué me sangra la nariz. ¿Y va y me dice que se han confundido y que venga otro día?
Y yo, hablando:
- Vale.

Salgo de la consulta y me voy.

Pero salí con la sensación de que se me olvidaba hacer algo... ¿será de verdad el Alzheimer?
No lo sé, el caso es que tengo un post it desde hace más de mes y medio en mi habitación que pone: PEDIR CITA PARA QUE ME MIREN POR QUÉ ME SANGRA TANTO LA NARIZ.




Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

26 octubre 2006

Elliot terrorista juvenil

22:54 Metro de Madrid "informa": Quiero llegar a casa ya.
Meto el billete en el torniquete (ni Machado).
Oigo un tren, no sé si será en mi andén o en el del otro lado.
Pero bajo corriendo las escaleras.
Al pasar (la barca) cerca de una mujer, ésta se agarra el bolso y se aparta a un lado.
Y con cara de malas pulgas (las habrá buenas?) me grita:


GAMBERRO!!!!
Y yo quedo petrificado, me giro lentamente y la mujer me mira.
"Perdona, es que me has asustado"
¿Tendré cara de criminal? Yo, que soy más bueno que el pan.
Así que he decidido dejar de ser bueno, para que, por lo menos, me insulten con alguna razón y no por correr para no perder el vagón.


¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡PREPÁRATE MADRID!!!!!!!!!
Nos leemos en el siguiente,
Elliot.

17 octubre 2006

Situación absurda, risa descontrolada

Lunes por la mañana. Tras un largo fin de semana de fiesta, vuelvo a esta mi segunda casa.
Jo, con lo bien que me lo he pasado, el lunes ha sido muy duro levantarse, pero lo he hecho.

Tras concluir (espero) la segunda parte de la aventura del billete ("Próximamente en sus pantallas") llego al sitio donde me acogen por la mañana mientras Laura aprende.
Enciendo todas las máquinas correctamente y comienzo a hacer unas tareas que me han encomendado para que no me aburra.

Al cabo de un rato me entran unas considerables ganas de ir al servicio y voy. Enciendo las luces, cierro la puerta, levanto la tapa del water, me desabrocho el cinturón y de repente: PLOFFFF!!!!! Oigo que algo cae dentro de la taza. Miro atentamente y descubro qué es: LA HEBILLA DE MI CINTURÓN!!!!
Miro hacia abajo, en mi pantalón, y no puedo explicarme cómo ha pasado, pero la cuestión es que la hebilla ha volado, literal, lateral o litoralmente, desde su sitio hasta caer en la taza.

Menos mal que las ganas de ir al baño todavía las tengo yo y menos mal también que el cinturón se suele desabrochar antes que el pantalón, porque si no ya me veo sumergido en las profundidades de otro líquido no tan transparente...
En fin, dejémoslo. Porque yo sigo mirando alternativamente el cinturón y la hebilla, cinturón, hebilla. Tan juntos antes, tan lejos ahora.Y sigo sin explicarme cómo ha podido pasar. Y por el rabillo/colilla del ojo observo en uno de los grandes espejos que hay en ese baño la cara de bobo integral que tengo.

Y no puedo esconder una sonrisilla al comprobar que esa es la cara que tengo siempre, así que ustedes no se hubieran sorprendido. Pero yo sí, la situación era para reírse y así, la sonrisa deja paso inmediatamente a una gran carcajada que trato de aguantar, pues sigo teniendo las mismas ganas de ir al baño que antes. Y si encima nos reímos...

Pero antes de desabrocharme el pantalón, y por si algo raro vuelve a ocurrir, saco la hebilla de la taza con ciudado y ya, por fín, dejo salir a "Miss ganas de ir al baño 2006"

Espero no encontrarme con nadie al salir pues estoy todavía con las lágrimas de la risa nerviosa y absurda que me ha entrado y creo que no causaría muy buena impresión. No quiero levantar sospechas ("¿Qué narices hará este tipo en el baño para que salga así de contento?". Me entienden, ¿verdad?)

Sigilosamente y tratando de aguantarme para no soltar una carcajada, apago las luces y cierro la puerta (Sí, ya he tirado de la cadena y me he lavado las manos!) y me vuelvo a mi sitio otra vez, donde aún me estoy riendo.

Y no se crean, que ya estoy en casa, han pasado varias horas y muchas otras cosas, pero aún me entra la risa cada vez que recuerdo la situación y mi cara de bobo reflejada en el espejo.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.



15 octubre 2006

Socializándonos I

Créanme, trato de ser un tipo social, relacionarme con el mundo de mi alrededor porque ya me han dicho más de una vez que es bueno para mi crecimiento personal.
Crecimiento, por otra parte, que nada tiene que ver con el de mi persona, pues aún estoy en trámites legales por la denuncia que les puse a los anunciantes de Petit Suisse por publicidad engañosa. (“Si comes dos, crecerás más”. Cretinos...)

En fin, a lo que iba. Ayer por la noche me dispuse a pasar una bonita velada con mi cena frente al televisor. Por una vez ponían una película que tenía muchas ganas de ver y no la pasaban a las tres de la madrugada.

El caso es que cuando llevaba 30 minutos de película llega mi “compi” de piso, que pongamos se llama Amaia. Mis nervios se alteran un poquito, pero me relajo.
- ¿Qué puede ocurrir si trato de ser social?, me pregunté.
- Nada, me respondí.
Pero nunca fui bueno en eso de engañarme a mi mismo.

Pero pasaron cinco minutos y como no ocurrió nada me relajé del todo. Amaia no iba a cambiar de canal (porque YO llegué ANTES!) y su cena no era muy ruidosa. Bien.

Pero llega el minuto 6 de mi sociabilidad: le llaman por teléfono. ¿Y qué hace? Pues lógico, contestar. Pero, ¿dónde? Allí mismo, no en su cuarto, no, sino en mitad del salón, en mitad de mi cena y en mitad de mi película.

Total que allí me veo, escuchando toda una conversación que no me interesa lo más mínimo. Y encima, la voz de mi compi no es que sea un susurro, precisamente. Así que oigo toooda su conversación, pero NO OIGO MI PELÍCULA!!

Así que me paso 20 minutos (20 MINUTOS!!!) en medio de una conversación absurda (pues sólo oigo la mitad del diálogo) a un volumen superior al que mis oídos están acostumbrados. Creo que hasta el altavoz de mi radio se tapa los oídos cuando oye hablar a esta niña. Sobre todo cuando, como en este caso, la niñita está enfadada.

Y todo porque el padre de la criatura quiere comprarle un ordenador de 60 megas, pero ésta, presa de un odio infundado que me da miedo (porque no olviden que sigo en la misma habitación, aunque sin oír la película) sólo le grita que si tan convencido está con ese ordenador que lo compre, pero que ella ha visto por igual precio otro que tiene 80 megas (no, no me he confundido, es lo que ella dijo porque “me han informado los de PC CITY”).

El final de la discusión (encima que te van a comprar un portátil ¿vas tú y te cabreas? Incomprensible para una mente inocente, y pobre, como la mía) y de mis 30 minutos de sociabilidad, llega con la siguiente frase:

(ADVERTENCIA: Lo que van a leer a partir de ahora son palabras textuales y antes de continuar les informamos que pueden herir la sensibilidad.)

“Bueno, papá, pues si te has empeñado con ese puto ordenador, cómpratemele y a tomar por culo”

¿Cómpratemele? ¿Cómpratemele? ¿Cómpratemele? ¿CÓMPRATEMELE!!!!!!?¿Qué narices significa esa palabra? Si casi no he podido ni escribirla!!!!!!

El caso es que cuelga totalmente enfadada, yo me he perdido treinta minutos de película, pero he terminado de cenar. Así que, me levanto, recojo mi plato y me voy a mi habitación.

Creo que mañana habrá más oportunidades de socializarme, pero por hoy ha sido suficiente. Y con esta energúmena que no conoce lo que es el respeto a las películas de los demás, he terminado.

Y encima, cuando llego a la siempre agradable soledad de mi cuarto, hay un mosquito que no para de pasarme en estereo por las orejas (ahora la izquierda y ahora la derecha).

Lo que también me fastidia es que si ella se compra un portátil... YO ME QUEDARÉ SIN INTERNET GRATIS!!!!!

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: He mirado en un diccionario de Laura y “cómpratemele” no sale. ¿Alguien podría decirme qué significa?



27 agosto 2006

Otra vez, noooo

A mi amiga Laura también le ocurren cosas "extrañas" y a menudo disparatadas, como a mi. Le tengo que decir que debería escribir su propio diario, pues su vida diaria está llena de anécdotas, aunque no le parezcan tan graciosas como me lo parecen a mi.

Esta es una de ellas y está contado por ella misma, yo sólo lo transcribo literalmente:

"Era martes por la mañana, me habían mandado a un supermercado a comprar cervezas, me habían dado el dinero y todo iba estupendamente.
Llegué a la sección de bebidas alcohólicas y cogí un pack de las cervezas que me habían dicho. No me costó mucho la operación pues eran las diez de la mañana y el supermercado estaba completamente vacío.

Me fui a una de las únicas cajas que había abiertas y dejé el montón de latas en la cinta transportadora. Traspasé esa cosa que parece un detector de mentiras y saqué el dinero del bolsillo. A pesar de que no había nadie, la cajera se estaba tomando su tiempo en pasar las cervezas por el código, cuando descubro que me está mirando con cara de pocos amigos.
Yo hago como que no me doy cuenta y sigo haciendo cuentas de cuánto le tengo que pagar.

En ese momento es cuando su voz me sorprende:

Cajera con cara de perro:
- ¿Cuántos años tienes?

Y comprendo el por qué de la expresión perruna de la señora. Pero es cuando a mi se me cambia la cara ya que, tras aguantar años y años de bromas y situaciones parecidas, grito para mis adentros: ¿Otra vez? NOOOOOOO.

Pero le contesto, con cara desafiante ante cualquier intento de pedirme el carné (pues no lo llevo encima, claro):
- Más de 18, señora.

Y yo creo que más por mi desafiante mirada que por mi cara de "niña buena" me cree y me devuelve las cervezas.

Pago y me voy.

Esta situación se ha repetido tantas veces que podría ser rica si me hubieran dado un céntimo por cada una de ellas. Lo mejor de todo es que el resto del mundo se empeña en decirte:
- Pues mejor aparentar menos años, ¿no? Cuando tengas cuarenta te dirán que tienes 30.
A lo que yo sólo puedo contestar:
- Vale, estupendo para cuando tenga 40, PERO AHORA NO ME HACE NINGUNA GRACIA!!!!"

¿Veis como mi amiga Laura debería escribir su propio diario? O ir al psicólogo, claro, jeje.

Nos leemos en el siguiente,

Elliot.

PS: Si es que tiene una cara de niña..., ¿verdad?